Litchi y Swinny sont à Paris…
Para Clemence… cada vez que pienso en ella creo en el futuro…
Foto de Antonio Carrara. Paris, rue Saint Eleuthére
Nació en 1946, en Rusia. Comenzó a hacer fotos a los 19 años, pero decidió en un momento de su vida abandonar la fotografía y concentrarse en otras artes como la literatura y el cine. De su experiencia de esos años entresacó todo el sentido de su fotografía, y alimentó su deseo de expresar los sentimientos que le atormentaban mediante imágenes. En 1972 comenzó a realizar los montajes que lo harían conocido. En el 74 abandonó Rusia y se instaló definitvamente en los Estados Unidos.
Misha Gordin insiste en que su modo de componer sus fotos es similar al acto de escribir poesía.
Pesimismo
Se levantó, abrió la puerta y bajó al piso inferior, se dirigió a la máquina de café, saludó a Said y compró su desayuno, a continuación volvió a subir a la habitación, hacía frío, estaba oscuro, el día comenzaba tal y como había acabado, pensó en que confundir un principio con un final era la manera más desoladora de iniciar algo.
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Se levantó temprano, el día nacía oscuro, lluvioso, pero pensó que era un día más, otro que debía apurar para alcanzar lo improbable, lo misterioso. Podía ser el mejor día de su vida o no, pero había que vivirlo. Abrió la puerta y bajó al piso inferior. Se sentía protegida por aquellos muros envejecidos, por el rumor de las habitaciones, por la presencia de otros inquilinos como ella que, seguramente, habían tenido una sensación parecida. ¿Y si alguno hubiera hecho lo mismo en ese instante y los dos se hubieran cruzado camino de la máquina de café, y saludado casi al mismo tiempo a Said, y entablado después una amistosa conversación?. Tras cada monotonía vivida se esconde el sentido de lo que somos, a veces no nos sorprende, o incluso nos abruma, pero hay que tener paciencia y estar atento. Compró el desayuno, y el olor del café le hizo pensar en la cocina de su casa, en la sonrisa de su madre, en su gato correteando por las baldosas. Uno, cuando vive lejos de su lugar, tiene la sensación de que el tiempo es irreal, a menudo prescindible, pero ella se esforzó por descubrir en aquel café con leche algo familiar o en deleitarse tan sólo con los sorbitos diminutos y cálidos que le calentaban el cuerpo. El día comenzaba tal y como había acabado, y eso era cierto, pero quizá necesitamos de la repetición para acostumbrarnos a lo nuevo, y ella lo sabía, y quizá debía insistir en ello, comprender que casi todo, después de un tiempo, nos resulta familiar, y cuando algo alcanza ese rango, deja de ser desolación y se convierte en memoria, memoria que al darse sin emoción, deja de hacernos daño.
Andy García, cuando entró en el rincón donde está tomada la fotografía, el refugio de Londres donde Guillermo Cabrera Infante perpretaba sus obras, le preguntó, admirado por el número de libros que ocupaban la sala, si había leido todas aquellas obras, a lo que el escritor, haciendo uso de su conocida sorna, respondió: si, pero solamente una vez.
Obras de Guillermo Cabrera Infante
* Así en la paz como en la guerra (1960)
* Tres tristes tigres (1964)
* Vista del amanecer en el trópico (1974)
* O (1975)
* Exorcismos de esti(l) o (1976)
* La Habana para un infante difunto (1979)
* Puro humo (escrita en inglés como Holy Smoke, 1985, traducida en 2000)
* Mea Cuba (1992)
* Delito por bailar el chachachá (1995)
* Mi música extremada (1996)
* Ella cantaba boleros (1996)
* Vidas para leerlas (1998)
* El libro de las ciudades (1999)
* Todo está hecho con espejos (1999)
Siento que todo lo que soy estará muerto muy pronto. El mundo que concebí ha desaparecido, y lo que amo, quizá ya esté condenado a desaparecer. Todo gira muy rápido. Quizá estos personajes no sean más que los restos de una civilización ya extinguida. Pero mi deber es insistir ¿debemos dejar que alguien nos diga a la cara que en el futuro todo lo que amamos no existirá?. Quizá, como ha sucedido a lo largo de la historia, vivamos un renacimiento dentro de un par de siglos. Quizá hemos perdido la partida. Quizá el último hombre que conocemos ya nació hace años. Bienvenida al nuevo hombre; será carne de cañón.
Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quien fui yo.
Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican donde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie, nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.
¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquellos
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
Que me diga quien fui yo.
Miguel Labordeta. (Retrospectivo existente)