harold bloom – vladimir Nabokov

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Hace ya algún tiempo leí dos libros casi al mismo tiempo; El primero era Cómo leer y por qué, escrito por Harold Bloom, y el segundo Curso de Literatura Europea, que recogía los cursos de literatura realizados por Vladimir Nabokov en diferentes universidades norteamericanas. Vladimir Nabokov es uno de los escritores más importantes del siglo XX, de origen ruso, aunque nacionalizado norteamericano. Harold Bloom es uno de los críticos de literatura sajones más reconocidos, autor de un buen puñado de ensayos sobre literatura. Me he decidido a mezclarlos en este post por una curiosa razón; Nabokov es uno de esos autores que me fascinan, su libro Ada o el Ardor, o esa obra maestra que es Lolita (paradigma de alta literatura convertida en cultura popular, hasta el punto de conseguir que esa palabra signifique lo mismo en un gran número de idiomas), fueron siempre novelas que elevé a los altares, y como Harold Bloom, a través de sus cursos de literatura, pretendió establecer un canon literario de la novela.

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Seguramente jamás coincidieron físicamente, pero en ambos descubrí dos maneras de leer curiosísimas, que en los dos casos, se articulaban en razonamientos lógicos. Sin duda, al principio, sin ni siquiera despegar las páginas de los dos ensayos en cuestión, me hice de Nabokov; era un escritor admirado, un personaje que conocía a través de obras consideradas a mi juicio sobresalientes y memorables. ¿Quién era este Harold Bloom que no nos había dejado ni una sóla página literaria para tratar de explicar con semejante osadía cómo leer y por qué, frente al genio deslumbrante del Monsieur Nabokov?. Es curioso como la percepción de un artista del nivel de Nabokov se hallase en ocasiones mediatizada por una personalidad tan abrupta y personal como la suya. Es sorprendente que pudiera llegar a escribir obras tan universales siendo él tan extravagente y original. Recuerdo adentrarme en las páginas del curso de literatura Europea como si escuchara su voz en un aula, interesado e inquieto ante sus juicios. Debo decir que los libros a los que uno se acerca convencido de su calidad suelen responder mejor a las expectativas. En el caso de Nabokov me encontré con una idea de la literatura que ensalzaba lo inútil del arte, que reconocía en el placer estético la única razón de existir de la literatura, pero sin duda, su concepción del placer lector me resultó escasamente aguda, y las razones por las que esgrimía el valor de ciertas obras de las que estaba fervorosamente enamorado no eran las mismas que yo manejaba -pero ¿quién soy yo al lado de Vladimir?-. Casi a la vez, sin embargo, me topé casi por casualidad con Harold Bloom y su libro. El canón es un texto polémico, pero él explicó cientos de veces que lo hizo en función de sus conocimientos sobre la literatura en inglés, muy superiores a los que tenía sobre otras lenguas, por lo que, los olvidos, reconocía, podían ser notorios y pedía perdón por ello. Harold Bloom, en Cómo leer y por qué, mencionaba el placer estético del texto como elemento fundamental para orientar y amar la lectura, pero en contraposición a Nabokov, establecía una utilidad elevada, derivada del diálogo con hombres en general de rango muy superior a los que frecuentámos, con un nivel de intimidad infinitamente mayor que el que establecemos con nuestros contemporáneos. En Cómo leer y por qué no había ningún exceso, el recorrido por sus páginas me revelaba el análisis de un buen puñado de obras maestras del cuento, la novela y la poesía, con la tranquilidad del erudito que sabe expresar lo que domina y le apasiona. Nabokov se abortargaba en sus odios y prejuicios. Se respiraba en su curso un atisbo hasta de engreimiento que le permitió despreciar de un plumazo a Dostoiesvki simplemente por oposición estilística. Su afan por diseccionar el detalle en los textos, era sin embargo encomiable, y pienso que Nabokov me sirvió para reaprender a leer cuidando mucho más la miniatura, el efecto en apariencia insignificante, el detalle mínimo que ilumina con otro color un párrafo literario. Pero sus teorías, sin duda, debieron enloquecer a muchos de sus alumnos, seguramente porque tal empeño conducía evidentemente a su tesis: a la inutilidad del arte literario, concebido única y exclusivamente como una fuente de placer intelectual. Harold Bloom, aunque pendiente por supuesto del detalle, convencido de que la lectura es un placer solitario -al menos mientras se lee- representaba el mundo literario poniéndolo en contacto con el presente, el pasado y el futuro, con la vida. Su enorme corpachón es sin duda un síntoma evidente de su capacidad para conectar irremediablemente con la vitalidad. En el esfuerzo de Nabokov había algo tétrico, propio de un coleccionista de mariposas como fue él. En el intento de Harold Bloom, sin embargo, la literatura establece unas redes con el mundo únicas y llenas de ramificaciones que nos reafirman en el hecho de vivir, comprender y compartir.

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Es evidente que leer no resuelve problemas específicos, y que, aunque nos dediquemos con fruición a ello es posible que nuestras desgracias acudan de igual modo, o que nos sintamos sólos y destrozados cuando la vida nos arrastre, pero hay que reconocer que leer siempre permitió a los hombes aguzar el ingenio, hallar recursos para poder comprender mejor la existencia. Leer nos ofrece la posiblidad de ser más libres hasta en la absoluta esclavitud, la de soñar cuando los otros nos pisan, o defendernos de lo incomprensible y aceptar al mismo tiempo lo que resulta imposible cambiar. Es curioso que todos los dictadores de la historia se empeñasen a lo largo de sus siglos de tropelías en acabar con los escritores. Transcribo unas frases que Harold Bloom escribió en el prólogo de Cómo leer y por qué, recuerdo que me fascinaron.

No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial para que leamos. A la información tenemos acceso ilimitado, pero ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado, tal vez se tope con un maestro que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde el punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las afliciones de la vida familiar y pasional.

Importa, para que los individuos tengan la capacidad de juzgar y opinar por sí mismos, que lean por su cuenta. Lo que lean, o que lo hagan bien o mal, no puede depender totalmente de ellos, pero deben hacerlo por propio interés y en interés propio. Uno puede leer meramente para pasar el rato o por necesidad, pero, al final, acabará leyendo contra el reloj. Acaso los lectores de la Biblia, los que por sí mismos buscan en ella la verdad (no los inducidos), ejemplifiquen la necesidad con mayor claridad que los lectores de Shakespeare, pero la búsqueda es la misma. Entre otras cosas, la lectura sirve para prepararnos para el cambio, y, lamentablemente, el cambio definitivo es universal. Para mi, la lectura es una praxis personal, más que una empresa educativa.

Harold Bloom

Crítico literario. Nació en Nueva York, en 1930. Siempre polémico, «insatisfecho con los estilos del pensamiento académico» predominante en aquellos años, desarrolló «una visión personal de la naturaleza y el valor de la literatura», visión no monolítica que ha evolucionado a lo largo de su carrera en tres etapas claramente distinguibles entre sí, aunque formen un todo unificado.

Entre sus obras más destacadas se encuentran el Canon Occidental; Shakespeare, la invención de lo humano, y Cómo leer y por qué, todas ellas traducidas al español y editadas en Anagrama. Sin duda es uno de los grandes eruditos vivos de la literatura, a pesar de lo polémico de ciertos juicios y sus provocaciones,

Vladimir Nabokov

Nacio en San Petesburgo, en 1899. Los primeros escritos de Nabokov fueron compuestos en ruso, pero alcanzó el reconocimiento internacional en lengua inglesa. Por esta circunstancia ha sido comparado con Joseph Conrad; no obstante, hay quien ve esta comparación como discutible, en tanto que Conrad solo compuso en inglés, y nunca en su lengua natural, el polaco (el mismo Nabokov rechazaba tal comparación por razones estéticas). Nabokov tradujo muchas de sus obras primerizas al inglés, a veces en colaboración con su hijo Dmitri. Su formación trilingüe tuvo una profunda influencia sobre su arte. Él mismo describía metafóricamente la transición de un lenguaje a otro como el lento viaje nocturno de un pueblo a otro con sólo una vela para iluminarse.

Nabokov es famoso por sus argumentos complejos, sus inteligentes juegos de palabras y su uso de la aliteración. Obtuvo fama y notoriedad con su novela Lolita (1955), que trata de la pasión consumada de un hombre culto con una niña de doce años. Esta y sus otras novelas, especialmente Pálido fuego (1962) o Ada y el Ardor, le proporcionaron un lugar entre los grandes novelistas del siglo XX.

La estatura de Nabokov como crítico literario se basa principalmente en su traducción y comentario en cuatro volúmenes del Eugenio Oneguin de Aleksandr Pushkin. Las conferencias sobre literatura de Nabokov revelan también sus controvertidas ideas sobre el arte. Creía firmemente que las novelas no deberían buscar lo didáctico y que los lectores deberían buscar no solo empatizar con los personajes sino una apreciación estética a través de la atención a los detalles de estilo y estructura. Nabokov detestaba las ideas habituales sobre novela; al hablar sobre el Ulises de Joyce, por ejemplo, insistía a sus alumnos en que tuviesen a mano un mapa de Dublín para seguir las peripecias de los personajes, antes que hablarles sobre la compleja historia irlandesa que muchos críticos creen ver como esencial para comprender la novela.

Los detractores de Nabokov le reprochan el ser un esteta y su excesiva atención al lenguaje y al detalle antes que al desarrollo del carácter de los personajes.

Murió en Montreaux, Suiza, en 1977.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Canas dice:

    Me parece maravilloso tu comentario, me encanta el prólogo de Horold Blom de como leer. es una delicia.

  2. azularena dice:

    impresionante. mercy

  3. RONALD dice:

    MUY BUENO TU COMENTARIO DE HAROL BLOOM, ME IMPACTO EL PROLOGO DE COMO LEER, LA VERDAD TE GOLPEA.LO DE NOBOKOV, ESTOY COMENZANDO A LEERLO ASI QUE SI TENES UNA RECOMENDACION BIENVENIDA.-

  4. Enrique dice:

    Como que,no siendo por El Quijote, al que Bloom dedica varias páginas, anda haciendo falta un Cómo leer y por qué para la literatura de la península Ibérica y para la América Hispana, No? Saludos ,Enrique

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