Novelas que tal vez nunca serán (I)-Madrastras

el

     

     Está anocheciendo y el cielo se tiñe de un rojo oscuro, sanguinolento. Oigo la respiración jadeante del hombre que lleva cargado en sus espaldas a la mujer. Descienden una ligera pendiente hacia el barranco. La luz del crepúsculo es sombría, rojiza y enturbiada. Ella se agarra con los brazos al cuello y lloriquea. Él resiste y avanza. Al niño lo tiene cogido del brazo derecho, apretado contra su costado. Un niño de seis años que da besos en las mejillas de vez en cuando tanto al hombre que lo sostiene como a la mujer que se aferra al cuello del hombre. Es un niño rubio de ojos azules y cabellos lisos y largos. Luce la cara manchada y no habla. Con los ojos muy abiertos intenta distinguir entre la penumbra inquietante en la que se adentra el hombre descendiendo un camino de piedras. El lloriqueo de la mujer no cesa. De vez en cuando su rostro se enfurruña como si el miedo recién vivido resurgiera de nuevo y la estremeciera una y otra vez. De los camales del pantalón gotea un líquido amarillento y constante. El niño coge el brazo de la mujer con fuerza.

-Mamá… mamá.

Ella sonríe. Entre las lágrimas, sonríe. No es su madre. Es su madrastra.

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