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17
Abr
09

el erotismo I

el éxtasis de Santa Teresa. Gian Lorenzo Bernini. (1647-1651)

el éxtasis de Santa Teresa. Gian Lorenzo Bernini. (1647-1651)

La obra Éxtasis de Santa Teresa es la obra más conocida del escultor y pintor Gian Lorenzo Bernini, realizada entre 1647 y 1651 por encargo del cardenal Cornaro, para ser colocada donde iría su tumba en la Iglesia de Santa María de la Victoria de Roma. Esta considerada una de las obras maestras de la escultura del alto barroco romano.

Todos los poemas pertenecen al poemario En torno al erotismo  (Octubre 2008-Marzo 2009). Fotografías de diversas vistas de ka escultura de Bernini Éxtasis de Santa Teresa.

*******************

IX

En el fondo, entre tú y yo,
entre este aliento y esos ojos,
tu labio sobre mi labio,
la cadera apoyada en mi pecho
-miríada de luz
y el aleteo de tu ser
gozando-,
entre tú y yo
sólo hay un abismo
que tratamos de recorrer,
sólo hay la distancia insalvable
de lo discontinuo
que atravesamos en este ritual,
sólo aire que abrazar,
sólo esta aspereza que palpita
-la hinchazón masculina
y la humedad de Eva-,
sólo miedo y tensión,
sólo lo sagrado del suspiro,
buscando, afanoso,
la continuación a esta extinción
sin sentido,
en este roce milagroso,
en ese suspiro que anuncia
el hermoso espasmo.

23

I

Ante la desnudez del espantapájaros
(la verga henchida
en el fondo blanco;
sus dientes afilados
que amenazan)
la santa llena de pavor
mira hacia otro lado.

Vista de la voluptuosidad,
ignora la unidad que existe
entre su mística de santos
y la carne que palpita
en el instante del prepucio.

Son las pasiones inconfesables
de las hadas, que se frotan
las vaginas en la quietud
de un dios enorme
que devora lo sagrado.

Dios y falo
surgen de la aurora de su éxtasis.
Si el espantapájaros penetra
la savia terminará
convertido en un icono
clavado en la cruz

(y ella cantará silencios
con las manos plenas
de semen)


********

XX

Todo tu trance
es un enigma;
los ojos enrojecidos
y los labios crepúsculo,
la caida de la lluvia
sobre el lecho,
inepxugnable a lo real:

(El aire se frota
con tu cuerpo
en la arena esparcida
y silba)

No lo sabes
pero es tu yo más intenso,
se halla en la cima
construido de iconos
y escenas perdidas,
de tardes de noria
que expresan
la mística.

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XIII

Si te dijera que tu abismo
es la savia que bebo,
que tu oscuridad
me estremece de gozo,
que caer sobre la negrura,
-esa muerte de piel-
es el sentido,
que cuando aleteas
vomito humo,
que este abismo es cierto
sentido,
y es la muerte,
la muerte vertiginosa,
la fascinación de ti,
la fascinación de tu cuerpo.

**********

V

Aprobación de la vida.

Sin ello no palpita el límite,
no susurra el alba
y pierde textura la noche.
Quizá no sirva para nada,
o quizá sea sólo malestar.
Pero la aprobación de la vida sí;
erotismo para ser algo más
o algo menos en la frustración.

Para besar los labios que encienden
el sentido.
Para gozar de lo oculto
y lo extraño,
para aceptarlo todo.

No hay mas remedio.

Erotismo para morir antes
y saber de la muerte.
Para gozar,
cuando nada existe como es,
cuando no hay senderos
ni niebla que se disipe.

Ser carne es un peso:
habrá que convertir la piel
en temblor para hallar luego la calma.
Calma de recordar que fue así
cuando ya no se puede ser.

La aprobación de esta vida
requiere la intervención
de otros sabores;
sirenas y espantapájaros
arrodillados, devorados,
almas que comer en la desnudez.
Silencios, silencios apacibles
para morir de éxtasis sin él.

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XVIII

Poesía es ese instante
en el que te poseo,
el río que nos arrastra
hacia la corriente
que nos une,
la hermosura de tu paso
firme sobre la cama,
el segundo en que te sientas
sobre mis ojos
para la oración y el éxtasis.

(De los poemas Copyright Jimarino)

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20
Feb
09

el espantapájaros y el vampiro

Matisse

Matisse

a A.G., in memoriam, que me atormenta en las noches de invierno, febrero extinguido tal noche como hoy, que me hace ser mejor para no ser otra vez el vampiro que heló su sangre, que me hace merecedor del silencio….

a Nacho Vegas, él sabe porqué…

**********************************************************************

Todos los días pienso
en esas noches de incendio,
en el rastro que dejamos
quebrado en los andenes,
en el manto de la oscuridad
que cayó sobre nosotros,
en esos perros de la lluvia
condenados…

…y entonces escucho el eco
de las musas, el aliento
que impregnó la llama
del espantapájaros,
su triste rumor,
la caída de ese otoño
que trasmutó al vampiro
en aire espantado,
en tiempo detenido.

Porque esas tardes aspiré
cegado los caballos blancos
y el galope de los ángeles,
saltaban como perros mojados,
alabando la piel del demonio,
de nuestra inconsciencia…

(…pintamos de rojo los muros,
se impregnó el aliento del suave
murmullo de las hadas.)

Apenas conocía el tiempo,
los lamentos de las sirenas
y el peligro de bordear las farolas,
pero ella me siguió
como los pájaros en bandada,
extendió sus alas
en mi pecho y me acerqué
para morderla.

Fue inutilidad de los colmillos
en su piel de escarcha,
bebí su sangre al igual
que el vino de los cuerpos,
el esplendor de lo sagrado
en esos pechos santificados.

La hice correr en la cuerda
floja, henchido de la ira,
así quiso cogerme de las manos
para beber de los abismos,
para rompernos en la cima,
en las copas de los árboles,
mientras danzábamos aquel
vals que nos partió de aurora…

(…pero no veía nada,
y tú, ciega, tampoco:
ahora te digo tú en esta bruma
con los ojos enrojecidos
de heladas venas
que fundieron el vidrio.)

En el frío atelier de pintura
acrílica, lienzos sudorosos,
sumidos al calor
de nuestra miseria,
abrazados, helados,
bebí tus pezones,
lamí tu ingle,
mi veneno y mi salvación,
extinguiéndote.

El suspiro empaña este silencio,
palpita el subconsciente
con los remordimientos de los peces,
sordos, mudos, apenas
vida de segundos
que anochecen, el olvido
que pudo con ello,
con el destino
y la corona de espinas
que clavé en tu frente.

Nuestro amor estaba hecho
de furia, de labios y dientes,
de respirar entrecortado
y yacer envueltos en la sal
de los mares,
tan salada tu savia,
tan espeso mi desdén
por la ceguera.

Sin miedo ni al tiempo
ni a las nubes de Estigia,
colgados de este infierno
turbio, de este delirio
quemado, de espesura
y hogueras de azufre.

Luego te gocé
desde el origen del mundo
y la voluptuosidad,
te devoré sin rencor
en el viento que agitabas,
de puente en puente,
conversando de la Comedia
hasta llegar al Leteo…

…y al correr entre los muertos
tus ojos se ensombrecieron
con la hiel de mi dolor,
te enseñé las agujas de sangre,
a pincharte en esas venas
y a gozar del artificio
hasta sentir el control
vacío, la dirección
rota en las esquinas.

Un día sonó el teléfono
y vi tu rostro en el cielo,
sentada en el alfeizar
de la ventana me mirabas
con la risa de las sombras:
-¿Dónde está ese vampiro?
¿A dónde fue mi desvelo,
la rabia de esta ausencia,
la muerte que me diste?

El sonido de su voz
anda por la hilera del paseo,
en los tejados
de los edificios húmedos,
en mis manos temblorosas
que lloran y lloran
el agua que expulsé,
en el semen que bebiste
bajo la brisa que acarició
tus hermosos cabellos.

-¿Dónde estás, espantapájaros,
sin alma, sin mí, sin nada?
¿A dónde vas con ese rencor,
a dónde lloras éste silencio?
¿Cuál es el eco de esa melodía
triste, que fue siempre el vals
de los gatos sin dueño?

En su libertad la oí volar
arrojada desde la ventana,
albatros de alas extendidas
y torpes en una defenestración
ilustre que ocupó las noticias
de la nada desgarrada
y su imagen de nieve.

-¿Dónde estás angel turbio,
qué tiniebla te espera?
¿Sabes que me voy
por tu nombre y tu vida,
por no ser el despojo
de esta dependencia,
la costilla de tu bilis
y la dura piedra en la que lloras
este tiempo vedado,
la rotura, el desconsuelo…?

Y voló hasta aplastarse,
voló como el pájaro que fue,
que se había ido
entre los ramajes espesos
de selvas perdidas,
voló y voló
hasta romperse el cráneo
sobre la losa gris
y expulsar el vómito de sangre
feroz sobre la línea
pintada, que recogí
como la espuma
de las olas entre mis dedos…

(…que quedó en aquella calle
para siempre, para verte
por las noches,
cuando a solas aparezco
por el tiempo de la nostalgia,
cuando el deseo se hace vampiro
y muere el espantapájaros.)

Todos los días pienso
en esas noches de incendio,
en el rastro que dejamos
quebrado en los andenes,
en el manto de la oscuridad
que cayó sobre nosotros,
en los perros de la lluvia
condenados….

Copyright Ariño2008

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17
Ene
09

cartografías III- (el espantapájaros y Dédalo)

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A Severine Lavigne y Mateo, son inseparables ya, entre sí y de mí,
A Miguel Ariño y Aurora Navarro, por ser tan inmensos
A mis hermanos del alma, Carmen y Tangofino,
A los que esperan lo que llega con el amor que les tengo; a Mario y Sabina, a Jako y Anita, a Chantal y Michel, a Noemi Bloit y a David Turksma, a Ana Luisa y Juan, a Pope, a Manu, a Inma, a Fer y Helena, a David de los madriles, a Josete Ots, a Manolo Monterde y a Gloria Patricia, a Nacho Cagiga, a Jean Romá, a Eddy Sanchis, a Nanou, a Alex, a todos los que olvido y que sé que están aunque ellos no lo sepan…

CARTOGRAFÍAS III

Te diré que fui feliz en las fotografías
-lo verás-.
Que ante el mar siempre guardé silencio,
que grité en las montañas desnudas
y me espanté de los olvidos.

Te diré que los besos alimentaron mis lunas
-lo sabrás-.
Que cada labio que rocé alcanzó una marca
de vuelo junto a las estrellas, me otorgó
el aliento de aguantar a la intemperie la penumbra.

Te diré que fui un espantapájaros dichoso
-lo dirás-.
Que moví mis brazos al cielo y la tierra
amedrentando a los augurios dolientes
y abrazando las corrientes de aire inmenso.

Te diré que tuve buenos momentos
-los tendrás-.
Que la risa y la ebriedad me dieron un don,
que mirar fue siempre insistir y recrear,
perder una razón del miedo sordo.

Te diré que los días amanecen solos
-lo sabrás-.
Pero aún así, estar es ser algo en el cosmos,
existir es dar luz a otro ser,
a otra vida que corretea paralela a tus cielos.

Te diré que he vivido lo que pude
-tú lo harás-.
Que en cada lugar escapé de las trampas,
que gasté la suelas de las botas caminando
y vi los tatuajes en el cuerpo de las sirenas
hasta quedar exhausto de resurrección.

Te diré que tengo lugares de donde soy
-lo sentirás-.
Que hay paisajes que me quemaron de belleza,
rincones que serán tuyos,
que descubrirás tú sólo en los caminos
que surjan, en la rara distancia de este azar.

Te diré que me abrazaron algunos amigos
-serán tus abrazos-.
Que te aguarda el corazón de mis hermanos,
la caída de la tarde primaveral,
el otoño lluvioso y las tormentas de verano
llenas de agua y fresca levedad.

Te diré que el lunar de tu madre lleva la fortuna
agazapada en su seno
-lo comprobarás-.
Que cada palabra suya, ronca y severa,
será un destornillador que deshaga entuertos
y sagradas tempestades de la nada.

Te diré que pienses por ti mismo
-lo harás-.
Que los caminos que escojas sean al menos tuyos,
que cada paso que des viva en tu pecho
hasta construir una biografía verdadera.

Te diré que he gozado de las palabras
-y no fue mucho-
Que mueras por tus causas y palpite el oleaje
de la vida en las veredas y los ríos,
que sientas esta tierra entre la manos
merecedora de la alegría.

Te diré que ha valido la pena
-y lo creerás-.
Que ha valido la pena ser aire empujado,
violencia encerrada y lengua enhiesta,
que todo el discurrir de mi semilla
ha sido alimento de tu alma.

Te diré que durarás cien años y yo moriré
-lo soportarás-.
Que mis objetos muertos y los mapas que abandonaré
serán tus mapas y tú dibujarás las líneas
de tus itinerarios de hombre solo,
en un mundo asombroso de soledad.

Te diré que pienso en ti sin conocer tus ojos,
-lo entenderás-.
Que cada día que pase seré el aliento de tu aliento,
el corazón que palpita en tu pecho,
sobrecogido por tu miedo y tus derivas rotas.

Te diré que en cada naufragio hay un asidero
-te darás cuenta-.
Que será el amor de las sirenas o el mistral del deseo,
la aparecida luz de las palabras o el fluir de las imágenes,
las oraciones que inventes para velar el tiempo.

Te diré que siempre estaré contigo
-lo sentirás-.
Que pase lo que pase este río corre a tu lado
aunque desemboque ciego,
que esta historia que despreciarás
será la historia de tus antepasados.

Te diré que las nubes cubren el cielo
-lo sufrirás-.
Que cuando nada te alivie y duela la vida,
que cuando más sólo duermas tu tristeza,
más cerca de ti estará el espantapájaros
y ese día nuevo que alumbrará la ceniza.

Te diré que sólo escribo para no morir vacío
-lo alcanzarás.-
Porque hasta tú vienes de la literatura de mis sueños,
del dibujo que quise gritarle a las lunas,
de la llama que atrapé de niño al imaginar
despierto inventar una aurora de palabras.

Copyright Ariño2008
02
Dic
08

la tarde del espantapájaros y la sirena imaginaria

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I

Esa luz que llega.

Esa luz que no es de piel

y es piel.

Esa voz luminosa,

que no es sonido

pero es sonido.

Ese mar calmo,

que no es calmo.

Esa espera lenta

que no es lenta.

Te muerdo de repente,

al romper la piel

y el sonido y la luz.

Este mar no es calmo:

tiene la eyaculación

de la sal,

de la saliva, y no es calmo.

Esa luz que llega

y me llena.

Esa llama

que llena

el sueño que avecina.

Hundir la lengua

enhiesta

en tu sueño

que llega.

Sal, esta sal

que se esparce

y no es la sal

de tus escamas.

Sal hacia mí,

sale aire

en esa luz que no alumbra.

Esa luz que es piel,

que se abre de piel

hasta la furia

de la tormenta.

II

Esta tarde nos hicimos

cosas de lengua.

Las unimos en el mar:

-Tú mojada y yo húmedo,

nos hicimos el amor

sin tocarnos,

pero un amor de perros,

de perros y gatas estrábicas,

de lengua ocultas,

pero lenguas de agua.

Esta tarde nos hicimos el amor

en cada uno de los labios

que no rozamos.

Nos hicimos el amor bajo la mesa,

frente al rosado salmón

y la sobremesa blanca,

junto a la cristalera

y los demás testigos.

Nos miraban hacernos

el amor sin gemir

otra cosa que susurros.

Esta tarde te oí recitar

esperma en tu espalda

y en la suave gota de humedad

de fruta que mordí.

Palpé con el dedo el flujo

que surgió de la risa,

y mojaste con pan

la masturbación de las hadas.

Esta tarde hicimos

cosas de lengua

hasta unir tiempos

en una mesa.

Mi caos entre espuma

de tarde otoñal y tu

vino inusitado de espera

despertando la idea.

Esta tarde hicimos el amor

como perros enjaulados,

como bríos de escarcha,

pero no hubo voces

y pagamos con tarjeta.

Soñamos que todo sucedía:

tú aliada del caos

perdiendo el orden

y yo hijo del orden

dibujando el caos.

Cada uno de mis orgasmos

te llegó al alma como un latido

ensordeciendo

la civilización de nuestra risa,

la fría daga que llevabas

a la espalda

mientras clavabas en mi pecho

tus respiros.

De haber gritado como

una diosa sobre mis piernas

me hubieras arrancado

el corazón en la misma sábana,

y el sol se hubiera

ido diciéndonos a gritos

que nos comiéramos

de una sola vez

el alma.

III

Extinción del amor

como una carta astral.

Tú la dibujas sobre el mundo.

Extinción del amor

hasta el chasquido

y la lágrima.

Extinción de lo que somos.

Ardemos contra el muro

de tristezas y suenan

las sonatas alegres.

Renacer de labios.

Renacer de estrellas y ecos.

Extinción del amor

mientras me abrocho

la cremallera y te subes

la ropa interior por el muslo.

Extinción del amor

que surge cuando todo quema.

Quema la tarde lluviosa.

Queman tus años de gata

en el horizonte roto

de la desexperiencia.

IV

Me pareció al pisar mi casa

entre las velas de un regocijo

que terminaba de eyacular sobre

los hombros más hermosos

en un mar hinchado

que gozaba con reírse

del salvaje palpitando

hasta convertirlo

en un cordero trinchado

disfrazado de perro hambriento

lleno del deseo de lamer

tu sexo hasta

que el alba le dijera:

“extingue el ruido

y deja la mar calmada

en este atardecer

que no te pertenece

aunque creas ser de escamas

saladas y de labios

que no has besado”.

V

Me da miedo no dar más que esta arena,

pero no puedo evitar

que la luz construya estas sombras.

Me alejo en la carretera

sufriendo el alboroto del invierno.

¿Qué ha sido este espejo?

¿Por qué estas imágenes se falsifican

veraces sin haber sucedido?

Sucedió que fuimos otro sexo

de hiel en las fauces del ocaso.

Anochecíamos como ovejas

de retiro pero te vi esos dientes

que podían inocular

tu sangre en mis venas.

Lo raro es que sonreías mientras

quería devorarte la lengua.

Lo extraño es que hayas notado

mis brazos estrechar

tus senos que surgían del vaho.

Me da miedo no ser más que esta arena

que no podrás asir

bajo la nube que nos pesa en el adiós.

No me des consejos para no llegar

al centro de tu gozo,

no me des consejos para que

no insemine tu imagen de renacimiento.

VI

Dije que la vida era azul

y pensaba cómo sería tu cuerpo

desnudo sobre las rosas.

Dije que la historia era gris

y pensaba en rizar tu vello

con la lengua.

Dije que el pasado era rojo

y pensaba en lamer la humedad

de tus lágrimas en el vientre

Dije que el tiempo era verde

y pensaba en morder tu labio

en el alba incendiada.

Dije que el hombre es negro

y pensaba hundir en tus muslo

el sol de mi esperma.

Dije que el amor era amarillo

y pensaba acariciarte hasta

que tus ojos fueran de arena.

Dije que la amistad es morada

y pensaba en levantar tu grupa

para penetrar tus huecos de agua.

Dije que el aire era rosa

y pensaba contemplarte

bajo el influjo de la luna.

Dije que la nada es blanca

y pesaba en gozarte completa

hasta ganar el precio de tu vientre.

Dije todos los colores del arco iris

y pensaba morder tu carne

para soñar el sabor de las sirenas.

VII

La orquesta sonó para nosotros.

Fue tu risa las notas de una sonata

y ese vals de luz declinando

bajo la noche esparcida.

Hemos bailado pisándonos

los pies con la torpeza de

lo que nace entre las brumas.

Aparecida la música aprietas los labios;

el próximo beso que te de

será en el centro del exterminio,

en ese punto donde la energía

del placer articula la odisea humana.

Ordenar el caos, música y palabras,

hasta que la oscuridad se apodera

del canto de las gaviotas,

sintiendo que tu olor de mares

es el clítoris de todas las islas.

VIII

(Visiones)

Te cogeré de las manos y volaremos

en esta espiral hasta estrellarnos contra el suelo

hechos triza, sanguinolentos y rotos

como muñecos de trapo,

justo en la esfera que dibujó tu dios

para vencernos tan hermosos.

Hay que salir a nado,

aunque sea echando los demonios del cuerpo

a vómitos, con el alma encendida de lluvia,

aunque deba arrancarte los pechos

con los dientes y tu extirparme

de cuajo el sexo que inseminó tus lunas.

Y así, en el suelo, exangües y cadáveres,

abriremos los ojos, los mismos ojos

prisioneros del mal fario del porvenir,

y toda la conciencia

será para vosotros, que nos olvidaréis

como si fuéramos gatos aplastados

en el asfalto, sin más identidad que esta piel

rota que tantas veces nos acariciamos.

IX

Lo peor es que no podemos jugar

porque ya jugamos demasiado,

que no podamos inventar

porque venimos de tantos reinventos,

que no podamos traspasar un límite

porque somos conscientes

de que no son los dieciochos años

en la esquina de estos parques.

Lo peor es que no somos de piedra

y podemos convertirnos en destellos.

Lo peor es que tus labios

hacen olvidar el color de la tarde.

Lo peor es esta espera que no seduce

la totalidad de tus ojos húmedos,

que no seamos más que espejos

y sólo podamos acariciar cristal,

que tú seas demasiada mujer

para esos hombres de láminas agrietadas.

Lo peor es que no te convenceré

de amarnos porque conoces los resultados.

Lo peor es que los besos terminan

teniendo un sabor agrio,

que las noches de soledad

se vuelven añoranza acompañados.

Lo peor es que hacerte el amor

es cómo nadar en piscinas sin cloro,

que besarte las nalgas al despertar

es el reflejo de todo lo que vivimos.

Lo peor es que la culpa dibuja los mares

y nos los entrega helados en las ventanas.

Lo peor es que no puedo vivir

sin lo peor de todo,

(que es creer lo imposible)

que ese aire que enfría la avenida

tiene el mismo brillo de los espejismos,

que no sea yo un hombre desnudo

sin más historia que el deseo

de las llamas que nacen en invierno.

X

Todo el italiano que surge

de tu lengua se pone en mi

pecho para dibujar Venecia.

Tradúceme a mí, por favor,

traduce mi lengua herida

que aspira a lamerte la sangre

que dejaron en ti los cadáveres

de lo que nunca fue futuro.

XI

Me acomodé en el andén para esperar

el tiempo de la hadas,

el cielo protector, la sirenas de Odiseo,

las gracias de la tarde y la expectación

de los ociosos de alma.

Leía versos sobre palomas y hombres

que escriben en velas y con venas

de tinta, sobre fantasmas de pantallas

blancas mirando el ocaso de las mareas.

Sé que llegan los trenes como

le sucedió al hermano de la sirena.

(¿Por qué esperar esos trenes

en la madrugada helada?)

Estoy en ese andén, en el cruce de caminos

experto en astrología.

Me acomodo sobre el banco

para observar el paso de los viajeros

en la estación de piedra.

Bajan las sirenas y desfilan

sus caderas de escamas.

No me importa la perfección

de su armadura de agua,

prefiero la invitación al deseo tranquilo

mientras leo que la vida se escapa.

XII

El espantapájaros y la sirena hablan

de amor:

La sirena dice que las mujeres son

madres y putas y naturaleza misma e inteligencia y el futuro.

Y el espantapájaros susurra que los hombres son violencia, silencio, inocencia ciega, muerte

y sangre derramada.

La sirena insiste

en que las mujeres madres y putas y naturaleza misma e inteligencia y el futuro

acarician con los dedos el horizonte

y suelen llorar la llegada de los hombres

sin rostro y sin alma,

aguardando una redención jamás hallada.

-Yo quiero que tú, o la llama que despiertes,

seas primero puta y madre, y luego naturaleza misma e inteligencia y el futuro,

aunque sea derramando

los brazos ávidos y avivando tus labios congelados.

El espantapájaros y la sirena hablan del amor

mientras la tarde rompe al sol

con sus grises de oquedades,

y al mirarse en el espejo

él la oye susurrar: soy puta y madre y naturaleza misma e inteligencia y soy el futuro

…tú futuro.

XIII

No eres permeable como el suelo calizo,

ni tienes en los labios las promesas.

No eres permeable porque alguien te fue

extirpando los huecos y la arena,

y fue quedando una tierra dura

que se disimula con el maquillaje.

No eres permeable a mí ni a nadie,

aunque yo querría penetrar

tus poros y resquicios y henchir

de semen aquello que sólo

es rumor, decepción o espanto.

XIV

A ti no te asusta la palabra futuro.

Tú no la ves terrible y obscena,

no temes a esas estrellas porque las construyes

con el aire y el aliento,

con esas manos que tocaron mi cara

ausente de pánico.

A ti no te importan las nubes

ni el cierzo congelado que brota

de la tristeza.

Te parece bien este eco

que a mí me ensordece,

y tú lo transformas

en una cálida luz que se me antoja

hermosa y transparente.

A ti no te asustan las balas

que suenan en mis oídos,

ni la palabra futuro grabada en el pecho,

ni el rumor de esta decrepitud

que asoma,

ni esas esperanzas ahogadas

en el frío hálito de la espera.

XV

(Reconstrucción)

La imaginación de la sirena acompaña

al sueño.

El espantapájaros se olvidó de algunas nubes y aguarda

el caer de la lluvia que limpie

el aire.

Será que ahora está en las imágenes

de lo que no fue y en el eco

de lo que sí se hizo.

Frente a frente, las manos temblaron

al reír los fantasmas del tiempo,

al dibujar las alas y esa celebración

salvaje del exterminio.

No terminará de arreglar

el ventilador si no rueda

para él, sino son tensión en los ojos

y humedad en la boca.

Esa cosa húmeda que siempre llevan

dentro de la boca se humedeció

de lo inasible y de la furia

de lo controlado.

Eyaculó el espantapájaros tres veces

con cada sombra de las horas;

la sirena gemía en el silencio

y en cada orgasmo

rejuvenecía sus escamas de plata.

Después de la mariposa queda un silencio

de larva que huele a primavera,

que renace de los ecos de sus resabios

y de aquello que no dijo.

Se marcharon con la miel en los labios,

goteando espasmos, saciados de tiempo.

Ella para diseñar los pasos del camino,

las huellas que pronunciaron sobre

las marcas de fuego.

Le propuso él enlazarse como carcasas

de artificio, y rodar y brillar,

aunque ella prefirió que fueran

carcasas que se cruzaran el cielo

sin caer juntas chamuscadas

de pólvora.

Se puede hacer del hilo

la totalidad de cada jersey,

ir destejiendo cada tela y su color

para buscar aquello que define

a la pieza entera.

Se desovilla el alma

a pedazos mientras recuerdan

como poseen los cuerpos los jóvenes,

como se ralentiza el deseo

en la edad de todas sus pieles.

La imaginación de una tarde con la sirena

apaga las luces de esta madrugada,

la hierba huele en él extraña,

al incienso de las iglesias,

al perfume que atisbó de lejos,

a esa ausencia que no pudo retener.

Esperó no haberse olvidado

de las laderas y los ríos justos,

no abusar del espíritu que empuja

la libertad de los poetas.

Seguir escuchando esa voz en los parajes,

pensar que tal vez mañana

la sirena alumbrará sus pantallas

y le pida volver a ver su alma.

Es posible que esa vez el ruido sea tan ensordecedor

que los expulsen de las salas de luz,

quemados de azufre y mirra,

incendiados por la saliva desparramada

de esa cosa que siempre llevan dentro

de la boca.

El cielo ha cambiado de repente,

el aire frío recupera su perfume,

la cadencia del quiebro, la santidad

religiosa de la vida.

¿Acaso no somos más que un exorcismo

de lo sagrado para continuar

construyendo un edifico de utopías

y versos de amores despiadados?

La imaginación de la sirena acompaña

ahora al sueño,

se adentra la noche con el rumor ciego

y esparce el espantapájaros sus sonidos,

vive al dormir esperando nacer

al despertar, nadando en un mar

de tristes rizos de luna y danza.

XVI

(El erotismo)

Lo más sagrado fue violar

tu imagen, rozarla con los ojos

erizados, con el azul del mar

en tu boca roja.

Si me muerdes respiro,

si bebes mi sangre nace la vida.

Sagrado y profano sólo queda

la trasgresión del cuerpo.

Comulgar es comer la carne.

Sólo fuimos expiaciones

hechas de palabras.

Lo más sagrado es que violes

mi imagen, rozarla con tus ojos

de gata, con el rojo de tu pelo.

Si te muerdo respiras,

si bebo tu sangre nace la vida.

Este es el nacimiento del ritual;

mojados de lluvia fina,

abiertos como vísceras,

te doy un trozo de mí

para que seas un conjuro.

Construye el pasillo hacia el cielo,

estoy dispuesto a arrastrar los huesos

para beber tu esencia, romper

esta nada, este vacío de no devorar

el espejismo de las renuncias.

XVII

(Despertares)

La brisa era marina y tú dormías

abierta en el reposo blanco,

bajo la luz de estás hileras de vida,

cubriendo tu sexo con los dedos.

Todos los ecos surgiendo del vello,

el pubis rasgado en el origen del mundo:

de ahí salió la vida,

de ahí se avecinan las catástrofes

del espantapájaros.

XVIII

(Conclusiones del espantapájaros y la sirena)

Y el espantapájaros, después,

le dijo a la sirena que sus dudas

siempre dibujaban un camino.

Que ser el origen del mundo

no era síntoma de saber algo más,

y era posible que el vaivén

de la existencia enseñase

más que la seguridad plana,

que la negación de lo inconcebible

y el contacto de la tierra.

(-Al fin y al cabo tu viaje horizontal

no ilumina más que el mío vertical.

Tus pausas no dicen más

que los quiebros de mis mapas.)

Construye la cartografía que quieras

que yo construiré la mía,

pero no consideres tus fotografías

más lúcidas que las mías.

Estamos hechos de aire,

quieras o no dibujar un edificio

al borde de la orilla.

De tu mar aprendo,

de mi tierra aprenderías.

Y el espantapájaros comprendió

que nada era posible desde la razón:

Los siglos de la sirena pesaban

como las losas de los años en el camino.

Era como enfrentar la longevidad de Ezra Pound

con la intensa brevedad de Guillaume Apollinaire:

Danza frente a quietud,

luz de mediodía frente al atardecer.

Entonces le dijo no juzgues los cuidados

ni el exceso, no silbes canciones antiguas

en mi oídos:

(-Sé la madre del mundo

y no la mía, no estoy tan perdido a pesar

de los vientos.

Respiro aire puro,

sueño con calabazas de noviembre

y guardo la magia en un pañuelo.)

La sirena observó de lejos

el caminar alado del espantapájaros

y quiso redimirlo de la angustia.

El espantapájaros esbozó la sonrisa de las llamas,

y pensó que cuando el fuego se alzara

de esos pechos todo será demasiado

decrépito para asistir a la incineración

del miedo, a las candilejas de la resurrección,

y estaban demasiado ciegos para alcanzar

la lámina del olvido en las grietas de los edificios.

(-No me cojas de la mano para llevarme

porque mis kilómetros ya saben el camino.

Si quise acompañarte no me recuerdes mi mapa,

no sigas las pistas de hielo ni los caminos

muertos, mira los tuyos desde las cenizas.

Si un día quieres aire igual puedo dártelo,

pero no me entregues tus pesquisas,

me son tan válidas como las tumbas

que guarecen los féretros.)

Seremos amor cuando tú seas olvido,

cuando yo ascienda por los cielos

y miré desde arriba los tejados.

No haber alcanzado mis sueños

no significa que no sepa

de que están hechos.

(-Al fin y al cabo no fui yo quien

enviaba postales a los muertos,

no fui yo quien perdió los asientos

de los trenes ni imaginé que todo

era un premio, no fui yo quien

aguardó tanto para romper la escarcha.)

El espantapájaros pensó que la sirena

no comprendía nada, que lo confundió

con otros perros y otros marineros

sin puerto, pero se dijo que algún

otra sirena, o ella menos salada,

hallaría el libro escrito con sangre,

aquellos versos que la vida le revelara.

(-Entonces sabrás, sirena, de que está

hecho tu mar, a qué saben los beso de luna,

quien llorará más las noches en vela,

a que llamamos insomnio y ebriedad,

de dónde viene la vida,

de cómo mi maternidad es la furia

y crea la misma existencia que tú

alumbraste de las entrañas del cuerpo.)

-Tus paredes sólo son más suaves y finas;

las mías arden de fuego ebrio,

de incombustible esperanza.

Copyright Jimarino2008


15
Nov
08

el espantapájaros y el amor

egon schiele

egon schiele

* * * *

A Georges Bataille

Debo decirte que amar
es arrancar nuestra soledad inconsolable,
es pretender poseer tu cuerpo, tu alma y tu posteridad,
que tú te empeñes en poseer mi cuerpo, mi alma y
mi posteridad.

Atravesar tus secretos en el limbo
de la inconsciencia erótica,
hacer que seas vagina húmeda
y yo aliento de sangre enhiesta,
lamerse como animales
en el reducto de la piel
para gemir y husmear,
para que expulse en tus senos
la savia que ganará el futuro,
pero si no poseemos el alma
a lengüetazos y delirios,
sin anonimato y suculentos gritos,
será como azotar con cañas
la dura lámina de las rocas.

Si te convierto en icono,
en las palabras sin rostro
sin besar ese pezón incendiado
que ilumina el día,
y tú no encuentras
la llama que arde
sobre ti hasta echar su cera
caliente en el suspiro,
si sólo somos contemplación
y grito sordo, si nos quedamos
en la oración suprema
sin construir la verdadera
carretera del cielo,
o en la caricia tierna y temblorosa
que disimula el miedo,
será como pretender volar
sin ascender un metro del suelo.

Si en la mística de nuestra inmortalidad
anhelo poseer lo que nunca poseí,
si apenas puedo besar los labios
y ni siquiera orar sobre el destino
porque no eres mía y yo no soy tuyo,
si sólo transformamos fotografías
en besos imaginados, en humedades
fingidas bajo los marcos
transparentes de una casa
sobria, en la soledad de todos,
si alardeo del símbolo
y no toco con mis dedos la vela,
será como rezar humildes
a un dios sin efigies ni carne.

Debo decirte que otra cosa que pretender
poseer será compartir, interés, negocio,
cacharerría de simulacros,
ademán sin obscenidad, ni rigor,
sin agujeros de leña,
sin inmortalidad ni saliva,
tan neutros como la primavera
escrita en los anuncios,
tan cínicos como los que ríen
la tibieza del sentido común.

No quiero ser negociante
ni de tu alma ni de tu cuerpo,
y tampoco vender monedas
a cambio de la inmortalidad
que se resbala como la nieve
en las alcantarillas.
Será cuestión de afanarse en todo,
porque penetraré en tu cuerpo
para que mi disolución sea tu vida
y la mía la tuya,
mientras convierto el instante
de eyacular en tu frente
y el despojar de tu miel sobre mi pecho
en las imágenes que construirán la metáfora,
y en medio de los finales
nos abrazaremos como tristes bautizos
sin tierra, sabiendo aún así felices que
con sólo mirarte tu serás
la eternidad de mí y yo seré
la eternidad de ti.

Copyright Ariño2008
09
Nov
08

monólogo del espantapájaros frente a las sirenas

Pablo Picasso

Pablo Picasso

Dorados esos muslos,
suenan sus ecos
por el laberinto de Dédalo:
-Hijo, asume el destino,
la pátina que envuelve
tu cuna,
no hagas lo que no debas-.
Los cabellos sobre los hombros:
Así es la expresión
del deseo,
la grupa alzada
y la humedad,
y me pierdo.
Cada momento del aire
tiene un instante de gloria:
-Vuelo, vuelo donde no llegas,
donde me alcanza la paz del amor
y sólo bulle la presión
de la aspereza.-
¿Prefiero el amor o el deseo?
Me pierdo en ti,
pero también en ti.
La disyuntiva se define
por oposición entre
contemplación y furia.
Tú crees que soy
el domesticado que abraza,
y tú el salvaje que ahonda.
Un abrazo al anochecer
sobre el colchón caliente,
mientras rozo con mis dedos
la curva de tu vientre.
Un jadeo en los ojos,
mientras tu deseo inasible
me humedece el pubis
y devora mi carne encarnada.
Dorados esos muslos,
me quema el aire
de tus ojos,
la suave brisa que provocan
las lágrimas.
Soy de arena,
igual caigo sobre la tierra
y reposo,
que me empuja el viento
tan lejos
que sólo ardo de humedad.

Copyright jimarino2008
20
Ago
08

Exordio del espantapájaros seduciendo a la muerte

El séptimo sello. Ingmar Bergman

El séptimo sello. Ingmar Bergman

EXORDIO DEL ESPANTAPÁJAROS SEDUCIENDO A LA MUERTE

Todas las tardes del mundo se quedaron quietas en este silencio espeso, en este vagar por plazas vacias, por playas sin aire y estampas de otra vida. Lamento en verdad no ser otra cosa que este aleteo torpe y silencioso, un espantapájaros traidor de tardes encendidas, de noches alcohólicas en las que pego fuego a los santos que nos bendecieron. Si alguna vez encuentro el camino que busco te juro que lo traeré para que lo veas con tus propios ojos, para que comprendas que me fui por la rabia de no ser, por la cobardía de dejar morir las olas en estos puertos de cristaleras que huelen a yodo, a dolor antiguo y ausencia despiadada.

Espero que me perdones bajo los arcos de las columnatas, en estos tejados de nubes eternas, en este deambular en que se convirtió mi vida; mezcla de marea y esperanza, de esperanza dolorida y agujereada por los lamentos de la arena impelida que se inflitra en mi cuerpo tumbado, en mi risa enredada con el coral y la espuma de la olas. Espero alcanzar alguna muralla y saltarla a voces (aún guardo los billetes del barco que nos conducirá a una ciudad de ensueño y a la última función: será un vals vienés, y saldremos de gala para rociar de sentido al mismísimo infierno)

No soñarás nada bueno con esta miseria reducida a conejos sin chistera y a Alicias sin espejos que atravesar.
-¿Has pensado que será de nosotros en este arrebatado idilio, en esta loteria de sueños caprichosos y pequeñas copas de vino apuradas junto a la bahía?.-
(Ya no me importa. Porque me fui para no volver convertido en hélice herrumbrosa, para no ser un grandilocuente buque de guerra varado en una playa abandonada)

Me fui para convertirme en la mariposa que soñé de larva, en el espejo donde me miré hace años al pensar que las llamas no quemaban, que el corázon estaba mejor desparramado sobre una cama llena de pétalos de rosas rojas -diría Homero-.

Por cierto, este pequeño delirio tiene un nombre, un lugar, tal vez se llamará Ciudad de Méjico en una primavera de ese mayo sin amargura, se llamará esplendor en la absoluta descarga de adrenalina surgida al correr hacia las marismas y beber el óxido de lo poco que queda, con los dientes más afilados que nunca ávidos de morder esclavos que parlotean, de destruir su mundo de escaparates cegadores y de cacerías de hombres hambrientos que gozan violando a las hadas exterminadas.

Será así que inventaré algun lugar de tesoros, y creo que en la luminosidad de los próximos amaneceres los sucedáneos estarán intoxicados de requiems atronando a las puertas del cielo que perdimos, del cielo que no debimos perder en la sonrisa de las lluvias, de la aspereza que en vez de rasparnos nos acaricia como si respirar fuera derramarse en tu vientre de mal y lamer los despojos que otros dejaron en ti, para borrar lamiendo, ardiendo, todo tu dolor convertido en ritual de boda, todas tus esquirlas sangrantes que serán el beso con lengua que daré a la muerte el dia que se atreva a aparecer por esta puerta.

Copyright Ariño2008



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La música de los perros de la lluvia

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