
el éxtasis de Santa Teresa. Gian Lorenzo Bernini. (1647-1651)
La obra Éxtasis de Santa Teresa es la obra más conocida del escultor y pintor Gian Lorenzo Bernini, realizada entre 1647 y 1651 por encargo del cardenal Cornaro, para ser colocada donde iría su tumba en la Iglesia de Santa María de la Victoria de Roma. Esta considerada una de las obras maestras de la escultura del alto barroco romano.
Todos los poemas pertenecen al poemario En torno al erotismo (Octubre 2008-Marzo 2009). Fotografías de diversas vistas de ka escultura de Bernini Éxtasis de Santa Teresa.
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IX
En el fondo, entre tú y yo,
entre este aliento y esos ojos,
tu labio sobre mi labio,
la cadera apoyada en mi pecho
-miríada de luz
y el aleteo de tu ser
gozando-,
entre tú y yo
sólo hay un abismo
que tratamos de recorrer,
sólo hay la distancia insalvable
de lo discontinuo
que atravesamos en este ritual,
sólo aire que abrazar,
sólo esta aspereza que palpita
-la hinchazón masculina
y la humedad de Eva-,
sólo miedo y tensión,
sólo lo sagrado del suspiro,
buscando, afanoso,
la continuación a esta extinción
sin sentido,
en este roce milagroso,
en ese suspiro que anuncia
el hermoso espasmo.

I
Ante la desnudez del espantapájaros
(la verga henchida
en el fondo blanco;
sus dientes afilados
que amenazan)
la santa llena de pavor
mira hacia otro lado.
Vista de la voluptuosidad,
ignora la unidad que existe
entre su mística de santos
y la carne que palpita
en el instante del prepucio.
Son las pasiones inconfesables
de las hadas, que se frotan
las vaginas en la quietud
de un dios enorme
que devora lo sagrado.
Dios y falo
surgen de la aurora de su éxtasis.
Si el espantapájaros penetra
la savia terminará
convertido en un icono
clavado en la cruz
(y ella cantará silencios
con las manos plenas
de semen)
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XX
Todo tu trance
es un enigma;
los ojos enrojecidos
y los labios crepúsculo,
la caida de la lluvia
sobre el lecho,
inepxugnable a lo real:
(El aire se frota
con tu cuerpo
en la arena esparcida
y silba)
No lo sabes
pero es tu yo más intenso,
se halla en la cima
construido de iconos
y escenas perdidas,
de tardes de noria
que expresan
la mística.

XIII
Si te dijera que tu abismo
es la savia que bebo,
que tu oscuridad
me estremece de gozo,
que caer sobre la negrura,
-esa muerte de piel-
es el sentido,
que cuando aleteas
vomito humo,
que este abismo es cierto
sentido,
y es la muerte,
la muerte vertiginosa,
la fascinación de ti,
la fascinación de tu cuerpo.
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V
Aprobación de la vida.
Sin ello no palpita el límite,
no susurra el alba
y pierde textura la noche.
Quizá no sirva para nada,
o quizá sea sólo malestar.
Pero la aprobación de la vida sí;
erotismo para ser algo más
o algo menos en la frustración.
Para besar los labios que encienden
el sentido.
Para gozar de lo oculto
y lo extraño,
para aceptarlo todo.
No hay mas remedio.
Erotismo para morir antes
y saber de la muerte.
Para gozar,
cuando nada existe como es,
cuando no hay senderos
ni niebla que se disipe.
Ser carne es un peso:
habrá que convertir la piel
en temblor para hallar luego la calma.
Calma de recordar que fue así
cuando ya no se puede ser.
La aprobación de esta vida
requiere la intervención
de otros sabores;
sirenas y espantapájaros
arrodillados, devorados,
almas que comer en la desnudez.
Silencios, silencios apacibles
para morir de éxtasis sin él.

XVIII
Poesía es ese instante
en el que te poseo,
el río que nos arrastra
hacia la corriente
que nos une,
la hermosura de tu paso
firme sobre la cama,
el segundo en que te sientas
sobre mis ojos
para la oración y el éxtasis.
(De los poemas Copyright Jimarino)








