Cartografías

Dédalo-Delleuze-Cartografías (videopoema)

No sé exactamente de qué manera, pero todo termina por alcanzar algún sentido.  Tal vez somos nosotros quienes deseamos con tanto fervor que algunas de las cosas que vivimos lo tengan y así concebimos el orden, la metáfora que nos guía.

Hace algo más de un mes acudí a un entierro. Llovía a mares y me uní, a primera hora del atardecer, a la comitiva que recorría el camino de tierra del cementerio municipal de Valencia. Acompañaba a mi padre. Lo hacía porque a estas alturas tengo la sensación –sin ápice de culpa, sólo con la suavidad del agradecimiento- de que le debo un centenar de cosas, miles de inquietudes, alguna visión del mundo rabiosa y esa pequeña dignidad que me suele quedar ante lo descomunal del universo. Caminábamos despacio. Sostenía el paraguas que nos protegía del aguacero y en ese insignificante gesto deseaba poder ofrecerle todo el consuelo posible. Me sucede algo similar cuando un pequeño triunfo asoma en el paisaje yermo de mi existencia y lo primero que pienso es en llamarlo aunque esté a cientos de kilómetros de su casa.

Hace muchos, muchos años que dejé ese hogar alegre y, sin embargo, siempre he sabido que podía volver, regresar con la mochila cargada de dolores, emociones y nuevas derrotas.  Eso es impagable en un mundo como el nuestro, tan  despiadado e incomprensible. También sabía que la muerte de su viejo amigo lo dejaba huérfano, sin más interlocutor que yo en medio del tiempo vencido, de las alegrías esporádicas, de la ilusión por el pequeño Mateo y sus cuitas, sumido en el descubrimiento de internet o ante la exasperación frente a la crispación de esta pobre democracia, esa inmoralidad de los viejos tiempos autárquicos tratando de apoderarse del presente, de la poca paciencia y la impericia de este país para calmarse y decidir emprender algo juntos sin acritud. Mientras avanzábamos pegado uno y al otro, pensé en la cantidad de cosas hermosas que me había dejado y en la aguda necesidad de decírselo, de que lo supiera. Su fragilidad era en el fondo mi propia historia; una fragilidad rocosa, insistente y decidida, una fragilidad capaz de sobreponerse, de avanzar, de construir y enseñar, pero llena de esa inteligencia que duda, que evoluciona, que es capaz, a pesar de la edad a sus espaldas, de resistir. Deseaba decirle que él había convertido la paternidad en algo sagrado, que sus defectos se habían hecho avisos, sus miedos pequeñas valentías, sus extravagancias un modo de vida, sus pesquisas una guía para mis sirenas.  En ese instante, sujetando su pequeño cuerpo, pensé que todo guardaba un profundo sentido, que mis defectos eran cosa mía, que lo que me quedaba bueno nacía de él y que el tiempo había cobrado una razón lógica en ese paseo. Es difícil romper la incertidumbre entre los seres humanos, alcanzar el interior de los otros. Lo es también entre un padre y un hijo.

En agosto de 2008 colgué en este blog un poema llamado Cartografías. Es uno de esos pocos poemas escritos por mí que me satisfacen, y ante su relectura suele desaparecer ese rubor que asola mi rostro cuando me enfrento a la posibilidad de compartir mi escasa poesía. Cuando nos detuvimos frente al nicho del viejo amigo, mediada la ceremonia triste y desconsolada la familia que se aferraba a mi padre como naúfragos en esas escasas maderas que contienen alguna incierta salvación, le noté un temblor que recorría sus brazos. Entonces sentí de nuevo esa necesidad de explicarle en qué consistía mi existencia, este confuso despropósito de sueños incumplidos y vitalidad ciega. Deseaba describirle en qué medida su presencia había sido un regalo irreemplazable, único. En ese momento recordé el breve poema que había escrito hacía un par de años, también los largos paseos compartidos a su lado por la Sierra de Gúdar, la ayuda desinteresada ofrecida sin precio en muchos momentos aciagos de mi vida, la extraña sensación de imaginar una existencia en la que él no estuviera. Aquellos versos, construidos desde las premisas delleuzianas que tanto me obsesionaron algún tiempo, hasta que comprendí que ese mundo filosófico, esquemático y profundo, era en verdad extraño a los elementos emocionales que tantos años atrás me empujaron a amar la literatura, que no me servía para describir pasiones lectoras cuya esencia guardaba relación con hechos sentimentales y poco o nada tenía que ver con conceptos filosóficos, acudieron a mi memoria. Que más tarde llegara a afirmar que la lectura era un goce, una pulsión, un placer estético,  moral e intelectual, desmesurado que apaciguaba mi sed, el hambre o la insatisfacción, que me permitía adentrarme en otros mundos y en mi propia vida, y reconocer sin prejuicios ni titubeos que Don Quijote fue siempre humano, era una cuestión aparte respecto a las coordenadas estéticas que conformaron la composición de Cartografías. Esos versos, sin embargo, habían llegado hasta ese instante tan sólo para que pudiera decirle en unas palabras todo lo que había guardado de su mundo en mi alma, esas cosas a las que no pensaba renunciar a pesar de los pesares: la belleza de un sentido, de una lucha, una expresión modesta de su enorme humanidad aprendida durante años.

Entonces recité el poema en su oído, y él, que conocía aquellos versos desde entonces sonrió. Murmuró Cartografías: se sabía esas palabras de memoria porque sin yo intuirlo siquiera fueron importantes para encontrar algún sentido a su existencia, como si el premio hubiera sido en el fondo descubrir que tras las máscaras de su hijo mayor surgía su propia continuidad, distinta y tal vez imperfecta, pero impregnada del hálito con el que quiso insuflar de verdad a todo cuanto hizo. Fue consciente de que era un poema sincero y mi pequeño homenaje a la paternidad, a la figura de la paternidad que a lo largo de mis treinta y cinco años había conformado la relación con él, o con esa especie de padre conocido en otros, leído o entrevisto por casualidad, que constituye en su complejidad lo que yo más admiro del sentido de la paternidad.

Soy consciente de aquello que afirmaba ufano mi querido Oscar Wilde: que sólo la mala poesía es sincera. Pero nuestro admirado Wilde dejó a la posteridad no sólo una sólida obra literaria sino un sinfín de boutades del estilo. Nadie es perfecto. Creo de todas formas que el concepto de sinceridad debería ser desmenuzado a la Wittgestein antes de pronunciar semejante sentencia. En verdad, lo único que había deseado era escribir un buen poema que me sirviera para expresar  uno de mis mundos ideales, aunque esta vez el espacio, el lugar, los personajes, eran reales como el paraguas que sostenía bajo la lluvia protegiendo a mi padre, y no sólo a él como persona, sino lo que representaba a mis ojos: la dignidad del sueño, la capacidad de apretar los dientes y aspirar a la dignidad, la entereza de una ilusión de justicia, la necesidad de moral en un mundo amoral, la fuerza que guardé en ese instante y que llegaba desde su catalejo antiguo con el que oteaba el horizonte, de su afán por insistir en mis improbables sirenas en las que nadie creía.

El verano pasado, el resultado de las sesiones musicales con tres fanáticos, David Turksma, Thierry Gedigier y Daniel Ariño, músicos de vocación y de fe que frecuentaban de tanto en tanto mis poemas, dejó una canción de apenas un minuto y medio en la que Cartografías se arrancó de encima las premisas racionales y alcanzó a mostrarse ante mis ojos como un poema breve del que me sentía muy cercano al contrario de lo que me sucede con la mayoría de mis versos. No he tocado en todo el tiempo transcurrido desde su escritura hasta ahora ni una sola coma, ni he cambiado media palabra, algo tan inusual teniendo en cuenta mis eternas dudas.

En el pequeño  impasse de tiempo entre finales de agosto y principios de septiembre del 2009, pasando unos días en ese paraíso tan querido de la Sierra de Gúdar, en Teruel, el equipo que formábamos aquella hermosa expedición tomó la decisión de hacer un vídeo en torno al poema y a esa canción compuesta meses atrás. El resultado fue el Videopoema Cartografías. Debo confesar que tardamos un par de días en precisar la idea,  y cinco horas de grabación que forman parte de mis recuerdos más hermosos y divertidos de los últimos tiempos. El poema quedó guardado en la memoria de los que participamos, y apenas visionado en formato DVD por un puñado de amigos que lo celebraron.

Si la idea fue adentrarme en la paternidad a través de la palabra poética, el videopoema terminó por reafirmar el sentido de los versos. En febrero de este año, por una casualidad, un compadre nos habló de la posibilidad de distribuirlo en algunos festivales y de participar en algún posible premio. Sostengo la alegría de haber conseguido, junto con las personas que participaron en su creación visual, que la pequeña pieza se haya visto en unos cuantos rincones del mundo. Es posible que técnicamente el vídeo no pueda ganar una competición cinematográfica, así que asumo el destino del mismo y no quiero entrar en mayores valoraciones, al fin y al cabo, primero fue un poema –un homenaje-, y el resultado posterior no es otra cosa que la posibilidad de alcanzar a un público que jamás leería poesía. Pienso que Cartografías alcanza a representar a través de los versos, las imágenes y la música, una digna metáfora que me apetece compartir.

Para colgar el poema en agosto del 2008 utilicé una fotografía de Robert Capa en la que aparecía Ernest Hemingway y su hijo, la misma que encabeza estás notas. A pesar de la escopeta, la imagen representó a mis ojos esa poética de la paternidad respirada. Sólo espero que mi padre sepa la razón de éste impulso, el porqué de esas palabras que en el fondo son suyas, esta ilusión de construir un pequeño regalo a los padres pacientes que como el mío siempre estuvieron dispuestos a buscar a nuestro lado a las sirenas.

Al final todo termina por alcanzar un sentido.

Transcribo el poema una vez más.

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CARTOGRAFÍAS

(La literatura moderna no puede ser otra cosa que Cartografía. Delleuze)
A Miguel Ariño, mon père…

En estos lugares se brilla poco. Todo oscuro, imperfecto y ronco.

Mi padre mira a lo lejos;

guarda su catalejo antiguo, el rumor de otro mundo.

A mí me quedan sus palabras, los ojos azules clavados en mi rostro,

la eterna sonrisa del barquero que me conduce por el lago

y la sensación de alcanzar alguna orilla en la que reposar tus vestidos.

Esto es un viaje alucinante al murmullo de la nada,

a la quietud de estar a punto y no llegar,

de conocer y derramar la poesía en el influjo de esas caderas de aire.

Otea el horizonte una vez más, padre, quizá encontremos

por fin a las sirenas.

Copyright Jimarino2008

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CARTOGRAFÍAS

28 replies »

  1. Querido amigo, tu texto, tu homenaje, tu honestidad encarnada en las palabras, tu voz de Ulises siguiendo el rastro de ese padre y ese hijo que avanzan de espaldas al pasado, “entre islas de conciencia” como digo en un poema, me han emocionado. Un fuerte abrazo

    • Querido Antonio;
      Tus palabras suponen de nuevo un motivo de dicha. Sé que me repito, pero ese comentario viniendo de un escritor como tú, me empuja a apretar los dientes y a seguir. Como siempre espero que esté todo lo bien que deseo, y siento una curiosidad enrome por ese poema que mencionas. Dame alguna referencia más, porque no he leído versos escritos de tu mano y siento una profunda curiosidad. Me ha gustado la mención a Ulises, es una referencia cartográfica delleuziana que me obsesionaba, más que nada la figura de Homero, cuyo mito, esa imagen del vagabundo ciego, tan falsa y tan hermosa, lleva años rondándome por la cabeza con alguna intención literaria. El abrazo te lo devuelvo lleno de afecto.
      Una vez más, gracias por entrar en Los perros de la lluvia.

  2. Un post tan bueno que lo he leído varias veces.Emotivo,poético y sincero.No se si te pasa a tí lo mismo,pero Ernest Hemingway es uno de esos escritores que vuelves siempre a pesar de que escribió malas novelas,pero siempre vuelves a él.Cuando hablas de la cartografías me has hecho pensar en uno de mis relatos favoritos;Colinas como elefantes blancos.Hemingway sitúa allí a una pareja que están discutiendo y nosotros,los lectores,llegamos tarde para saber qué es lo que ocurre,quiénes son,de qué discuten,etc.
    Me repito;has escrito un post maravilloso.Me has emocionado de verdad.

    • Francisco;
      Gracias por dejar tus exquisitas huellas en este blog, y por expresar con ese afecto tus impresiones por el texto. Que te haya emocionado me llena de felicidad. Es un pequeño homenaje que deseaba compartir con los míos en Los perros de la lluvia, y que lo hayas leído me entusiasma. Efectivamente, El Hemingway novelistas -quizá a excepción de Fiesta, que siemrpe me ha parecido una novela perfecta sin saber exactamente por qué, está muy por debajo del excelente cuentista que fue. Conozco el cuento pero he olvidado muchas cosas, así que prometo sacar de mi polvorienta biblioteca el libro y cumplir una reelectura en tu honor. La clase y la maestría de Hemingway como cuentistas está hecha como dices de sus elipsis. Un maestro, heredero directo de Chejov con una vena heroica que emociona, tan comedida como efectiva.
      Me alegra muchísimo que el texto te haya emocionado. Es lo menos que puedo hacer por mi padre y su catalejo. No sé cuando cojones dejará de ayudar a los que le rodean a buscar a sus sirenas. Espero que muchos años y que cunda el ejemplo.
      Un abrazo muy fuerte, compadre.

  3. Si no recuerdo mal, fue ese poema el que me enganchó al blog, o tal vez fuera Mística de la extinción, ya no recuerdo. Lo cierto es que el poema ha cobrado una vida mayor aún con tu texto, no porque modifique la belleza de cada verso, sino porque explica aquello que sugería. Enhorabuena una vez más. tengo la sensación de que aunque no tengas tiempo, obsesionado como estás con ese asunto, como poeta no tienes límites, que tu voz es reconocible, hermosa, exacta y original. A veces no sé si prefiero tus pesquisas literarias o tus versos. cartografías, como decía más arriba Antonio Tello, me remite al mundo de la Odisea. Tal vez esa esa una buena señal de tu alcance; estás cerca de los mitos, y no lo digo en broma. El título del artículo curioso, una mezcla agradable que me trae buenos recuerdos (Dédalo-Delleuze-Cartografías). Un visión interesante acerca del futuro de la literatura. Como en los demás comentarios, he sentido una intensa emoción ante tus palabras, la música y las imágenes del vídeo. Creo que hacen honor a la belleza de un poema maravilloso.

    Un abrazo.

    • Como siempre tan generoso, Carlos, tanto que me surge una sonrisa y me abruma. No sé si son mitos de otros, aunque es verdad que son los míos. Este poema me reconforta cada vez que lo leo, y eso es algo que me suele suceder poco. Colgarlo de nuevo con la excusa del videopoema me produjo una extraña sensación de regreso, lo mismo que escribir esa música para su construcción poética. La odisea, tal vez, porque quizá todo termine por remitir a ella. La literatura con un futuro de pequeñas cartografías silenciosas que apena se hojean y sin embargo despiertan un pequeño hálito de esperanza. Me alegra profundamente esa emoción, porque trato de contrastarla con cuanto me rodea. Que te guste el vídeo colma la esperanza que me empujó a realizarlo. Como siempre, una y mil veces, gracias por aportar siempre tu lúcido granito de arena a Los perros de la lluvia.

  4. Querido Jimarino, mis poemas tienen la misma sustancia que mis cuentos y novelas. El verso que cito pertenece a Sílabas de arena (Candaya, 2004), libro que incluye un CD con el recitado y música compuesta por Jorge Sarraute. La cerveza sigue pendiente. Un abrazo

    • Antonio;
      dentro de unos días me marcho, así que no sé si tendré tiempo de acercarme a alguna librería. Tomo nota del libro de poemas, será un gusto degustar tu poesía. Ojalá pueda ir a Barcelona después del verano. La cerveza compartida será un placer si podemos vernos un rato.
      Un abrazo muy fuerte y feliz estío bochornoso.

  5. Brother, sabes perfectamente que no soy nada sutil pero te felicito por este bloc tan estupendo. Que injusto es el mundo, Maruja torres publica y tu no,Aznar fue presidente, no te parece demencial hermano?.
    Tu y yo somos un par de gatos callejeros,solo queremos correr donde no quede nada. Hoy la poesia se indigesta, el mundo esta lleno de mierda. Como desviar la mirada observando la sonrisa de Titun amigo, nuestra vida veremos pasar entre nuestras manos.

    Esto no es politicamente correcto Evo, pero ya sabes que soy un impresentable, admiro que de los truños saques poemas tan hermosos. Inventemos una bomba que solo mate gilipollas, no hay mas fe que la que el alma guia. Le diria a cara de picha Camps, que las palabras controladas y medidas se las meta por el culo.
    No estoy presente tampoco ausente, mas bien perdido en el ambiente, de esperar casi desespero para seguir hace falta echarle huevos. Me quedo con la magnifica frase de Willian Faulkner( Entre la pena y la nada me quedo con la pena),desesperacion positiva, para llegar hay que empezar, para morir hay que vivir primero.

    Hay un sector de señores a los que placidamente les diria, marchad malditos a la puta mierda.
    Besazos de tu hermano de el alma Paquito. Desde la barrera nunca pasa nada, paradoja?….

    • Paquito;

      Una vez más rabioso, como a mi me gusta. Gatos callejeros en un interminable vals de noches inacabables y alcohólicas. ¿Cuantas cosas amamos antes y ahora? ¿Cuántios se quedaron ene el camino?. Los ecos de ese relámpago que siempre nos iluminó ¿De dónde nos viene esta pasión por la pena?. cartografías es, de todas formas, un poema alegre, pero entiendo algunas cosas de tu exhabrupto. es como para estar hasta los cojones. En fin, me quedo con la frase de Faulkner. Prefieron la pena que la nada, aunque te diría que no te regocijases; ya sabes que vivir tiene un punto estético, pero no lo conviertas todo en mito, brother, nos quedan cosas por vivir, ya lo sabes. Es cierto, y espero que tomes nota de tus propias palabras; en las barreras nunca pasa nada…
      Un beso y muchas gracias por andar por estos lugares.

  6. Suele haber algo en tus posteos que me toca de una manera profunda e inexplicable… sería muy largo detallar historias personales, pero este homenaje a tu padre, a la paternidad, me vuelve a la idea de las coincidencias. Vivo lejos de mi ciudad de origen y viajo allá con poca frecuencia, pero acabo de regresar y de estar con mi padre. No lo veo seguido. Ha sido un encuentro cargado de sensaciones, de sentimientos y encuentros y aprendizajes y melancolía. Y de verdades. Quizá la paternidad nos deja sensaciones similares: ese catalejo antiguo, ese rumor de otro mundo que nos acerca y nos aleja a uno del otro al mismo tiempo. Hay tanto más que tu texto me dice, se mezcla con lo que yo misma recuerdo y siento a esta altura de nuestras vidas… Hace poco tiempo me decidí a poner frente a él en palabras las cosas por las cuales lo quiero y lo admiro, después de años de no atreverme a hacerlo.
    Sólo te diré algo más, porque este espacio es limitado y no quiero abusar de la atención que tan amablemente dedicas a tus lectores: que mi padre es agrimensor (ahora retirado), que anduvo y midió muchos caminos y que en sus últimos años de actividad fue llamado para dictar una cátedra en el profesorado de Geografía del pueblo: Cartografía.
    Cómo dejar de venir a leerte.
    Un abrazo fuerte.

    • Luzdeana,
      Con pequeñas historias como las que me escribes lejos de ocupar un espacio limitado lo enriqueces, así que escribe cuanto quieras. Me ha conmovido tu historia y esa casualidad de la Cartografía. Me ha producido un hermoso sentimiento de cercanía. tengo que darte yo a ti las gracias por este hermoso comentario acerca de tu padre, que en le fondo, es la misma historia de la paternidad con el mío. Cuando colgué por primera vez el poema en el año 2008 tuve varios correos despreciando a las sirenas paternas que ese Dédalo e Ícaro buscaba. En realidad eran la sirenas del hijo, son las sirenas que el padre trata de ayudar a encontrar, y no los sueños incumplidos de un padre demasiado soñador. Cuando uno es padre, tengo la sensación de que las siernas que acompañan una vida se van disipando, y el lugar queda ocupado por los sueños del hijo. Este era un poema para padres hermosos, pero al fin y al cabo padres. Tu interpretación y tu relato amplian y mejoran mi texto. Me siento feliz de haberte leido, de saber de esa historia de distancia que me cuentas, de que las palabras catalejo y rumor de otro mundo te hagan pensar en tu propia vivencia de la paternidad. Cómo dejar de gozar con tus palabras…

      Un beso muy fuerte.

  7. He seguido tu espalda y la de tu padre. Mi mirada os seguía por este camino que es el mundo. Que entrañable siempre la mano en el hombro. Tu voz te leía tus palabras tu cartografía. Unos pasos que avanzaban más allá, porque siempre hay el horizonte y alguna cosa nos empuja a activar la marcha, sin olvidar que tenemos una proyección en nuestra espalda y un catalejo en nuestro bolsillo interior para llegar a la torre más alta para leer lo que escribe la linea entre la tierra y el mar.

    Creo que hay sirenas. Eso dicen.

    Un abrazo y hasta pronto. En esta lluvia que no cesa
    Olga

    • Olga,
      Muchas gracias por el hermoso comentario que dejas. De alguna forma me siento explicado por tus palabras, porque a pesar de la presunta inocencia, el camino es frondoso y lleno de pinchos, porque en el pasear tranquilo del padre y el hijo surgen todas las desavenencias y los encontronazos, porque descender por ese sendero ha costado treinta y tantos años de mi vida. A pesar de todo Cartografías, pienso que es algo más que un retrato biográfico, mucho más que el mapa de una relación personal. Catalejo y camino, palabras de otro mundo, orillas de reposo y las sirenas son, como tu dices, el panorama de una búsqueda, el sinsentido de un proceso al encuentro de un sentido. Los puntos de fuga delleuzianos me sirvieron de grito sordo al menos un tiempo. tengo la sensación de que la raíz, el espacio común que nos une a nuestra historia, tiene todas las claves del cambio, la esencia de la capacidad humana para reinventarse y progresar. Creo que el mundo mira demasiado hacia el presente y olvida demasiado pronto el pasado. Vivimos la angustia del futuro sin saber siquiera de donde venimos, sin mirar atrás, creyendo saberlo todo en esta huida hacia adelante. Te agradezco una vez más el comentario y la generosa lectura.
      Yo también creo que existen las sirenas. Necesito creer en ellas
      Un abrazo.

  8. En este momento sólo puedo decirte lo que antes decían muchas mujeres cuando les gustaba una película:
    ¡Qué bonita era, he llorado tanto!…pues eso ‘cabrito’ (con perdón y mucho cariño), que
    como siempre (esta vez todavía más cercano) REMUEVES. Y eso me gusta mucho, mucho.
    Bss

    • Olvido
      Qué susto me has dado otra vez, con ese qué bonito. Inlcuso me has hecho dudar de mi punto sentimental, que tantos años he tratado de domar con otras virtudes para no parecerme a los escritores de novela pegajosa, tan afines el éxito y al público poco iniciado. Luego me lo aclaras y respiro, Olvido, y es que a veces me resultas como una mirada justiciera que me pone en mi sitio cuando me paso de listo o de popular. A veces espero tu entrada en Los perros de la lluvia para tantear el pálpito de una duda. No paro de darle vueltas a las cosas que escribo, de ahí mi inamovible descreimiento. En fin, si te he “removido”, me siento ganador de un combate desigual, y lleno de satisfacción, of course. Nada es perfecto, y los caminos son áridos y duros, así que grabar ese paseo cogido del hombro de mi padre, o escribir hace unos dos años el poema Cartografías, es la conclusión de un largo proceso en el que podía haber contado otra cosa distinta para llegar hasta aquí. Toda emoción humana está hecha de contradicciones y malentendidos, aunque esta vez opté por dibujar uno más de mis paraísos ideales, quizá porque la conclusión de todo un mapa recorrido me permite pasear con esa tranquilildad afectuosa y cómplice junto a mi padre. Nos hemos ganado, y él, mi viejo, siempre fue un tipo, a pesar de los pesares, capaz de buscar a mis serenas incluso en periodos de distanciamiento y bronca constantes. Si quería agradecérselo, debía mencionar la conclusión de un esfuerzo común por entendernos, que aún hoy en día, después de tantos años, tratamos de seguir manteniendo. Pero como siempre, cualquier símbolo me resulta costoso, y en este caso, la paternidad dibuja el sentido de una búsqueda, no sólo la mía sino la de todos con sus diferencias y sus particularidades. Que te guste, una vez más, Olvido, me llena de alegría. te perdono el cabrón por empatía natural y ese cariño que me tienes… sigue por aquí…
      Un beso muy fuerte

  9. No debes apurarte ni dudar un ápice del punto sentimental, está domado, retenido en su justa
    medida, aunque no se nota que tiras del ’bocado’ para poder ir al trote sin desbocarse.
    De veras que me emocionó, pero yo tampoco quería ser ’blandita’ (en la voz de una mujer queda todavía más ñoño).
    Que te voy a contar de la duda que recorre la escritura, cuando hay veces que esa duda le deja a uno suspendido en un continuo porqué sin contestación. Te entiendo bien, seguramente esa empatía natural me hace acercarme a un tema , para mí, tan querido y sensible como este, ya que tuve la enorme suerte (tú lo sabes) de tener un padre con el que busqué (a pesar del enfrentamiento) sirenas donde ni siquiera existía la posibilidad que existieran .
    No se cansó jamás de mostrarme lo que no se ve, de regalarme el día del no cumpleaños…en fin
    Sigamos buscando.
    Un besazo

  10. Estimado jimarino:

    Tengo la sensación que la mejor literatura no se encuentra en los libros de papel. Cuando leo tú página no deja de sorprederme la calidad y la profunda emotividad que se desprende de tus textos.
    No se me ocurre mejor homenaje a tu padre que la descripción que has trazado. En ese momento intimo en que le proteges con el paragua de la lluvia te percatas de todo lo que le debes. Es pura prosa poética.
    El tema del padre es tan fundamental que cuando nos falta nos damos cuenta que nunca llegarémos a madurar. Me emocionaron también mucho la copla a la muerte de mi padre de Manrqiue y la carta al padre de Frank Kafka que especialmente recomiendo.
    Por último quería felicitarte una vez mas por tu aportación y desear a tí y a los tuyos un feliz verano.

    • Jose Maria;
      gracias por el generoso comentario, me llena de alegría, y te doy la bienvenida a Los perros de la lluvia. Me parece muy atinada esa frase que escribes, La ausencia del padre impide la madurez, lo mismo que el su excesiva presencia la limita. Cuando empecé a escribir el texto pensé en alargarme algo más utilizando las cartas de Kafka a su padre tan terribles en la descripción de su relación como él como magníficas obras de arte o La invención de la soledad, ese pequeño libro de Paul Auster sobre padres desparecidos, e incluso el ensayo de sartre sobre Rimbaud. Luego desistí, quizá porque prefería hablar de otro tipo de padres, presentes y dispuestos a buscar a las sirenas. Sobre las Cartas de Jorge Manrique reconozco haber cambiado de opinion hace unos años al releerlas. En el insititudo las detesté, las ponía como ejemplo de lo que no me interesaba en poesía. Al vover a retomarlas me di cuenta que a mi juiico le faltaba experiencia. La segunda lectura ha sido maravillosa, así que suscribo su introducción en el comentario.
      Gracias por la felicitación y espero que el verano sea al menos intenso.
      Hasta otra visita.

      Un abrazo.

    • Querida Madison;
      Me cuesta tanto escribir, encontrar cosas que me entusiasmen de nuevo con tan poco tiempo para hacerlo… tu comentario me hizo sonreír y emocionarme ayer. Es hermoso que te echen de menos. Sigo por aquí, aguardando algún respiro. Vuelvo pronto y sé que estás.
      Un abrazo muy muy fuerte

  11. Apreciado Ariño,

    Las sirenas buscan a los marineros en los cuartos oscuros de los meses que suceden y ya nunca regresan. Hay días que parecen alejarse mientras vosotros en la pequeña isla esperáis el aguacero.
    Las cortinas del agua taponan los oidos y no sabéis que, ocultas tras las espesas algas, aguardan a que caigan las hojas del otoño.
    Ya llegaron y sin embargo, vuestras miradas se han quedado prendidas en la linea que separa mar y cielo.
    Un pequeño gesto y las vereis en la arena descansando del viaje de otros tiempos.

    Un abrazo,

    Estel J.

    • Como en los viejos tiempos, un hermoso comentario de mi sirena me alegra el espíritu.
      Un regreso inesperado, una tarde de domingo sin brillo, quieta en la luz de este otoño que no viene. El problema es que al igual que sucede con los marineros que no ven a las sirenas agazapadas entre las espesas algas, muchas veces las sirenas no encuentran el rostro y los gestos al otro lado de la ventana, frente al chaparrón, de los marineros. Lo peor que puede hace una sirena es interpretar la brújula de los marineros a la ligera, o juzgarla con superficialidad, o no interesarse en verdad por sus itinerarios y cartografías. Son de carne y hueso, como los espantapájaros, hechos de deseo y sangre. Hay marineros que quizá no sepan expresar la calidad de los recorridos, tampoco la dureza de aquello salvaje e irremediable, a veces ni siquiera el sentido de sus lágrimas de angustia o las enormes olas de alegría que inundan su dulce devenir, su terrible pasión vital, pero quizá deban ser perdonados, o examinados bajo las sombras de otra luz. Nada hay más vital que el deseo y la imaginación, y el orden no altera el producto. Aún así este poema es de sirenas sin cola, de sirenas sin escamas ni senos ni cuerpo, es a lo sumo un compendio de sirenas de sueño, es la paternidad que se ofrece en las orillas desiertas, el espejismo de todas las vidas acumuladas que ya suman docenas entre los mares bravíos y las playas homéricas en las que tumbarse desnudo y aguardar la luz del día.
      Estos marineros necesitan mapas más claros, rumbos menos ambiguos y direcciones firmes. Para la amistad tienen las tabernas y la ebriedad. A veces sólo les falta el vaivén del mar, que es como la cópula de los mares contras las costas.
      Celebro este efímero paso de palabras sólidas, comme d´habitude.
      Tenía algunas espinas clavados en los brazos, un eco impreciso de desconfianza y hartazgo. Me alegra sentirte.

      Un beso muy fuerte.

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