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el lado oscuro del corazón

VOLAR

Podría haber lavado estas manchas,
limpiar las sábanas
para que no quedase nada,
dejar caer la cabeza
sobre la almohada y gritar
que fui yo,
vivir de ese aire
que pasó
de lo que no alcancé,
de lo que jamás tuve.

De alguna manera
perdí hace tiempo
el norte;
suenan las trompetas
del retorno,
aletean
las gaviotas
en este cielo nublado.

Escucho los ecos de otra época.
Fui libertad,
también
he sido
miedo
dolor y rabia.

Anhelo de nuevo
la fuerza de los cuerpos,
-soy joven,
estoy vivo-
se bate
Freud en la consciencia.

Nada fue como esperaba,
o fue muy poco.
Porque hay que ser
esperanza.
Hay que iluminar
la negrura, soñar
con el hambre
y el reloj,
con la espera
que a veces llega.

Veo raro a lo lejos.
Me asusta el asfalto
y tengo el sabor
del neón
entre los labios.

Todo lo que amé
resuena de nuevo.
Deberia volver a Morrison y ponerme
esas viejas botas;
o dejar sonar el teléfono
y ofrecer de nuevo
lo voluptuoso,
la verdadera esencia
de la vela que arde,
de lo que siempre
quise
y apenas atisbo.

Era dificil elegir
entre la metáfora
y el futuro.
La metáfora pesa
y el amor
se desangra, pero
esta metáfora
insiste en dejar
su rastro,
en marcar las huellas
de su paso cansino.

Pude elegir la pasión
y me quedé
con la metáfora.
Ya se dijo
en la insportable levedad…:
-Todo amor,
para ser duradero,
para convertirse
y alcanzar,
requiere una metáfora-.

¡Maldita metáfora!
¡Me duele quedarme inmóvil!
¡Me duele no ganar
el valor!
No saber decir
me voy
o me quedo,
pero todo
será como esta arena
que se desliza entre mis dedos.

Estoy vivo.
Huelo a transpiración
de verano sin guía,
que llega con la sensualidad
de las alas extendidas,
con el eco
de los alcoholes nocturnos,
con la mirada
que uno guiña a la
tarde para morir
antes de que anochezca.

Qué me coman
los labios
igual que bebe el sediento,
qué me abracen como un templo.
¡Sólo quiero deseo!
¡Qué me deseen
con la felicidad
de gozar sin
más propuesta
que aullar
como los perros!

Emborracharme en tu pubis
anónimo,
morder las curvas
que fueron aliento.
El origen
del mundo
volviendo a arrebatarse
con la aspereza
de estas manos llenas
de trucos.

Tengo treinta y cinco miradas al tiempo,
treinta y cinco primaveras
de intensidad
relatada,
de lágrima y risa.
Estoy vivo.
Soy lo que
quieras que sea, días,
quizá ese labio húmedo,
esa estupenda fachada
de verte subir y bajar
escaleras desnuda,
como si esto fuera una tela de
araña construida
para todas las hermosas
mujeres
que jamás conoceré.

Pero hace falta
que lo sepas.
Sin que me pongas
tu culo
en mis labios
encedidos
no llegaré a subirte
al cielo
con el pestañeo
de este aliento,
con esta bajada a los infiernos;
y si no saben volar,
-ya lo dijo
Girondo-,
yo no no vuelo.

Copyright Ariño2008

OLIVEIRO GIRONDO

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo

 

 

BIOGRAFÍA

Oliverio Girondo nació el 17 de agosto de 1891 en Buenos Aires en el seno de una familia adinerada, lo que le permitió desde niño viajar a Europa, gracias a esto estudió en París y en Inglaterra. Escribió y publicó desde muy joven.
Participó en revistas que señalaron la llegada del ultraísmo, la primera vanguardia que se desarrolló en Argentina, con las revistas “Proa”, “Prisma” y “Martín Fierro”, en las que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del Grupo de Florida que en contraposición al Grupo de Boedo se caracterizaba por su estilo elitista y vanguardista.
Girondo fue uno de los animadores principales de ese movimiento. Y ejerció influencia sobre poetas de las generaciones posteriores, entre ellos el surrealista Enrique Molina, con quien tradujo “Una temporada en el infierno”, de Arthur Rimbaud.
Sus primeros poemas, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una crítica de costumbres.
En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poetisa con la cual se casó en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.
Desde 1934 mantuvo una importante amistad con Pablo Neruda y Federico García Lorca, quienes por esa época se hallaban en Buenos Aires. A partir de 1950 comenzó también a pintar con una orientación surrealista, aunque nunca expuso sus cuadros.
Su último libro, “En la masmédula” (1957), es un desesperado intento de expresión absoluta. Enrique Molina señaló: “Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas”. Algunos críticos relacionaron este último gesto vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y destructor del sentido: “Trilce”, del peruano César Vallejo.
En 1961 sufrió un accidente muy grave que lo dejó imposibilitado físicamente. Murió el 24 de enero de 1967.

Obras

• Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922)
• Calcomanías (1925)
• Espantapájaros (1932)
• Interlunio (relato, 1937)
• Persuasión de los días (1942)
• Campo nuestro (1946)
• En la masmédula (1953)

ELISEO SUBIELA Y EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

En 1992, Eliseo Subiela decidió realizar una película homenaje a Oliveiro Girondo, una adaptación libérrima e imaginativa de sus poemas. Utilizó también versos de Benedetti -que hace un cameo sorprendente interpretando a un marinero alemán que recita sus propios poemas en esa lengua- y de Juan Gelmán. Es posible que la película haya envejecido, pero sigue siendo curioso volver a verla. Esta llena de vida y hermosa poesía.

Eliseo Subiela
Eliseo Subiela

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. riziere dice:

    He leído con atención tu precioso poema esta vez, no sé si es un poema de amor, de desamor, de amor eterno o si no es de amor… en fin, ya me lo aclararás…

    El otro poema, el de Girondo, muy bonito también.

  2. Estel Julià dice:

    Hola Ariño,

    Me han gustado las reseñas que traes tanto de Girondo y Subiela.
    A pesar de la extensión del poema del primero se hace muy llevadero con un lenguaje directo y que se clava. Es curioso este hombre del que apenas conocía nada, y de ese alegato que hace en defensa de su pareja. Me encanta.

    Gracias por traerlos y darlos a conocer,

    Un saludo,

    Estel J.

  3. Fusa dice:

    Me ha encantado tu poema, Jimarino. Yo también me quedé con la metáfora…

  4. jimarino dice:

    Mi querida riziere, cuando se vive el amor, a menudo no sabe si es amor, desamor, amor eterno o no amor, ojalá pudiera decirte como se distingue todo eso, quiza de ahí el poema…
    Girondo es muy grande.

    Estel, Girondo es un poeta que estuvo muy de moda en los años noventa, la moda pasó, pero sus poemas siguen siendo muy originales. Quizá no me fascine tanto como antes, pero debo reconocerle que su manera de escribir, de entender la poesía, me aportó muchísimo en su día. Si no has visto la película, te la recomiendo, está llena de su mundo onírico y surrealista, y el poema que transcribí de él, es de los pocos que conozco de memoria.
    Un abrazo.

  5. anais dice:

    Me has hecho pensar en las metáforas del amor, en el sentido de todo lo que crea y origina. Si no tenemos metáfora, sólo nos guiamos por la inercia o el ritmo de los otros, de lo que hay. Pero la metáfora duele, la metáfora pesa, aunque sea nuestra, aunque sea la forma más intensa de vida.

  6. jimarino dice:

    Merci por tu comentario Fusa, y espero que tu metáfora siga viva, tenga todavía aliento, se rellene de nuevos versos que se extiendan en torno a su sentido.
    Sino es así, lo mejor es escribir un poema y estar atento a que alguna nueva métafora más intensa y profunda que la primera alimente otro intenso libro de poesía.
    un besazo

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