Teorías-El síndrome de la Fascinación P.V. -Stephan Zweig (24 horas en la vida de una mujer)

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           He leído muchas historias de encuentros azarosos y sublimes, y un buen número de veces he sentido ese estremecimiento en la vida real, el que corresponde a una mirada inesperada y fascinada por primera vez, a un perfume embriagador percibido de repente ante una presencia desconocida, al conmovedor tacto de una mano o el roce fortuito del cuerpo nuevo, a la atracción irresistible de un gesto inesperado, a esa concentración deliciosa que observamos discretos sin ser percibidos. Son momentos en los que por un azar imprevisto uno podría cambiar de arriba a abajo su existencia, o al menos se piensa, aunque sea por unos segundos. Stefan Zweig construyó una deliciosa novela breve en torno a esa sensación: Veinticuatro horas en la vida de una mujer. El doctor G.K. Skerltron, en 1926, utilizaba la terminología Fascinación P.V. Trató la incidencia, la alteración, como una patología en ciertos casos que llegaban a trastocar hasta la consciencia.

     En los archivos médicos del abuelo de mi tercera mujer, el psiquiatra francés Pierre Duchoville, tras una fugaz visita a la mansión Lafarge en Burdeos en 1997, encontré un párrafo de su puño y letra en el que ventilaba sin piedad las extravagantes teorías de G.K. Skerltron. Intentaré traducirlo con la mayor exactitud posible.

         (…como construcciones imperfectas de un enamoramiento no superado, cuyo destino fue convertir la normalidad del amor a primera vista en una exageración científica que generó absurdas teorías…)

           (…el hechizo irracional que surge ante una belleza inesperada no refleja otra cosa que un proceso de todos los sentidos -dirigido por la vista y moldeado por el resto- en el que se ponen en marcha cientos de revelaciones psicológicas y emocionales del inconsciente y el consciente hasta representar una repentina idealización de lo deseado…)

        (…no existe la patología en una reacción tan humana, a no ser que se repita constantemente, algo que no he podido constatar en mis cuarenta años de profesión…)

      Sea como fuere, lo que sucedió cuando Helene fue presentada en el aula polvorienta aquella soledad mañana de marzo fue verdad, sentí ese síndrome del Doctor G.K. Skerlton que despreciara el abuelo psiquiatra de Corine, y recordé todas las escenas acumuladas sin orden ni concierto, rescatadas de los cientos de libros que ya había leído sobre la fascinación de la primera vista. Reconozco que entonces tal vez estuviese menos intoxicado por el mundo que ahora, y en el presente en el que vivo esa fascinación ha quedado reducida a un segundo plano que requiere de la insistencia, de cierto esfuerzo. La mirada ya se desvía hacia otro lado. Lo que me rodea atisba incesante el brillo del aparato electrónico o la pantalla. Se alza menos la cabeza hacia el cielo o el horizonte. La joven o el joven prefieren mirarse a sí mismos en el espejo mientras caminan, e incluso escogen visualizar su reflejo en las carísimas gafas de sol de marca de su amante cuando alzan la cabeza. Comprueban cómo van vestidos, si el vestido o el pantalón quedan bien, conjuntados. Los ojos a menudo se ocultan y se pierde ese contacto visual posible, y el síndrome Skerltron, más que síndrome parece una rareza primaveral, una alergia leve, lo que viene a confirmar el deterioro que el tiempo ejerce en cualquier teoría.

Copyright Jimarino2020

elefante-dentro-de-una-serpiente

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Tengo la convicción de que si es de Zweig es fascinante. Lo tengo en cola,…gracias!!!!

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