Un poema de Bolaño sobre las razones irracionales por las que uno termina por convertirse inevitablemente en escritor

Publicado en mayo 30, 2010

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Ayer me di cuenta de que llevo la mayor parte de mi vida entre libros, que la literatura fue una especie de apuesta con la existencia, una elección a priori -o eso es lo que pienso demasiado a menudo- antes de conocer siquiera el mundo. No podría concebir todos estos años transcurridos sin ese puñado de escritores que adoro, ni siquiera sabría lo que hacer si esas madrugadas en las que me levanto con el cielo todavía anochecido no estuvieran saturadas y alimentadas de literatura, espacios y suspiros que mi vida cotidiana me permite para seguir cultivando un universo de palabras. No sé cómo hablaría o como contemplaría el mundo sin las palabras de la poesía o la literatura de mis sueños, cómo aprovecharía la existencia sin el eco incesante de esta vieja tradición humana. Quizá por eso algunos de los muchos correos recibidos a raíz del anterior texto y algunos de los comentarios me sugieren la necesidad de afirmar que a pesar de la veracidad de muchas de las ideas del famoso escritor, no comparto sin embargo todos sus puntos de vista -aunque sí la esencia de su discurso- y creo que algunos lectores tomaron su confesión como cinismo siendo a mi juicio, por el contrario, un grito de tristeza y esperanza entremezclado con la amargura de atisbar un final próximo. Lo neguemos o no, estamos en cierto proceso de extinción, aguardando el milagro de que por alguna bendición Félix Rodriguez de la Fuente aparezca de repente resucitado y nos ayude a reproducirnos de nuevo en otro ecosistema menos hostil.

Aún así, el mundo está lleno de locos hermosos como afirmó Baudelaire, que llenan el aire de bellas extravagancias y de destinos imposibles, y nos otorgan al menos el alivio de pensar que hay otra forma de vivir y pensar.  Un correo de hace unos días me hizo arrpentirme de ciertas ilusiones que yo mismo construí a través de las palabras de los otros, y tal vez por eso me pareció tan valioso el  texto de nuestro escritor. Una cosa muy distinta es hablar de literatura y otra de su repercusión o sus posibilidades sociales o prácticas. Un joven me avisaba de su desesperado combate por escribir, de ese deseo incontrolable de no hacer otra cosa, con la consiguiente oposición y desprecio por parte de todos aquellos que conformaban su vida. En su soledad de escritor y lector, me pedía ayuda como si yo tuviera alguna varita mágica. Pensé en un poema que Bolaño dejó inédito en vida y que encabeza ese volumen póstumo titulado La Universidad Desconocida. Bolaño siempre me pareció como narrador muy superior a su condición de poeta, sin embargo recuerdo con nitidez estos versos porque estaban llenos de esa furia que en el fondo nos empuja a seguir escribiendo para nadie o para nada. Una vez me sirvieron, hace mucho, y espero que al muchacho le ocurra lo mismo. Le pediría de corazón que siguiera adelante por todas las razones que alberga la vida en su seno y que por tanto se hallan contenidas en la literatura.

Roberto Bolaño escribió el poema cuando no era conocido, cuando  peleaba en silencio por construir esa obra que ahora admiramos. Entonces ni siquiera imaginaba su futuro destino de escritor. En verdad siempre estuve más cerca de esas palabras que de las del irónico autor del correo. Quizá basta con saber que ambas posturas hablan de ámbitos distintos de la literatura, pero seguramente Bolaño y el escritor anónimo podían haber sido amigos -sino lo fueron- o al menos se hubiesen entendido. Los dos se plantearon este oficio a su manera para alcanzar un lugar semejante, aunque sus destinos terminaran por ofrecer una visión de las letras diferente.

Un pequeño homenaje a todos los que escriben o intentan hacerlo, también a Roberto Bolaño y a los viejos sueños de nuestro escritor sincero.

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MI CARRERA LITERARIA


Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad

también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,

Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los

lectores…

Todos los gerentes de ventas…

Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro

para verme a mí mismo:

como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.

escribiendo poesía en el país de los imbéciles.

escribiendo con mi hijo en las rodillas.

escribiendo hasta que cae la noche

con un estruendo de los mil demonios.

Los demonios que han de llevarme al infierno,

pero escribiendo.

(Roberto Bolaño. Octubre de 1990)