Archivos en la Categoría 'los poemas de los perros de la lluvia'

23
dic
10

homenaje a Gonzalo Rojas-un poema de navidad

HOMENAJE A GONZALO ROJAS

(… y también a   Antonio Tello, a Olvido, a Miguel Ariño y a Carmen Chupito, a Daniel Tangofino Ariño y a Arurora Navarro, a Tchebe y Mateo, a Nacho Cagiga y a Gabi García, a  Nanou y a Alex, a David Turksma, a Enrique Vila-Matas y a Pierre Michon, a Ivan Ferreiro y a  Carlos Monsivas, a Ricardo Menéndez Salmón porque la luz es más antigua que el amor, a Jean Paul Roma y a su futuro niño, a Mario Cerro y a Sabina Espósito, a  Jako, mi brother en su regreso, a Fer y Helena en los alicantes de viento, a Alicia Sánchez y a  Sandra Elorriaga por los ritmos de la tres, a Paco Membrado, Rafeta Claver  y Josete Ots, de la resistencia, a  Ana Luisa Ramírez y a Juanucho, mi padre espiritual, a Carmen Ramírez, a  Jesús Sangrila, para que el Dios de las letras y las artes  le ayude contra los molinos de viento, a  Cesar Gaviero y a la hermosa Infinito Rojo, cuyos talentos siguen sorprendiéndome el alma cada vez que me asomo a sus ventanas, a Riki Javier que anda sin libertad, a Zaxanaercis, a Chantal y a Michel Lavigne, a David de las motos, a Eddy y a Francisco Machuca… a todos los que cruzan estos caminos y aullan junto a los perros de la lluvia…   a los que se quedaron en el camino y a la memoria de Jose Antonio Labordeta, Manuel Monterde  y Enrique Morente. Feliz Navidad a todos los que me acompañan… )
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Creo que ganaremos, aunque tú no lo veas

en esa tierra que te alimentó,

en la tierra que saldrá de tus entrañas

para abrazar el alma, alma de Vallejo

y Huidobro, alma de viajeros incansables

y pájaros de palabras, Canto general,

Trilces doradas en un París lluvioso.

Lo sé, creo que ganaremos,

y lo haremos porque no hay otro modo,

por que el camino es tan antiguo

que hasta Dante supo de él

entre las malezas de los bosques

provenzales, y su canto

extraño y sólido llegó hasta Pound, y los

ecos de lo inservible en apariencia

llevan siglos buscando su lugar,

y no hay otra manera, lo sé,

y por eso creo que ganaremos,

seré partícipe de esos triunfos

tan efímeros que alcanzarán al final

la gran victoria del hombre; el tiempo es todavía,

todavía creo que ganaremos,

como suele ganarle el mar a la tierra

cuando los titanes

retan a los dioses del espíritu,

cuando caen sus pies de barro

ante la dignidad de los ojos que lloran,

de los labios que besan y ríen,

ante los que piensan que la lava

nunca alcanza el calor

de un sueño.

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*Copyright Jimarino



06
jul
10

Dédalo-Delleuze-Cartografías (videopoema)

Robert Capa

No sé exactamente de qué manera, pero todo termina por alcanzar algún sentido.  Tal vez somos nosotros quienes deseamos con tanto fervor que algunas de las cosas que vivimos lo tengan y así concebimos el orden, la metáfora que nos guía.

Hace algo más de un mes acudí a un entierro. Llovía a mares y me uní, a primera hora del atardecer, a la comitiva que recorría el camino de tierra del cementerio municipal de Valencia. Acompañaba a mi padre. Lo hacía porque a estas alturas tengo la sensación –sin ápice de culpa, sólo con la suavidad del agradecimiento- de que le debo un centenar de cosas, miles de inquietudes, alguna visión del mundo rabiosa y esa pequeña dignidad que me suele quedar ante lo descomunal del universo. Caminábamos despacio. Sostenía el paraguas que nos protegía del aguacero y en ese insignificante gesto deseaba poder ofrecerle todo el consuelo posible. Me sucede algo similar cuando un pequeño triunfo asoma en el paisaje yermo de mi existencia y lo primero que pienso es en llamarlo aunque esté a cientos de kilómetros de su casa.

Hace muchos, muchos años que dejé ese hogar alegre y, sin embargo, siempre he sabido que podía volver, regresar con la mochila cargada de dolores, emociones y nuevas derrotas.  Eso es impagable en un mundo como el nuestro, tan  despiadado e incomprensible. También sabía que la muerte de su viejo amigo lo dejaba huérfano, sin más interlocutor que yo en medio del tiempo vencido, de las alegrías esporádicas, de la ilusión por el pequeño Mateo y sus cuitas, sumido en el descubrimiento de internet o ante la exasperación frente a la crispación de esta pobre democracia, esa inmoralidad de los viejos tiempos autárquicos tratando de apoderarse del presente, de la poca paciencia y la impericia de este país para calmarse y decidir emprender algo juntos sin acritud. Mientras avanzábamos pegado uno y al otro, pensé en la cantidad de cosas hermosas que me había dejado y en la aguda necesidad de decírselo, de que lo supiera. Su fragilidad era en el fondo mi propia historia; una fragilidad rocosa, insistente y decidida, una fragilidad capaz de sobreponerse, de avanzar, de construir y enseñar, pero llena de esa inteligencia que duda, que evoluciona, que es capaz, a pesar de la edad a sus espaldas, de resistir. Deseaba decirle que él había convertido la paternidad en algo sagrado, que sus defectos se habían hecho avisos, sus miedos pequeñas valentías, sus extravagancias un modo de vida, sus pesquisas una guía para mis sirenas.  En ese instante, sujetando su pequeño cuerpo, pensé que todo guardaba un profundo sentido, que mis defectos eran cosa mía, que lo que me quedaba bueno nacía de él y que el tiempo había cobrado una razón lógica en ese paseo. Es difícil romper la incertidumbre entre los seres humanos, alcanzar el interior de los otros. Lo es también entre un padre y un hijo.

En agosto de 2008 colgué en este blog un poema llamado Cartografías. Es uno de esos pocos poemas escritos por mí que me satisfacen, y ante su relectura suele desaparecer ese rubor que asola mi rostro cuando me enfrento a la posibilidad de compartir mi escasa poesía. Cuando nos detuvimos frente al nicho del viejo amigo, mediada la ceremonia triste y desconsolada la familia que se aferraba a mi padre como naúfragos en esas escasas maderas que contienen alguna incierta salvación, le noté un temblor que recorría sus brazos. Entonces sentí de nuevo esa necesidad de explicarle en qué consistía mi existencia, este confuso despropósito de sueños incumplidos y vitalidad ciega. Deseaba describirle en qué medida su presencia había sido un regalo irreemplazable, único. En ese momento recordé el breve poema que había escrito hacía un par de años, también los largos paseos compartidos a su lado por la Sierra de Gúdar, la ayuda desinteresada ofrecida sin precio en muchos momentos aciagos de mi vida, la extraña sensación de imaginar una existencia en la que él no estuviera. Aquellos versos, construidos desde las premisas delleuzianas que tanto me obsesionaron algún tiempo, hasta que comprendí que ese mundo filosófico, esquemático y profundo, era en verdad extraño a los elementos emocionales que tantos años atrás me empujaron a amar la literatura, que no me servía para describir pasiones lectoras cuya esencia guardaba relación con hechos sentimentales y poco o nada tenía que ver con conceptos filosóficos, acudieron a mi memoria. Que más tarde llegara a afirmar que la lectura era un goce, una pulsión, un placer estético,  moral e intelectual, desmesurado que apaciguaba mi sed, el hambre o la insatisfacción, que me permitía adentrarme en otros mundos y en mi propia vida, y reconocer sin prejuicios ni titubeos que Don Quijote fue siempre humano, era una cuestión aparte respecto a las coordenadas estéticas que conformaron la composición de Cartografías. Esos versos, sin embargo, habían llegado hasta ese instante tan sólo para que pudiera decirle en unas palabras todo lo que había guardado de su mundo en mi alma, esas cosas a las que no pensaba renunciar a pesar de los pesares: la belleza de un sentido, de una lucha, una expresión modesta de su enorme humanidad aprendida durante años.

Entonces recité el poema en su oído, y él, que conocía aquellos versos desde entonces sonrió. Murmuró Cartografías: se sabía esas palabras de memoria porque sin yo intuirlo siquiera fueron importantes para encontrar algún sentido a su existencia, como si el premio hubiera sido en el fondo descubrir que tras las máscaras de su hijo mayor surgía su propia continuidad, distinta y tal vez imperfecta, pero impregnada del hálito con el que quiso insuflar de verdad a todo cuanto hizo. Fue consciente de que era un poema sincero y mi pequeño homenaje a la paternidad, a la figura de la paternidad que a lo largo de mis treinta y cinco años había conformado la relación con él, o con esa especie de padre conocido en otros, leído o entrevisto por casualidad, que constituye en su complejidad lo que yo más admiro del sentido de la paternidad.

Soy consciente de aquello que afirmaba ufano mi querido Oscar Wilde: que sólo la mala poesía es sincera. Pero nuestro admirado Wilde dejó a la posteridad no sólo una sólida obra literaria sino un sinfín de boutades del estilo. Nadie es perfecto. Creo de todas formas que el concepto de sinceridad debería ser desmenuzado a la Wittgestein antes de pronunciar semejante sentencia. En verdad, lo único que había deseado era escribir un buen poema que me sirviera para expresar  uno de mis mundos ideales, aunque esta vez el espacio, el lugar, los personajes, eran reales como el paraguas que sostenía bajo la lluvia protegiendo a mi padre, y no sólo a él como persona, sino lo que representaba a mis ojos: la dignidad del sueño, la capacidad de apretar los dientes y aspirar a la dignidad, la entereza de una ilusión de justicia, la necesidad de moral en un mundo amoral, la fuerza que guardé en ese instante y que llegaba desde su catalejo antiguo con el que oteaba el horizonte, de su afán por insistir en mis improbables sirenas en las que nadie creía.

El verano pasado, el resultado de las sesiones musicales con tres fanáticos, David Turksma, Thierry Gedigier y Daniel Ariño, músicos de vocación y de fe que frecuentaban de tanto en tanto mis poemas, dejó una canción de apenas un minuto y medio en la que Cartografías se arrancó de encima las premisas racionales y alcanzó a mostrarse ante mis ojos como un poema breve del que me sentía muy cercano al contrario de lo que me sucede con la mayoría de mis versos. No he tocado en todo el tiempo transcurrido desde su escritura hasta ahora ni una sola coma, ni he cambiado media palabra, algo tan inusual teniendo en cuenta mis eternas dudas.

En el pequeño  impasse de tiempo entre finales de agosto y principios de septiembre del 2009, pasando unos días en ese paraíso tan querido de la Sierra de Gúdar, en Teruel, el equipo que formábamos aquella hermosa expedición tomó la decisión de hacer un vídeo en torno al poema y a esa canción compuesta meses atrás. El resultado fue el Videopoema Cartografías. Debo confesar que tardamos un par de días en precisar la idea,  y cinco horas de grabación que forman parte de mis recuerdos más hermosos y divertidos de los últimos tiempos. El poema quedó guardado en la memoria de los que participamos, y apenas visionado en formato DVD por un puñado de amigos que lo celebraron.

Si la idea fue adentrarme en la paternidad a través de la palabra poética, el videopoema terminó por reafirmar el sentido de los versos. En febrero de este año, por una casualidad, un compadre nos habló de la posibilidad de distribuirlo en algunos festivales y de participar en algún posible premio. Sostengo la alegría de haber conseguido, junto con las personas que participaron en su creación visual, que la pequeña pieza se haya visto en unos cuantos rincones del mundo. Es posible que técnicamente el vídeo no pueda ganar una competición cinematográfica, así que asumo el destino del mismo y no quiero entrar en mayores valoraciones, al fin y al cabo, primero fue un poema –un homenaje-, y el resultado posterior no es otra cosa que la posibilidad de alcanzar a un público que jamás leería poesía. Pienso que Cartografías alcanza a representar a través de los versos, las imágenes y la música, una digna metáfora que me apetece compartir.

Para colgar el poema en agosto del 2008 utilicé una fotografía de Robert Capa en la que aparecía Ernest Hemingway y su hijo, la misma que encabeza estás notas. A pesar de la escopeta, la imagen representó a mis ojos esa poética de la paternidad respirada. Sólo espero que mi padre sepa la razón de éste impulso, el porqué de esas palabras que en el fondo son suyas, esta ilusión de construir un pequeño regalo a los padres pacientes que como el mío siempre estuvieron dispuestos a buscar a nuestro lado a las sirenas.

Al final todo termina por alcanzar un sentido.

Transcribo el poema una vez más.

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CARTOGRAFÍAS

(La literatura moderna no puede ser otra cosa que Cartografía. Delleuze)
A Miguel Ariño, mon père…

En estos lugares se brilla poco. Todo oscuro, imperfecto y ronco.

Mi padre mira a lo lejos;

guarda su catalejo antiguo, el rumor de otro mundo.

A mí me quedan sus palabras, los ojos azules clavados en mi rostro,

la eterna sonrisa del barquero que me conduce por el lago

y la sensación de alcanzar alguna orilla en la que reposar tus vestidos.

Esto es un viaje alucinante al murmullo de la nada,

a la quietud de estar a punto y no llegar,

de conocer y derramar la poesía en el influjo de esas caderas de aire.

Otea el horizonte una vez más, padre, quizá encontremos

por fin a las sirenas.

Copyright Jimarino2008

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CARTOGRAFÍAS

08
jun
10

la vida frustrada de no ser un gato-autobiografía

LA VIDA FRUSTRADA DE NO SER UN GATO (Autobiografía)

(a Swiny,  por catorce años de razones)




Nací un día de lluvia,

otoño espeso,

casi muerto, prematuro

y tierno,

a punto de la extinción.

Fuera por supervivencia

o por amor,

surgió de mi

la curiosidad.

Debí haber sido

gato y me convertí

en hombre,

pero debí haber sido gato.

Prefiero la pausa y el sueño

felino

a la velocidad humana.

Miró con los ojos llorosos.

Suelo entablar diálogos

con mi ronroneo.

Prefiero

el placer de ser rascado

a la ufana satisfacción

de lo bien hecho.

Copyright Jimarino

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Escuchar La vida frustrada de no ser un gato (música)

Guitarras: David Turksma y Jimarino
Bases y efectos: Daniel Ariño
Voz y letra: Jimarino.
Una canción de Los perros de la lluvia. Copyright 2009

Paris. Julio Cortázar y su gato

30
may
10

Un poema de Bolaño sobre las razones irracionales por las que uno termina por convertirse inevitablemente en escritor

Ayer me di cuenta de que llevo la mayor parte de mi vida entre libros, que la literatura fue una especie de apuesta con la existencia, una elección a priori -o eso es lo que pienso demasiado a menudo- antes de conocer siquiera el mundo. No podría concebir todos estos años transcurridos sin ese puñado de escritores que adoro, ni siquiera sabría lo que hacer si esas madrugadas en las que me levanto con el cielo todavía anochecido no estuvieran saturadas y alimentadas de literatura, espacios y suspiros que mi vida cotidiana me permite para seguir cultivando un universo de palabras. No sé cómo hablaría o como contemplaría el mundo sin las palabras de la poesía o la literatura de mis sueños, cómo aprovecharía la existencia sin el eco incesante de esta vieja tradición humana. Quizá por eso algunos de los muchos correos recibidos a raíz del anterior texto y algunos de los comentarios me sugieren la necesidad de afirmar que a pesar de la veracidad de muchas de las ideas del famoso escritor, no comparto sin embargo todos sus puntos de vista -aunque sí la esencia de su discurso- y creo que algunos lectores tomaron su confesión como cinismo siendo a mi juicio, por el contrario, un grito de tristeza y esperanza entremezclado con la amargura de atisbar un final próximo. Lo neguemos o no, estamos en cierto proceso de extinción, aguardando el milagro de que por alguna bendición Félix Rodriguez de la Fuente aparezca de repente resucitado y nos ayude a reproducirnos de nuevo en otro ecosistema menos hostil.

Aún así, el mundo está lleno de locos hermosos como afirmó Baudelaire, que llenan el aire de bellas extravagancias y de destinos imposibles, y nos otorgan al menos el alivio de pensar que hay otra forma de vivir y pensar.  Un correo de hace unos días me hizo arrpentirme de ciertas ilusiones que yo mismo construí a través de las palabras de los otros, y tal vez por eso me pareció tan valioso el  texto de nuestro escritor. Una cosa muy distinta es hablar de literatura y otra de su repercusión o sus posibilidades sociales o prácticas. Un joven me avisaba de su desesperado combate por escribir, de ese deseo incontrolable de no hacer otra cosa, con la consiguiente oposición y desprecio por parte de todos aquellos que conformaban su vida. En su soledad de escritor y lector, me pedía ayuda como si yo tuviera alguna varita mágica. Pensé en un poema que Bolaño dejó inédito en vida y que encabeza ese volumen póstumo titulado La Universidad Desconocida. Bolaño siempre me pareció como narrador muy superior a su condición de poeta, sin embargo recuerdo con nitidez estos versos porque estaban llenos de esa furia que en el fondo nos empuja a seguir escribiendo para nadie o para nada. Una vez me sirvieron, hace mucho, y espero que al muchacho le ocurra lo mismo. Le pediría de corazón que siguiera adelante por todas las razones que alberga la vida en su seno y que por tanto se hallan contenidas en la literatura.

Roberto Bolaño escribió el poema cuando no era conocido, cuando  peleaba en silencio por construir esa obra que ahora admiramos. Entonces ni siquiera imaginaba su futuro destino de escritor. En verdad siempre estuve más cerca de esas palabras que de las del irónico autor del correo. Quizá basta con saber que ambas posturas hablan de ámbitos distintos de la literatura, pero seguramente Bolaño y el escritor anónimo podían haber sido amigos -sino lo fueron- o al menos se hubiesen entendido. Los dos se plantearon este oficio a su manera para alcanzar un lugar semejante, aunque sus destinos terminaran por ofrecer una visión de las letras diferente.

Un pequeño homenaje a todos los que escriben o intentan hacerlo, también a Roberto Bolaño y a los viejos sueños de nuestro escritor sincero.

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MI CARRERA LITERARIA


Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad

también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,

Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los

lectores…

Todos los gerentes de ventas…

Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro

para verme a mí mismo:

como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.

escribiendo poesía en el país de los imbéciles.

escribiendo con mi hijo en las rodillas.

escribiendo hasta que cae la noche

con un estruendo de los mil demonios.

Los demonios que han de llevarme al infierno,

pero escribiendo.

(Roberto Bolaño. Octubre de 1990)

01
may
10

Poetas

POETAS

a W.H.Auden

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Los principes de estos lugares han perdido su corona.

Ahora yacen entre la bruma

de las tumbas, cubiertos

de ceniza negra;

ahora duermen siestas

y extienden la mano para cobrar a fin de mes.

A veces sonríen

entre las suaves colinas

y lloran al caer el sol.

Lo perdieron todo, pero en el fondo,

los lunes por la mañana

en el trafico de humo

y vapor,

ellos saben que fueron príncipes,

que la sangre azul nunca

deja de fluir por sus venas

aunque se duerman en los laureles

y el tiempo les diga que perdieron sus coronas.

Copyright Jimarino
28
ene
10

fin de año

Irvin Penn

FIN DE AÑO


Fin de año una vez más;

sonarán las campanadas de risa amarga,

el desterrado tiempo que celebra su adiós fingido, la uva en docenas

iluminada por el esplendor de las horas ganadas

a la oscuridad, anhelos de un mañana mejor o la posibilidad

adivinada entre el fragor del quizás y la esperanza,

tanta alegría efímera…

…y es posible  que entre el júbilo y el humeante barrunto

se atisben unos ojos familiares,

fugaz lámina en el cielo oscurecido,

una voz que acaricia la memoria y eriza

el vello del olvido…

…también la mirada de esos hombres cayendo

como mantos de celo sobre tu recuerdo,

sus sueños perdidos en la ebriedad de este trópico helado;

tú disfrazada y torpe, hermosa de signos fríos,

traje negro, quien sabe si desnuda la espalda

o rotunda la figura enlazada de tela; te veo

bajo esas providencias, acaso en la ebriedad de los timbales

y las danzas, en la risa que se deshace ante mis ojos;

y acude el champán entre las burbujas del duelo,

tu vida quieta, impávida en este dos mil diez de niebla.

———————————————————————–

Estarás espléndida en ese desfile, figura de ébano,

suave desdén por lo ya poseído,

diosa libre, extraña en un paisaje de cadenas fosforescentes,

y te mirarán, seguro que te observarán en el despliegue

de venus, en el paso acalorado

por la bruma y el consuelo,

en la suave cadencia del amanecer soñado.

Anhelarán tu libertad extrema, tu espejo idealizado en la noche

más larga del año.


Quizás te hayan amado frente al fulgor de una chimenea, a pausas,

invierno en esos lugares que no me pertenecen,

donde existe el invierno, no como en estas tierras

de luz cálida donde sopla apenas el aire tibio;

una brisa extraña, cadencia de espejos y reflejos azulados,

de música en sordina hecha para tu estrella.

———————————————————————-

Te habrán amado y duele.

.

Saberte amada en ese instante me duele

quizá más que tu olvido.

Tu felicidad me reconforta en los finales,

provoca que la vida sea justa;

pero ese amor, ese amor cadencioso,

obsceno y secreto,

ese amor al que te arrogas sublime en nocheviejas de nieve,

ese hibernar fugazmente en tu lecho entibiado

por un cuerpo que no fui yo, que no seré yo,

eso duele:


por la tangencia sagrada,

por la imposible consciencia de la ubicuidad,

no poder ser y estar en todos tus tiempos

mientras se transforma incendiada el alma,

a la vez, o en tres lugares como una trinidad bíblica…

…no aspirar a ese efluvio de tu cuerpo ebrio y desnudo,

a esa perfección de tus caderas dispuestas al goce,

a la rara altivez de tu placer inasible.

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Esta noche echaré de menos tu sombra,

cuando a solas sobrevuele

el aire o azote la invisible presencia de todas estas ausencias.

.

Aunque nunca vivimos nocheviejas

como las que imaginamos.

.

Nada de eso fue.

.

Sucedió a lo sumo un gesto, un espejismo,

un pequeño y alado sueño esparcido

en nuestras eternas tardes de primavera antiguas.

Nunca estuve, nunca estaré…

… me duele que te entreguen el amor con velas derramadas,

con el hielo tintineando y la alegría de la voracidad

encendiendo las luces del deseo,

me duele como el mundo desbocado que yerra o como

el trote incontrolable de esos caballos

atormentados huyendo por las laderas de fuego;

como el humo que aspiran los pájaros que ya no vuelan…

.

Duele porque yo no puedo hacerlo.

.

Pena que te deseen, que te devoren los faunos velludos

en la soledad de los hoteles alumbrados de guirnaldas,

que digan te quiero toda una vida  y luego te posean en el silencio del éxtasis

sin mas recompensa que el ligero goce, que la caricia

de una brisa enfurecida soplando unas velas rotas:

amaneceres que ya nunca serán míos y jamás comprenderé.

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Fin de año, una vez más,

y habrás paseado por tu propia historia en los cálidos

atardeceres de verano, en los arrebatos de cielo y Circe,

y ese esplendor de lo fugaz y lo eterno conviniendo,

la memoria de piedra grabada en la hoguera de la noche,

seguro el alcohol bendito entre tus dedos, la risa

y un beso de agua en tus ojos como un presagio,

ebria de lisonjas y ávidas caricias.

.

O quizá ese hombre que te ama te cogió de la mano,

tan tierno, tan verdadero, y lo celebro en su ternura:

pero no al otro, al que posee tu desnudez y el delirio,

el que sólo será la bestia que engulla,

el que aproveche la sensualidad que gocé mil veces

y el fragor de aquellas nubes que nos elevaban

entre el sudor y la saliva, evaporación térmica

en su ciclo nebuloso, atmósfera henchida de lluvia,

tierno diluvio del placer alcanzado

en la menstruación de las alucinaciones húmedas

y la eyaculación de las sinfonías interpretadas

con la ferocidad del deseo.

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Lo único que sé, es que pensarás en mi aunque ya no me ames.

.

Así será.

.

Que para ser la estrella que refulge cuando el deseo

te acoja, cuando te derrames como una ninfa

anhelando su pliegue, cuando no tengas nombre

ni palabras, o seas ese gruñido que recogí

tantas veces en madrugadas de insomnio,

tendrás la imagen del amor y la piel,

la electricidad de tu risa entre las sombras

sobre mi risa que besa tu corazón de espinas,

tu rosa perdida entre los estruendos

de la carne sangrante que corté con los dientes,

que nos dejamos olvidada como esteras en el pasillo,

como hojas rotas en un jardín de otoño sin brío

que cesó su cultivo al llegar el alba helada.

.

Pensarás en mí si te aman de ese modo.

.

Si te aman sin respiración, con el ladrido enfurecido,

si alguien pretende alcanzar tu interior

con la llama dispuesta para besar tu rabia.

Así será esta noche si te aman con la determinación de lo que concluye

a pesar de nacer de la chispa de la creación,

lienzo blanco, hoja vacía en el silencio,

la sensación de que nada seguirá mañana

y será eterno en la aspereza diaria.

————————————————————–

Así nos amamos: jamás un fin de año.

.

Pero quizá sabíamos eso para amarnos para siempre,

todos los fin de año en que nos amen hasta el alba,

cenicientas sin zapato arrastradas por la luz,

perros encendidos bajo la tormenta, protegidos

por el calor del cuerpo y el relato de la Odisea,

mojados como labios jamás besados que anhelan la fugacidad

de ser adorados sin razón; sagrados, sagrados ecos,

ciego te contemplo ahora…

———————————————————–

Que no te amen como el cielo derrumbándose,

como la arena huyendo de los dedos o las mareas

alcanzando la retirada,

en la aurora de las veredas ardientes del hechizo,

que no sea en aquel vaivén nocturno y secreto,

en nuestra fatiga y el insomnio de tantas madrugadas entumecidas,

ni en ese delirio perturbado de sentidos.

.

Que no sean como nosotros, que no te alcancen como esos rayos

desprendidos del firmamento, caídos de tiempo y tristeza,

que no sean imposibles quimeras, huellas,

huella de fin de año entre las sombras,

huella de ti rodeada de todas las despedidas,

del anhelo indecente de no haber sido a tu lado otra cosa

posible que deseo, deseo, traza del cuerpo en la sábana,

transpiración esparcida de dicha en la penumbra de los crepúsculos

que nos sirvieron de guarida herida, para no decir

a gritos que nunca tendremos un mañana….

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Copyright Jimarino

28
nov
09

generaciones-el reino del vacio

Guilermo Pérez Villalta-El reino del vacio

GENERACIONES

A Ortega y Gasset


Decía Ortega y Gasset que cada quince años

aproximadamente una generacion

tomaba el relevo de la otra, y comenzaba la pugna que destituia

a los mayores de su trono en un largo proceso,

que contenía conflicto y convivencia,

y así sucesivamente, alimentando en la historia

la ilusión del regreso.

Hace más de medio siglo que Ortega y Gasset

murió, y en los ojos de los que vemos

a diario no se observa otra cosa que la misma mirada,

las mismas bocas, las mismas fauces

y  un ladrido familiar.

Si nos bloquearon en este simulacro

de ciertas delicias turcas,

de tardes fosfuorescentes y química ilegal,

deberíamos apretar los dientes para gozar de un astro que llamamos sol,

del aire que nunca debieron dejarnos

respirar, y empezar a perdonar

las promesas de un destino que ya no es nuestro,

y que probablemente no lo será jamás.

Copyright Jimarino2008


25
ago
09

ezra pound-(un poeta del siglo XX)

Ezra Pound por Richard Avedon

Ezra Pound por Richard Avedon

En Abril de 1972 mi padre pidió un excedencia. Faltaban apenas cinco meses para que yo naciera y, sin embargo, decidió viajar a Italia para buscar a un poeta al que llevaba años leyendo y admirando. Salió en busca de Ezra Pound sin tener idea alguna de su paradero exacto, sólo guardaba esa noticia de prensa publicada en Le Monde en 1958 en la que se informaba del viaje del poeta desde Estados Unidos hasta Italia, después de su liberación del Hospital psiquiátrico de St. Elisabeth. Había pasado catorce años encerrado allí, desde noviembre de 1945, la mayor parte del tiempo recluido en una celda de apenas dos metros cuadrados, herméticamente sellada. Hasta mediados de los cincuenta compartió presidio con enfermos mentales graves y dementes furiosos, sólo a partir de entonces se le permitió un régimen abierto donde sus discípulos y su mujer podían visitarle. En esa época ya tenía sesenta años. Su gloria se había disipado a causa de sus simpatías por el movimiento fascista italiano, aunque nunca comulgó con sus ideas políticas o su sentido de la tiranía. Elaboró en sus años en Rapallo una curiosa teoría económica y política que en 1934 el Congreso de los Estados Unidos rechazó tras su apasionada exposición. Pound abandonó temporalmente la poesía para realizar su sueño económico del Crédito social con la que pretendía reinventar una nueva economía libre de usura, y creyó, en aquella época quijotesca que lo llevó a tratar de convencer de sus ideas a la República española a través de Salvador de Madariaga, que el único sistema que podía poner en práctica su ideario era el fascismo. De alguna manera reconoció después el error, pero nunca se inculpó de traición, simplemente se jactaba de haber expresado su original modo de entender el mundo y de confundir a sus aliados.

Nació en 1885, en una cabaña de Hailey, en Idaho. Con apenas 15 años ya había viajado por Italia, Francia y España. En Londres desarrolló sus labores literarias más fructíferas. Se sabe que corrigió y redujo el largo poema de T.S Elliot La tierra baldía a la mitad hasta dejarlo en la versión actual que conocemos, obra cumbre de la poesía en lengua inglesa del siglo XX. Apoyó la publicación del Retrato del artista adolescente de James Joyce y posteriormente su archifamoso Ulyses. Su relación con W.B. Yeats, de quien fue secretario personal, propició un salto artístico enorme en la producción poética de ambos. Fue tal su cercanía que terminó casándose con la amante de Yeats, Dorothy Shakespear. Vivió en Londres mucho tiempo, y sin que lo supiera por entonces, había inspirado y creado las primeras expresiones poéticas modernas de la poesía inglesa, relacionándose estrechamente con los dos poetas que marcarían el siglo literario británico, Yeats y T.S. Elliot, éste último como declarado discípulo. Llegado  a Londres en los años anteriores a la primera guerra mundial se marchó de la capital habiendo revolucionado de arriba a abajo la literatura de su tiempo.

Mi padre nunca me habló de ese viaje, ni siquiera de lo que sabía sobre Ezra Pound. El poeta vivió algunos años en los que el éxito y el reconocimiento fueron una constante en su vida. Más tarde se instaló en Paris donde se sintió tentado por los dadaístas, pero fue algo pasajero y decidió finalmente quedarse en Rapallo, Italia.

EZRA POUND

Hace un tiempo, cuando me enteré de la existencia de ese viaje misterioso, mi madre me reveló que tuvieron discusiones airadas al respecto. ¿Por qué desplazarse hasta Italia para buscar a un poeta americano medio loco cuando su hijo iba a nacer en apenas unos meses?. Tengo la sensación de que él tenía que cumplir una promesa, algo por lo que se sentía en deuda, quizá con él mismo, o con alguien que conoció. Nunca podré saberlo. Lo cierto es que años más tarde, por mis propios medios, pude descubrir la relación de Pound con la literatura americana y su enorme influencia en la poesía del siglo XX. Participó exitosamente de casi todas sus expresiones y entabló relaciones, como ya dije, con los autores más destacados de su tiempo. Parecía un gurú en esos años en los que todavía esa palabra carecía del sentido actual. Convertido en guía, en centro y faro de la escritura más vanguardista de su época, sus escarceos con las teorías económicas y políticas posteriores resultan un misterio. Quizá creyó que con la poesía no era suficiente y su reto intelectual exigía tareas más útiles o de mayor envergadura, o justo lo contrario, que sus conocimientos poéticos y humanistas, como pensaron los clásicos, podían ayudar a organizar el mundo de otro modo.

Durante la guerra emitió por radio programas en los que críticaba sin mesura la actitud del gobierno americano, de nuevo adscrito a las filas del fascismo que dominaba Italia. Apoyó abiertamente a la República de Saló con la que Mussolini trató de salvar los restos del régimen. Todo un enigma esa transformación, esa imagen de Pound casi intolerable al acercarse a cualquiera de sus poemarios, a la complejidad y a la riqueza artística de los Cantos. Había traducido al inglés numerosas obras maestras de la poesía china y japonesa, adoraba a Confuncio y había trabajado durante años para ofrecer un versión digna del Analectas. En Francia rescató a poetas del romancero medieval y provenzal, también a rapsodas latinos casi perdidos. ¿Cómo un hombre como él pudo unirse a la causa del fascismo, a su vulgaridad, a su tosca masculinidad y a ese ridículo sentido autocrático en torno a un personaje como Mussolini?. Me hubiera gustado preguntárselo a mi padre, que siempre despreció abiertamente cualquier dictadura. Quizá él tuviera alguna respuesta. También desearía conocer la razón que le empujó a buscar  a ese hombre en 1972, dejándonos durante dos meses para recorrer Italia. Por entonces, Pound era un poeta denostado y condenado al olvido. La presión del gobierno norteamericano había sido tan dura que sus libros fueron en los años cincuenta  tesoros secretos. De sus últimos años no se sabe demasiado, y mi padre nunca me confesó si llegó a encontrarse con él. Ese año, Pound cumplía noventa y siete años.

Cuando las tropas norteamericanas liberaron Italia fue arrestado cerca de Génova e interrogado por su colaboración propagandística con el fascismo. Ya en el año 42 fue considerado traidor a la patria. Cuentan, aunque no sé si es un testimonio apócrifo por su empeño en el detalle, que de Genova fue trasladado a Pisa y encerrado en una jaula de tiras de metal y suelo de cemento ( en algunas versiones era de alambres de púa),  a la intemperie, sufriendo la inclemencias del tiempo, violencia física y numerosas humillaciones. La dureza de aquella reclusión propició que comenzaran sus crisis mentales agudísimas. Tras seis meses de encierro, fue extraditado a Estados Unidos donde se le internó en un hospital psiquiátrico. Alli iniciaria sus Cantos, como si todo lo anterior hubiera sido borrado, con sus amistades disipadas, su influencia desprestigiada y obviada, mas con el ímpetu de un creador inigualable, que hizo surgir del dolor su fuerza. Jamás llegó a concluir su plan, aunque vivió casi un centenar de años.

pound

Poco antes de que mi padre decidiera emprender su particular viaje, la generación beat, con Ginsberg y Ferlinghetti a la cabeza, decidieron vistar a Pound como habían hecho con otro icono de la contracultura americana, Paul Bowles. Hay algunas fotografías de esos encuentros. Ginsberg, en su busqueda incesante de trascendencia para su poesía, pensó por supuesto en Walt Whitman como referencia, un ideario que podía servirle, y sobre todo en Ezra Pound, monstruo de la poesía americana, considerado además persona non-grata por el gobierno americano y todavía vivo. No en vano, antes de partir a Italia tras su liberación, dijo en público que los USA no eran mas que un asilo de locos. Semejantes declaraciones, unidas a la definición de su país que dio en varias ocasiones; un país de tenderos y usureros, entroncaban extraordinariamente bien con el espíritu contestatario de la contracultura norteamericana. Es verdad que Pound estaba más cerca de la experimentación literaria de T.S. Elliot, de la poesía de W.H. Auden o Robert Frost, que de los iracundos beats, y que pasado el tiempo, a excepción de algunos versos de Ginsberg, el más dotado del grupo, el destino de esa poesía ha quedado enterrado, mientras que los Cantos de Pound y en general sus diferentes etapas poéticas mantienen su vigencia y su poder de fascinación. Pero a cierta edad, es posible que el corazón se reblandezca, o que el deseo discreto de ser reivindicado sea una necesidad. Pound aceptó esas visitas y de alguna forma las aprovechó. Nos quedan de los años anteriores a su muerte tan sólo un puñado de fotografías esporádicas, donde su figura quijotesca surge foribunda entre los claros oscuros del blanco y negro, los ojos perdidos, el alma llena de dolor.

Hace apenas seis meses encontré en la casa familiar de la Sierra de Gúdar unas notas en uno de los numerosos cuadernos que mi padre escribió a lo largo de su existencia. Fue una casualidad, pues al subir a la buhardilla donde se acumulan las miles de revistas coleccionadas desde 1972 hasta 1995, los polvorientos libros de texto y viejas novelas, los archivos fotográficos de la familia, y kilos de polvo anclado como un espejo eterno de lo acontecido, me senté en el confortable butacón de la abuela desde donde podía ver sin levantarme la montaña donde se alza el castillo derruido y la calle principal. Sentado en esa isla de tiempo, entre el olor de los papeles viejos, encendí un cigarrillo y, a tientas, busqué el interruptor que tenía detrás para conectar la luz. Con torpeza debí rozar la estantería que había sobre mí cabeza y cayeron al suelo varios cuadernos de los que había apilados. Ojeé al azar durante un cuarto de hora algunos, hasta que en uno con las tapas rojas, fechado en 1974, descubrí que mi padre había trascrito Carta del exiliado, un hermoso poema de Ezra Pound que yo conocía desde hacía años en la imperfecta y sonora traducción de Ernesto Cardenal. Volví a leer el poema entusiasmado, y lo cierto es que me resultó tremendamente familiar, como si lo hubiera revisado unos días atrás. Recordé al instante el momento de la primera vez que lo degusté casi veinte años atrás, e incluso aquella idea que me rondó a finales de los años noventa; escribir un cuento o una novela corta utilizando el texto. Había algunas anotaciones escritas con la enrevesada letra de mi padre inmediatamente a continuación del poema y creí que encontraría algún detalle que aclarara las razones de aquel viaje sorprendente.

Ezra Pound con Ford Madox Ford y James Joyce

Ezra Pound con Ford Madox Ford y James Joyce

Todavía dudo de si llegó a hallar a ese hombre fascinante, contradictorio, terrible y brillante, si en alguno de su largos trayectos pudo saber de él, si logró intercambiar alguna frase con el poeta. Lo único que sé es que mi padre fue un buen tipo, y que, como en ese poema que escribí hace tiempo, Cartografías, siempre estuvo dispuesto a sacar el catalejo y a otear el horizonte para ver si hallábamos a nuestras invisibles sirenas. Siento la paternidad como algo positivo. Lo cierto es que las obras de Pound quedaron durante años clavadas en las estanterías del despacho, impávidas, hasta que mi hermana, a finales de los noventa, se vio empujada a escribir poesía y fue rastreando uno a uno todos los libros de versos que mi padre había acumulado en las décadas anteriores. Destino de poetas, debió pensar, observando con temor y emoción el día en que Carmen se adentró fascinada en las páginas de los Cantos ¿Qué debía decirle ese hombre a una persona nacida casi cien años después? ¿Qué efectos provocaría en ella? ¿Sería algo similar a lo que sintió él cuando leyó sus primeros versos?.

Pienso, que en las preguntas que nos hacía mi padre subyacía ese temor a que cruzáramos esa fina línea que separa la lucidez de la locura, ese arrebato que acomete a veces a los hombres inteligentes como Ezra Pound y los arrastra por incomprensión y por desprecio hacia la demencia. Se puede adorar la figura de un hombre como él y, sin embargo, no querríamos que nuestros seres queridos cayeran en destinos tan aciagos. Pound vivió el siglo XX con todas sus miserias y luces. A las relaciones comentadas con Yeats o T.S. Elliot, la ayuda desinteresada que prestó a Joyce, su amistad con Ford Madox Ford, o en Paris años después con Tristan Tzara, Marcel Duchamp o Fernand Léger, se le unió una espléndida retahíla de discípulos brillantes posteriormente. Sus ensayos literarios en torno a la poesía siguen siendo válidos, su modernidad inspiró desde luego mucha de la poesía ulterior, aunque su prestigio manchado, sus extravagancias ideológicas y políticas, hicieran que su nombre quedara silenciado o su influencia disminuida. No podría entenderse la poesía de Robert Frost o la William Carlos William sin su enorme talento lírico.

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A veces imagino ese encuentro; mi viejo tantos años más joven, paseando por un paisaje agradable de Italia, acercándose despacio al parque en el que un anciano con dificultades respiratorias, vestido con cierta elegancia, contempla el horizonte. Es una lástima que nunca llegue a saber que se dijeron. Probablemente en 1972, pocos meses antes de que Pound muriera, éste no era capaz ni de hablar con coherencia a causa de la edad y los fármacos que consumía. Recuerdo un texto de Lawrence Ferlinghetti de 1965, la emoción ante las palabras transparentes, rotas y fatigadas del maestro, su aspecto desvalido y torpe. Estaba ya envejecido y destruido, su rostro expresaba un dolor inexorable e indrescriptible, el mismo que se aprecia en algunas de sus fotografías de anciano. Tengo la sensación de que el siglo que vivimos no será bueno para él tampoco, pero que, tal vez, su enorme modernidad, sustentada en la magnifica aparición de raíces ancestrales, de elementos permanentes y consistentes, y ese sentido extraordinario para la poesía, para la música del verso libre, reivindicarán su figura, y su complejidad serás mas asequible en el futuro. Seguiré leyendo los cuadernos de mi padre, uno por uno, quizá a la espera de hallar alguna respuesta a ese viaje.

Ezra Pound sabía de primera mano que lo que había escrito poseía cierta trascendencia literaria. De hecho, su poema a Walt Whitman –Whitman es el fundador no sólo de la poesía norteamericana sino de toda su literatura- siempre me fascinó. Unos versos inmejorables para describir en qué consiste el diálogo fructífero de las letras, como evoluciona esta historia ya vieja y fatigada. Un día, un poeta de cualquier nacionalidad escribirá un pacto con Ezra Pound para seguir, de eso estoy seguro.

Supongo que mi padre estaría orgulloso de la pequeña lista de poemas que trascribo, y como Pound hubiera dicho, los envío hasta mil millas de distancia a la espera de que contesten los escribas y el tiempo; mientras, quedo pensando.

Copyright Ariño 2009

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POEMAS Y TEXTOS

UN PACTO

Haré un pacto contigo, Walt Whitman-

Te he detestado ya bastante.

Vengo a ti como un niño crecido

Que ha tenido un papá testarudo;

Ya tengo edad de hacer amigos.

Fuiste tú el que cortaste la madera,

Ya es tiempo ahora de labrar.

Tenemos la misma savia y la misma raíz-

Haya comercio, pues, entre nosotros.

El ARTE DE LA POESÍA

Constantemente repito que se necesitaron dos siglos de Provenza y uno de Toscana para desarrollar los instrumentos que utilizó Dante en su obra maestra, y que fueron necesarios los latinistas del Renacimiento y la Pléyade, además del lenguaje colorido de su propia época, para preparar los instrumentos de Shakespeare. Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quién la escriba.

Si algo se expresó de una manera definitiva en la Atlántida o en la Arcadia, en el año 450 a. c., o en el 1290 de nuestra era, no nos toca a los modernos decirlo de nuevo ni empañar la memoria de los muertos diciendo lo mismo pero con menos habilidad y convicción.

En cada época uno o dos genios descubren algo y lo expresan. Puede estar solo en una o dos líneas, o en alguna cualidad de una cadencia, y después veinte o doscientos o dos mil o más seguidores repiten y diluyen y modifican.

La gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades. Tal como en medicina existen el arte de diagnosticar y el arte de curar, también en las artes, y en las artes particulares de la poesía … existe el arte de diagnosticar y el de curar. Uno persigue el culto de la fealdad y el otro el culto de la belleza.

La mayoría de los llamados poetas mayores han regalado su propio don, pero el término de “mayor” es más bien un regalo que les hace Cronos a ellos. Quiero decir que han nacido justamente a su hora y que les fue dado amontonar y arreglar y armonizar los resultados de los trabajos de muchos hombres.

En el verso algo le ha sucedido a la inteligencia. En la prosa la inteligencia ha encontrado un objeto para sus observaciones. El hecho poético preexiste.

Los artistas son las antenas de la raza. … digamos que los escritores de un país son los voltímetros y los manómetros de la vida intelectual de la nación. Son los instrumentos registradores, y si falsifican sus informes no hay límite al daño que pueden causar. El mal arte es un arte inexacto. Es arte que rinde informes falsos.

Toda crítica debería ser admitidamente personal. Al final de cuentas el crítico sólo puede decir “me gusta” o “me conmueve”, o algo por el estilo. Cuando se nos ha mostrado a sí mismo, podemos comprender lo que quiere decir. Todo crítico debería dar información acerca de las fuentes y límites de su conocimiento.

Sugiero mandar al diablo a cuanto crítico emplee términos generales vagos. No sólo a los que usan términos vagos por ser demasiado ignorantes para tener algo que decir, sino también a los críticos que emplean términos vagos para ocultar lo que quieren decir, y a todos los críticos que emplean los términos tan vagamente que el lector puede creer que está de acuerdo con ellos o que asiente a sus afirmaciones cuando de hecho no es así.

Haz que un hombre te diga antes que nada y en especial qué escritores piensa que son buenos escritores; después se pueden escuchar sus explicaciones.

La única crítica realmente viciada es la crítica académica de los que hacen la gran renuncia, que se niegan a decir lo que piensan, si es que piensan, y que citan las opiniones aceptadas… Su traición a la gran obra del pasado es tan grande como la del falso artista del presente. Si no les importa lo suficiente la herencia como para tener convicciones personales, no tienen derecho a escribir.

No hagas caso de la crítica de quienes nunca hayan escrito una obra notable.

Usar tres páginas para no decir nada no es estilo, en el sentido serio de la palabra.

No repitas en versos mediocres lo que ya se haya dicho en buena prosa. No creas que se puede engañar a una persona inteligente esquivando las dificultades del inefablemente difícil arte de la buena prosa mediante el artilugio de fraccionar la composición en versos.

Lo que hoy aburre al entendido aburrirá al público mañana.

Déjate influir por cuantos grandes artistas sea posible, pero ten la decencia de reconocer plenamente la deuda o, si no, trata de ocultarla. Que el aprendiz se llene la cabeza con las mejores cadencias que pueda descubrir, preferiblemente en un idioma extranjero, para que el significado de las palabras tenga menos posibilidades de distraer su atención del movimiento del verso.

No te imagines que algo “saldrá bien” en verso sólo porque resulta pesado en prosa. La poesía es un centauro. La facultad pensante, estructuradora y aclaradora de las palabras debe moverse y saltar con las facultades energizantes, sensitivas y musicales. Es precisamente la dificultad de esta existencia anfibia lo que mantiene bajo el número de buenos poetas de quienes se tiene noticia.

Es cierto que la mayoría de la gente poetiza más o menos, entre los diecisiete y los veintitrés años. Las emociones son nuevas, y para su dueño, interesantes y no hay mucha personalidad o mente que mover. Conforme el hombre, conforme su mente, se vuelve una máquina más y más pesada, una estructura cada vez más complicada, necesita de un voltaje cada vez mayor de energía emotiva para adquirir un movimiento armónico… En el caso de Guido, su obra más fuerte se da a los cincuenta. La poesía más importante la han escrito hombres de más de treinta.

Citando mal a Confucio, se podría decir: No importa que el autor quiera el bien de la raza o que actúe simplemente por vanidad personal. El resultado se produce mecánicamente. En la medida en que su obra es exacta, es decir, fiel a la conciencia humana y a la naturaleza del hombre, en la medida en que formula con exactitud el deseo, será duradera y será “útil”, quiero decir que mantiene la claridad y precisión del pensamiento, no sólo para el beneficio de algunos diletantes y “amantes de la literatura”, sino que mantiene la salud del pensamiento fuera de los círculos literarios y en una existencia no literaria, en la vida general comunal e individual.

pound

PICADILLY

Bellas, trágicas caras-

vosotras que fuísteis lozanas y estáis tan abatidas;

y, oh, las envilecidas, que pudísteis haber sido amadas,

y estáis tan impacientes y borrachas,

¿quién os habrá olvidado?

Oh, caprichosas, frágiles caras, pocas en muchas,

las gruesas, las toscas, las descaradas,

Dios sabe que no puedo compadecerlas, quizá, como

debiera;

pero, oh, vosotras, delicadas, caprichosas caras,

¿quién os habrá olvidado?

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CARTA DEL EXILIADO

A So-Kin de Racuyo, mi viejo amigo y Canciller de Gen

Recuerdo cuando me hiciste un bar particular

En el extremo sur del puente de Ten-Shin.

Con oro reluciente y transparentes gemas pagábamos

los cantos y las risas

Y pasábamos ebrios un mes tras otro, sin pensar en el

rey ni los príncipes

Hombres inteligentes venían por el mar y la frontera

occidental

Y con ellos, contigo sobre todo,

Nos entendíamos perfectamente

Y nada para ellos cruzar el mar o las montañas

Con tal de estar en nuestra compañía,

Y hablábamos de todo, sin ocultarnos nada, y sin

pesares

Después fui confinando a Wei del Sur,

Encerrado en un bosque de laureles,

Y tú hacia el norte de Raku-hoku

Hasta no haber entre nosotros más que añoranzas y

memorias comunes

Y luego, cuando era ya insufrible continuar separados,

Volvimos a encontrarnos y fuimos a Sen-Go,

Siguiendo las mil vueltas y remolinos de las sinuosas

aguas,

Hasta un lugar resplandeciente con millares de flores,

Que era el primero de los valles,

Y luego otros mil valles llenos de voces y del rumor

del viento en sus pinares.

Y con sillas de plata y riendas de oro

Salió a encontrarnos el capitán Kan del Este y su

comitiva.

Y vino allí también el verdadero mandamás de Shi-yo,

a darme a mí la bienvenida

Sonando un órgano de boca incrustado de piedras

preciosas

Y en las casas de dos y más pisos de San-Ko nos

obsequiaron más música Sennin,

Con muchos instrumentos, como en un coro de Pichones

de Fénix.

El mandarín de Kan Chu, ebrio, bailaba,

porque sus largas mangas no conseguían estar

inmóviles

Con la charanga de aquella música.

Y yo, cubierto de brocados, me lo quedé dormido sobre

las piernas,

Con el espíritu tan encumbrado que me hallaba en el

séptimo cielo,

Y antes del fin del día nos dispersamos como estrellas

o lluvia.

Yo me tenía que marchar a So, muy lejos todavía aguas

arribas,

Tú regresaste a tu puente del río.

Y tu padre, que era valiente como un leopardo,

Gobernaba en Hei-Shu, y sometió a los bárbaros.

Y un mes de mayo te mandó a traerme,

a pesar de la enorme distancia.

Y con las ruedas rotas y lo demás, fue un viaje duro,

sobre caminos retorcidos como tripas de chivo,

Y yo que caminaba todavía a finales de año

bajo el viento cortante que soplaba del norte,

Y pensaba qué poco te preocupaba el gasto

y tú me preocupabas lo suficiente para pagarlo.

Y ¡qué recibimiento!

Copas de jade oro, platos bien arreglados en una mesa

azul toda enjoyada

Y yo borracho, y sin pensar en el regreso,

Y tú caminabas conmigo hasta el extremo occidental

del palacio

Hasta el templo dinástico, rodeado de agua, un agua

transparente como jade azul claro,

Con canoas bogando, y el son de las armónicas y tam-

boriles,

Y las ondas parecidas a las escamas de los dragones,

remedando el verdor de la yerba en el agua,

El placer prolongado en compañía de las cortesanas,

yendo y viniendo sin estorbos,

Con las pelusas de los sauces cayendo como nieve,

Y las chicas pintadas con bermellón, emborrachándose

por fin al caer la tarde

Y el agua, de cien pies de hondo, reflejando sus cejas

verdes,

-Unas cejas pintadas de verde son para verse bajo la

luna tierna,

Lindamente pintadas-

Y las muchachas cantando y respondiéndose con cantos

las unas a las otras

Bailando en trajes transparentes,

Y el viento alzando el canto, interrumpiendo,

Y zarandeando bajo las nubes.

Pero todo esto tiene fin.

No se vuelve a encontrar otra vez.

Me fui a la corte a presentar examen,

Probé la suerte de Layú, ofrecí el canto Choyo,

Sin lograr promoción

Y regresé a las montañas del Este

con la cabeza blanca.

Y más tarde, otra vez, nos encontramos en el puente

del sur,

Y luego el grupo se deshizo, tú partiste hacia el Norte,

para el palacio San,

Y si tú me preguntas cómo es que siento tu partida:

Tal como caen las flores al terminar la primavera,

Confusamente, en agitado remolino.

¿Para qué sirve hablar? -y hablar no tiene fin,

No tienen fin las cosas del corazón.

Llamo al muchacho,

Lo hago sentarse en los talones aquí a mi lado

A sellar esto,

Y te la envío hasta mil millas de distancia, mientras

quedo pensando.

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LA BUHARDILLA

Vamos, compadezcamos a los que están mejor que

nosotros,

Vamos, amigo, recordemos

que los ricos tienen camareros y no

amigos.

Y nosotros tenemos amigos y no camareros.

Vamos, compadezcamos a los casados y a los no

casados.

La aurora entra con pasitos menudos

como una dorada Pavlova,

Y yo estoy junto a mi deseo.

Y la vida no tiene nada mejor.

Que esta hora de diáfana frescura,

la hora de despertarnos juntos.

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LA TUMBA DE AKR ÇAAR

“Yo soy tu alma, Nikoptis. He acechado

estos cinco milenios, y tus ojos muertos

no se han movido, ni responden nunca a mi deseo,

y tus ágiles miembros, en los que yo saltaba ardiendo,

no se queman conmigo, ni con nada azafranado.

Mira, la leve hierba brotó para hacerte de almohada,

Y te besa con sus miles de lengüitas de hierba;

Pero no tú a mí.

Me he cansado de leer todo el oro del muro,

Y mi pensamiento ha agotado todos los signos.

Ya no hay nada nuevo en todo este lugar.

Yo he sido buena contigo. Mira, he sellado las jarras,

No sea que despiertes y solloces por tu vino.

Y todas tus túnicas las tengo asentadas sobre ti.

¡Oh ingrato! ¡Cómo me olvidaré!

-Aún el río hace tanto tiempo,

¿El río? Tú eras demasiado joven.

Y tres almas vinieron sobre ti-

Y yo vine.

Y corrí dentro de ti, las eché;

He tenido intimidad contigo, conocido tu modo.

¿No he tocado la palma de tus manos y las yemas de

tus dedos?

¿Circulando dentro de ti, y en torno tuyo y de tus

talones?

¿Cómo te entré? ¿No era yo acaso tú y Tú?

Y ningún sol viene a darme descanso en este lugar,

Y me destrozo en la dentada sombra,

Y ninguna luz cae sobre mí, y tú no dices

Ni una palabra, día tras día.

¡Oh! Yo me podría salir, a pesar de los signos

y todo el trabajo en la puerta habilmente ejecutado,

afuera sobre los campos de verdura de vidrio…

Pero aquí es quieto:

No me voy.”

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LA ISLA EN EL LAGO

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones,

Dame a su tiempo, te suplico, una tiendita de tabaco,

Con las brillantes cajitas

primorosamente apiladas en los estantes

Y el fragante anduyo suelto

y la picadura,

Y el brillante Virginia

suelto en los vasos de vidrio,

y un par de balanzas no demasiado grasientas,

y las prostitutas entrando de pasada para una palabra

o dos,

Para una broma, y arreglarse el pelo un poquito.

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones,

Préstame una tiendita de tabaco,

O instalamé en alguna profesión

Que no sea esta maldita profesión de escribir,

Donde uno necesita su cerebro todo el

tiempo.

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CANTO XLV

Con Usura


Con usura ningún hombre tiene una casa de buena

piedra.

Cada bloque pulido bien encajado

para que el dibujo pueda cubrir su cara,

con usura

ningún hombre tiene un paraíso pintado en la pared de

su iglesia

harpes el lutes

o donde virgen reciba mensaje

y halo se proyecte de la incisión,

con usura

ningún hombre ve a Gonzaga sus herederos y sus

concubinas

ninguna pintura es hecha para durar ni para vivir con

ella

sino que es hecha para vender y vender pronto

con usura, pecado contra natura,

tu pan es cada vez más de trapos viejos

seco es tu pan como papel,

sin trigo de montaña ni harina fuerte

con usura la línea se hace gruesa

con usura no hay clara demarcación

y ningún hombre puede hallar sitio para su morada.

El tallador de piedra es alejado de su piedra,

el tejedor alejado de su telar

CON USURA

no viene lana al mercado

la oveja no da ganancia con la usura

La usura es una morriña, la usura

mella la aguja en la mano de la doncella

y detiene la habilidad de la hilandera. Pietro Lombardo

no vino por usura

Duccio no vino por usura

ni Pier della Francesca; Zuan Bellin no por usura

ni fue “La Calumnia” pintada.

No vino por usura Angélico; no vino Amborgio Praedis,

No vino ninguna iglesia de piedra pulida firmada:

Adamo me fecit.

No por usura St Trophine

No por usura Saint Hilaire,

La usura ensarra el cincel

Ensarra el arte y el artesano

Roe el hilo en la rueca

Ninguna aprende a bordar oro en su bastidor;

El azur tiene un chancro por la usura; el cramoisí está

sin bordar.

La esmeralda no encuentra su Henling

La usura asesina al niño en el vientre

Impide el galantear del muchacho

Ha traído parálisis al lehco, yace

Entre la novia y el esposo

CONTRA NATURAM

Han traído putas a Eleusis

Cadáveres se han sentado al banquete

Invitados por la usura.

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12
may
09

el erotismo 2ªparte-(los desnudos de Modigliani)

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Amedeo Clemente Modigliani nació en Livorno en 1884, y murió de meningitis tuberculosa en París, el 24 de Enero de 1920. Desarrolló su labor artística tanto en el ámbito de la pintura como de la escultura. Vivió una vida salvaje, bohemía y libre y murió en la miseria. Su relación con la escuela de París e importantes pintores de su época reividicaron la magnitud de su obra años después de su muerte. Hoy en día está considerado como uno de los pintores más importantes del siglo XX.
Todos los poemas pertenecen al poemario En torno al erotismo  (Octubre 2008-Marzo 2009). Copyright Jimarino

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VI

Entre tus genitales, sus funciones

internas y el erotismo,

se encuentra el hallazgo de tu inteligencia

(o esa poesía o esa mística),

la que desvela esas telas

y saca la lengua de madrugada,

la que impulsa el sentido de esta danza,

del vaivén y la sombra,

del misterio que nos queda por vivir,

lo que da sentido a esta muerte lenta.

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VII

(SPLEEN)

No pudimos vivir de deseo

y pronunciamos aquella maldición

al despedirnos.


“Nunca te acariciarán el alma, ni quedarás

exhausto de la plenitud de esta dicha,

ni correrá la sangre por tus venas hasta

mi garganta, jamás verás el resplandor

de morderme ni la humedad que nos baña.

No respirarás el aire de mi pecho

ni yo el viento de tu cálido abrazo,

no te dejarán sin palabras,

no te arrancarán los ojos y el sentido

cuando el ritual se celebre.

Nadie te hará gozar de no tener nombre,

de la llama que nos quema anónima.

Nunca serás una prolongación de tu sexo

extendido hasta erizar la noche.

Raro será el viento que te empuje hasta elevarte,

no hallarás nunca más mujeres ni hombres de aire

con quienes hacer el amor sea volar

(volar de Girondo, volar de Bataille)

No serás una identidad rota de circos y luces,

una identidad de pura piel y tacto,

ni caricia ni beso largo en el centro

de tu goce; nunca volverás a ser el roce

de este amor sagrado.”


Teníamos razón al despedirnos…

pero no pudimos vivir de deseo.

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XI

Entre una y otra muerte

te apremio a divertirnos.

Quizá esta fascinación es poco

para tu asombrosa herencia,

o nada para tu quietud apacible

que no ceja de moverse.

Pero así es,

entre el día de hoy y tu muerte

sólo tendrás un puñado

de simulacros súbitos

de espasmos plácidos,

o esa ficción de la maternidad.

Soñemos pues con las danzas,

en cada beso que te entrego

todas las muertes serán fascinantes.

Ya lo sabes;

Entre una muerte y la otra

te apremio a divertirnos.

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XII

Dejémoslo claro esta noche:

Tu reproducción no me interesa

más allá de tu absoluta entrega.

Yo prefiero el ritual,

aunque disimule,

aunque te diga que esto

es lo que crees.

Quiero dejarlo claro:

todo tu ser no me interesa

en el futuro,

es la pura ceremonia

lo que incendia,

es la invención que construimos

ciegos lo que arde,

es el largo gemido

que expulsa el presente.

Lo fértil espanta:

es la humanidad que gira

y el frío que nos corroe:

quiero morir en ti,

nada más;

la vida está ya en otra parte.

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XV

Cuando ella le miró a los ojos

sintió el silencio,

un eco sordo

y la punzada fina.

El espantapájaros saltó hacia delante

con el pulso tierno

y sus pasos quedaron flotando

en el aire de la tarde.

Fue entonces cuando mordió

su cuello junto al mar,

pero les faltaba el sentimiento

de una violencia elemental

y aquella sangre sabía

demasiado dulce,

demasiado aguada.

No tenemos el aliento que anima,

los movimientos de este compás

cuyo nombre pronuncias;

todo lo que hay entre tú y

y yo es falta de violencia.

Amadeo_Modigliani_056

XIX

El erotismo siempre es

nuestro problema,

ya lo sabes;

surge de la brumas

del equilibrio

para acuciarnos,

ensombrece la luz,

enciende la oscuridad a su vez.

Ese misterio inflama

incluso lo anodino

de su consecuencia,

a pesar de la dirección

equivocada.

Tarda en surgir,

y lo hace por error,

o por incoherencia;

pero ahí está, incólume,

inaccesibles a los dos.

Cada uno de sus ecos

me conduce a ti

y a la vez me aparta

de la corriente.

El erotismo siempre

es nuestro problema.

Quizá nos falte

la auténtica

imaginación de la extinción.

*********************

III

Todo lo que lo desea el alma

desnuda es cierto,

posee el don de nuestra coherencia.

Surge de lo que no podemos tocar,

de los labios que no hablan

y del silencio que es ruido ensordecedor.

Abre los ojos ante las apariciones

y teme a los suspiros contenidos.

Desnuda sobre una cama de pétalos

sueña con llegar a la santidad

de una masturbación frenética

que relame húmeda el alma.

Así somos dioses,

así somos polvo de eternidad.

modigliani6

XVII

(JURAMENTO DE LA SIRENA ETERNA)

Podría vivir dentro

de ti.

Por eso bebo tu semen,

tu continuidad.

La engullo en la certeza

del tiempo,

en la seguridad

de que no me

olvidarás jamás

modigliani

24
abr
09

W.H. AUDEN-Fragmentos de un poema no escrito (1ªparte)

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EXTRACTOS (VARIACIONES) DEL POEMA EN PROSA DE W.H. AUDEN, UN POEMA NO ESCRITO (1959)

La verdad del poeta (como la verdad del auténtico escritor)
difiere por completo de los pronombres personales.
El poeta finge el “yo”, el “tú” y el “él” de manera
inconsciente, pero en su sinceridad se halla la verdad,
jamás en su biografía ( a lo sumo hay que pedirle
que la veracidad parezca auténtica, exigirle que la haya vivido,
que sea una experiencia asimilada de su yo velado).

A cualquier poema escrito por otra persona, lo primero que
le exijo es que sea bueno (quien lo escribió tiene una
importancia menor); a cualquier poema escrito por mi, lo primero
que le exijo es que sea genuino, reconocible, lo mismo
que mi letra, como algo que ha sido escrito, para bien o para mal,
para mi. (En lo tocante a sus propios poemas, las preferencias
del poeta y las de sus lectores a menudo se solapan pero rara
vez coinciden.)

Pero este poema que ahora me gustaría escribir tendría que
ser no sólo bueno y genuino: si ha de satisfacerme, también
debe ser verdadero.
Leo un poema de otra persona en el que se despide de su
amada entre lágrimas: el poema es bueno (me conmueve
como lo hacen otros poemas buenos) y genuino (reconozco la
“letra del poeta”). Luego, en una biografía, descubro que, por
las mismas fechas en que lo escribió, el poeta estaba harto
de la muchacha pero fingió llorar a fin de evitar una escena y
no herir sus sentimientos. ¿Afecta este dato a a mi apreciación
de su poema? En absoluto; nunca conocí a su autor
personalmente y su vida privada no es asunto mío. ¿Afectaría a mi
apreciación si yo hubiera escrito el poema?. Asi lo espero.

******************************

RESPUESTA DE W.H. AUDEN AL SENTIDO DE LA POESIA. ENTREVISTA DE 1965


Me abstengo de expresar mi sentido de la poesía en público, más que nada por que este mundo es tan frágil y paradójico que uno puede llega a ofender a otro de un modo inaudito por acercarse a una teoría estética o por defender un valor amado completamente ajeno a esa otra persona. Lo más increíble es ofender a alguien que ni siquiera ha cruzado dos palabras contigo por el sentido de un poema, o desilusionar a un lector porque descubre en tu biografía que sueles tomarte una copa de vino en el desayuno. Todo lo que sé de poesía (y de literatura, y de vida) lo he dicho en mis poemas. La mayor parte de mis verdades estan precisamente en mis elaboradas mentiras.

Cuando escribo nunca miento. Sólo soy palabra, tiempo, espacio, pronombres, ritmo, donde yace y se expresa mi experiencia, mi yo, mi memoria y mi deseo, mi tradición… lo que todo cambia y siempre permanece, lo que soy, el rostro que busqué y el que encuentro en cada uno de mis momentos, el que se transforma pasado mañana sin perder mis rasgos, sin dejar de ser yo…

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