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“UNAS CUANTAS RAZONES PARA QUE CUALQUIER MUCHACHO CON DOS DEDOS DE FRENTE NO COMETA LA ESTUPIDEZ DE PRETENDER CONVERTIRSE EN ESCRITOR”- (Un correo inesperado)

Hace unas  noches me encontraba sumido en una irrealidad de ginebra junto a mi sobrino David Turksma, cuando el ordenador portátil abierto al raso de la terraza emitió un pitido familiar: el outlook avisaba de la recepción de un correo electrónico. A simple vista nada extraño. Recibo bastantes a diario, y a esas horas nocturnas y somnolientas trato de contestar a los que puedo mientras apuro como la reina de Inglaterra mi gin tonic de buenas noches. Debo decir que aunque no se trata de una costumbre demasiado saludable tampoco es la peor de todas. Conozco ilustrísimas damas y caballeros que optan por soportar sus existencias a través de los tranquilizantes; los hay adictos al gimnasio, al footing y al tai chi; viciosos noctámbulos; traga televisiones a oscuras, lectores insomnes bajo un flexo de luz pálida, incluso gentes del yoga en aulas anochecidas o partidarios de la meditación; también futboleros inconsolables y jugadores de consola… allá cada cual con su método, francamente. Pero volviendo al asunto fundamental,  aquel correo que leímos anonadados mi querido sobrino y yo venía encabezado por un asunto que he convertido en el encabezamiento de este texto, y firmado por un conocido escritor, cuya identidad, a petición suya expresa, no puedo revelar.

“UNAS CUANTAS RAZONES PARA QUE CUALQUIER MUCHACHO CON DOS DEDOS DE FRENTE NO COMETA LA ESTUPIDEZ DE PRETENDER CONVERTIRSE EN ESCRITOR”

Le dije a David, que aún llevaba la guitarra colgada del hombro después de unas suaves melodías entonadas minutos atrás al aire libre, que el mensaje debía ser alguna broma proveniente de la turbia imaginación de cualquiera de mis amigos, todo ellos bastante leídos y gustosos de la ironía. Cada vez estoy más convencido, por razones que no puedo confesar, que no se trató de una broma.

El autor comenzaba su exposición mencionando que desde hacia aproximadamente un año había seguido todos mi insistentes recorridos literarios con simpatía. Afirmó sin titubeos que alababa mis gustos –aunque los calificó de heterogéneos-, así como mis esfuerzos por poner una digna pica en Flandes en esto de las letras, y que, ante todo, se dirigía a mí porque estaba convencido de que debía ser un buen chaval con educación, fatigado de vez en cuando de observar el mundo, y con una escritura cuanto menos apañada y a menudo atinada, algo a celebrar en este desolador panorama.  A partir de ese momento, y expresadas las razones por las que él no podía publicar en su nombre estas palabras teniendo en cuenta  su prestigio y lo ácido de su contenido -no hay que tirar piedras en el propio tejado ni cagarse encima de quien nos da de comer sin pensar en las consecuencias- escribió lo siguiente, no sin antes exigirme que bajo ningún concepto debía revelar la fuente:

Negaré mi autoría, nadie te creerá y será como caer antes de empezar.

Debo decirle al novelista que no suelo traicionar a nadie, o al menos es lo que he pretendido media vida.

Hechas las presentaciones y expuestos los motivos, anunció que iba a ofrecerme un ejercicio literario para que lo colgase en Los perros de la lluvia si lo creía oportuno. Al tratarse de un texto no solicitado, añadió, no le importaba demasiado que lo hiciera o que decidiera silenciarlo: allá tú.

Se trataba básicamente de extenderse en la explicación del enunciado, de justificar ese lema:

“UNAS CUANTAS RAZONES PARA QUE CUALQUIER MUCHACHO CON DOS DEDOS DE FRENTE NO COMETA LA ESTUPIDEZ DE PRETENDER CONVERTIRSE EN ESCRITOR”.

Trataré de hacer un resumen ajustado a sus palabras.

Comenzó afirmando que a pesar de su exabrupto no estaba dispuesto a renunciar a una tradición sostenida por siglos de esfuerzo y lucidez, pues eso sería imperdonable en alguien que admira profundamente la historia de la literatura. Consideraba la literatura como una de las invenciones más maravillosas, completas y extraordinarias de la razón y la creatividad humana, capaz de reflejar el mundo e incluso de reinventarlo, donde cabía el tiempo y el espacio, los dos grandes límites y enigmas de todo lo humano. A tal argumento añadió varios nombres como ejemplos de esa capacidad: a Shakespeare, Cervantes, Rabelais, Hawthorne, Proust, Joyce, Quevedo, Mann y Virginia Woolfe. Una lista canónica sin duda, nada extravagante, que no terminó y dejó finalizada en un suspiro de puntos suspensivos. Entonces escribió el punto primero.

1) Estos breves consejos están encaminados al hecho de escribir y por tanto no afectan al hecho de leer. Los autores nombrados y otros muchos constituyen un ejercicio intelectual y moral muy provechoso para el lector. No se trata de reducir el papel de la historia de la literatura, sino de cómo el mundo en su intolerable reducción dejará pronto de comprender a sus maestros, y lo peor, llegará a olvidarlos hasta tiempos mejores. Hay que leer, y mucho, para comprender lo que quiero decir; aunque puede bastar con pasear los huesos cansados y los ojos ávidos por cualquier librería para alcanzar esa conclusión. Hojear los argumentos y las primeras páginas de las cientos de novelas que pueblan las estanterías de novedades puede provocar una intensa depresión. Analfabetos funcionales, graciosillos de chiste, iletrados apóstoles de la modernidad, somnolientos repetidores del siglo XIX, mujercitas enfurecidas y sensibleros artefactos, se lo ponen muy difícil a Jorge Luis Borges y a Stendhal, por poner dos ejemplos comparativos de nivel. Mi primer consejo para el pobre muchacho desgraciado que pretenda escribir es que lea y abandone esa absurda idea de rellenar hojas en blanco con un sinfín de sandeces que además ya fueron escritas y mil veces mejor de lo que el chico alcanzará jamás a conseguir probablemente.

En el segundo punto, el escritor introdujo en su argumentación aspectos socioeconómicos. Recuerdo a David Turksma desternillarse con la traducción improvisada mientras nos hacían efecto las burbujas alcoholizadas de ginebra y se reunía en torno a las carcajadas mi querida Severine. El autor consideraba una ridiculez el asunto de escribir, básicamente porque había pocas actividades menos rentables económicamente hablando. Años y años de lecturas y miles de páginas escritas hasta alcanzar apenas un puñado que el narrador o el poeta considera dignas, cuyo pago final no pasa de lo que cobra un abogado en un mes por defender divorcios improbables, vergonzosas infidelidades o asuntos de colisiones entre vehículos. El fino humor de nuestro anónimo interlocutor escribió lo siguiente:

2) Acaso resulte ridículo dedicarse en este mundo nuestro a actividades poco o nada remuneradas. El joven podría tentar la suerte del pop o las bendiciones de una sólida carrera científica. Haciendo cálculos sobre los beneficios que he podido alcanzar en estos cuarenta años de profesión, me sale una cifra de 33 céntimos de euro la hora. No pretendo aburrir a nadie con los cálculos a los que me he dedicado a conciencia durante una semana, introduciendo en la ecuación variables temporales y cuantitativas sobre la dedicación realizada al asunto literario y sus cobros. Simplificando, he contando las horas transcurridas frente a la máquina de escribir y posteriormente delante del ordenador, he adicionado las lecturas profesionales necesarias para mis ensayos y textos críticos -sólo he contado aproximadamente el 10% del tiempo que he pasado leyendo, quizá por una concesión al placer que he sentido, y considerando que el placer no debe quedar englobado en estos cálculos economicistas-, y después he ido calculando con una horquilla de error del 5% máximo los ganancias obtenidas por mis distintos escritos, teniendo en cuenta que  en los últimos quince años he podido holgadamente dedicarme a esto de las letras. Resultado de todo, la cifra es demoledora. Existen pocas profesiones cuya formación exija tantas y tantas horas leídas y escritas, que además obligue a partir de cierto momento a la madurez –no existen obras maestras sin la madurez a pesar de alguna excepción que confirma la regla, como Rimbaud, por mentar a alguien-, con toda la experiencia que conlleva detrás, o que no permita encima, si se tiene algo de pudor, caer en la mera repetición y deba huir de actos rutinarios, y todo ello, señores, todo, todo ello, supone una media aproximada de 0,33.- Euros en mi caso. Comparando la rentabilidad del asunto, debo concluir que la literatura no debe traspasar la barrera del placer para nadie. No digo yo que en este mundo tan absurdo en el que abundan los farsantes y los oportunistas, los advenedizos y los sinvergüenzas, no haya gentes que mejoren esa remuneración, pero no voy a entrar en ese tipo de autores; voy a referirme a aquellos que tiene algún respeto por el arte literario y sienten alguna clase de responsabilidad hacia su tradición. Es mucho más rentable para un mequetrefe –o lo ha sido hasta ahora en vista de la situación actual del mercado discográfico- grabar un disco, hacer una película u optar por la artesanía de los mercadillos. A ese muchacho inocente que pretende ponerse a escribir, le aviso de la patética remuneración que le espera sino le asisten circunstancias extraliterarias, y eso considerando que, como es mi caso, a cierta edad algún éxito le permita mantenerse con cierta suficiencia, gane algún premio que suponga peculio adecuado, y edite regularmente a un precio razonable. No mencionaré, por que la ruina es absoluta, a aquellos que pretendan dedicarse a la poesía.

3) Al punto 2) la añado ahora las consecuencias. Teniendo en cuenta que esos que llaman escritores jóvenes –no quiero ahora referirme a esperpentos bukoswkianos o juveniles a quienes inflan, desgraciados, a sus viente años para quedar enterrados en la más absoluta desolación posteriormente, sino a escritores de verdad- empiezan a publicar en editoriales capaces de cierta distribución que les permita ganarse la vida cuando rondan los cuarenta años, imaginen que clase de presente y futuro puede depararles este empleo. Porque, que publiquen a esa edad, cuyo apelativo joven ya resulta chocante, no les asegura ni mucho menos cobros que puedan garantizar su manutención. Es decir, lo que llaman escritores jóvenes tienen que pasar cuarenta años para empezar a  ganarse las lentejas en condiciones ¿Quién soporta semejantes gasto ¡por Dios!, ese despilfarro intolerable? ¿Qué familia o sociedad puede permitirse el lujo de mantener a genios que hasta esos años maduros, y eso con la milagrosa suerte de por medio o la valentía de algún editor intrépido y romántico que apuesta por ellos, viven de la caridad? A los cuarenta años sus contemporáneos dedicados al funcionariado público, al mundo de las finanzas, la abogacía o al trabajo hostelero, han podido hipotecarse, tener algún hijo, casarse en dos o tres ocasiones, haber cambiado de coche al menos un par veces ¿Qué sensación puede quedarle al muchacho concienzudo que ha dedicado cuatro décadas de existencia a aprender un oficio y una tradición, que encima no domina en la mayoría de los casos, y para colmo el fruto de su eterna representación apenas le da para pagar un alquiler? ¿Cómo responde este joven cultivado a las expresiones de sus borricos compañeros que afirman tener una vida que si la escribieran venderían libros como roscas, como si eso de escribir fuera una cuestión de echarle una media hora los domingo por la tarde antes del partido de fútbol del canal plus? ¿Cómo justifican su dependencia, su falta de cotización a la seguridad social o sus excusas para no ir a cenar a un restaurante de dos tenedores? Honrosas excepciones hay, por fortuna, pero tan pocas que resulta vergonzante y sospechoso ¿Por qué de repente todos los premios los acapara cierto mozalbete concreto durante unos años? ¿Son tan buenas esas renovadas y escasas figuras que aparecen hasta en la sopa? La mayor parte de estos autores jóvenes –no puedo reprimir una carcajada al observar sus barbas ya canosas, las entradas considerables y la miopía notoria que exige gafas carísimas- tiene que dedicarse a otros menesteres ajenos a las letras, y de esa circunstancia devienen las depresiones, las luchas incesantes contra el tiempo, la angustia de no poder cumplir los mandatos del duende cojonero que pide constantemente dedicar tiempo a su reino de letras, la frustración sempiterna, porque la obra personal no avanza entre el maremagno de obligaciones, el desprecio hacia otras formas de vida que habitando el mundo de la literatura parecen a simple vista insignificantes e inútiles.

Sólo aquellos dedicados a este noble arte pueden entender de lo que hablo. De la torre de marfil en la que el escritor de raza atisba el horizonte impotente ante la incomprensión ¿Acaso vale la pena semejante sufrimiento económico y anímico para empezar a ganar cuatro duros a los cuarenta y tres años? ¿Es necesario semejante suplicio pudiendo haber dedicado un esfuerzo y un tiempo menor a la ebanistería, el derecho internacional o el diseño de interiores, con una repercusión económica digna y no ese disparate de 0,33 euros por hora, siempre y cuando suceda el milagro de alcanzar el alma y el bolsillo de un editor y la generosidad de los lectores?

Caso aparte suponen esa mayoría impregnada en el sistema literario: los enchufados, pero no me ocuparé de ellos.

Imagínense, si a las circunstancias de ser un joven escritor de cuarenta años se le une para colmo la imposibilidad de airear su literatura. Remitiría a esos hombretones machuchitos al tratado de la desesperación de Kierkegard. No hay otra solución posible que mesurar la pulsión o desterrarla como a una plaga de piojos.

Continuaba el insigne autor mentando los problemas de adaptación que podía llegar a generar semejante perspectiva. Con tono jocoso, nombraba enfermedades derivadas de la pobreza, como la tuberculosis y la tisis. Al tiempo decía, que una mujer normal en estos tiempos, ante el comentario de uno de esos cuarentones con alopecia y ojeras sobre su profesión, lo más probable es que echara a correr.

¿Cómo iban a compartir gastos del alquiler de un piso que cuesta un ojo de la cara en pleno centro de Madrid o en el Paseo de Gracia de Barcelona? ¿De dónde saldría la pasta con semejante remuneración para irse de viaje en verano como mandan los cánones?

La retahíla de problemas de la profesión, quedaba expuesta en el siguiente párrafo, situado a mitad de recorrido del 5) punto.

5) …llegados a este momento, qué clase de autoestima puede quedarle a ese muchacho que tras tantos años ha logrado a duras penas editar en una pequeña editorial de provincias, y ante la primera liquidación de derechos de autor, pues su libro ha pasado fugazmente por las escasas librerías que no abarrotan las estanterías de insulsos reclamos y apenas sí ha dejado otra reseña a su paso que la de su amigo Javier o su compadre Julián en un fancine de universidad o en  un periodicucho local, y recibe después de tres meses de expectativas, ilusiones a flor de piel y tremendas esperanzas, la ridícula cifra de 170, 56.- Euros, dinero procedente de los envíos que la mencionada editorial ha hecho a bibliotecas de la comunidad autónoma según acuerdo que es en verdad lo que permite subsistir a la empresa, y de tres compras milagrosas a las que el muchacho está tan agradecido, pues misteriosamente no fueron efectuadas por familiares, amigos o conocidos, aunque intuye que tal vez se trate de alguna  ex amante nostálgica, o de alguien  con su mismo apellido que ha creído en esas casualidades de la vida al adquirir la obra hallada por azar. Repito, 170,56.-Euros, y digo esa cifra porque en un correo recibido recientemente del hijo de un conocido que se ha metido a letrilla me hablaba de ello… imaginen los problemas para salir con los compadres de farra, la ausencia de novia formal y de expectativas de tenerla ante la situación económica, el encierro al que se ve abocado el joven escritor para seguir creando, la desolación ante la recepción de su libro que inexplicablemente a su juicio en vista del tiempo y el entusiasmo dedicado no ha aparecido ni por asomo en las páginas culturales ni del diario El Mundo, ni en las del  ABC, ni tampoco en las de ElPaís (en esos diarios importantes sólo aparecen los de la camarilla)…

A esos jóvenes cuarentones que trabajan en otros menesteres a menudo, les trae sin cuidado el peculio, pero no así la repercusión de su esfuerzo ganado a los hijos pequeños, a sus esposas o novias, a su trabajo, que suelen descuidar para cultivar la poesía o el relato breve en horas de servicio con el consiguiente disgusto, para recibir el silencio a cambio… si nadie habla de ti, nadie te lee, así son las cosas, aunque uno pueda encontrarse afortunadamente con una página web honesta, hecha por algún fanático que sí ha dedicado un tiempo a leer su libro, pero poco más: una mención, un pegote en medio de la red que no mejorará la caída veloz del sueño…

…hay que pensar, que según mis cálculos, de cada diez mil escritores activos en España que empiezan por cada generación, muchachotes sanos y llenos de testosterona que entre los dieciocho y los viente años comienzan a ejercer su pulso literario, apenas llegan a editar diez, y de esos diez, apenas alcanzan algún éxito uno (éxito, aviso, a menudo incomprensible sin mencionar nombres), y quizá un segundo logra algún prestigio que compagina con sus tareas de periodismo, de empleado de banca o de profesor de universidad los más afortunado, por eso del sueldo y el tiempo disponible…

(estas estadísticas están basada en la pura observación, y no me atrevo a fijar dominio ni baremo de error)

El autor insistía en que mientras los periódicos y ciertos círculos sociales sigan concediendo algún valor a la literatura, es posible que continúe existiendo una minoría de escritores, muchos de ellos cuestionables, que puedan ejercer la profesión ganándose la vida, pero sí, llegados a un punto, el nivel lector en franco retroceso y la importancia de las letras reducidas a pasatiempo o a una cuestión de moda, provocase la desaparición, como sucede ya en algunos periódicos regionales, de la literatura como noticia, el oficio de escritor en el sentido tradicional desaparecerá, y lo que quedará serán esos sucedáneos que desde hace un tiempo ocupan la poltrona de los escritores auténticos, con sus historias ridículas y su escritura balbuceante. En la mezcla actual, aseguraba, cabía alguna subespecie interesante, incluida la suya. Continuaba hablando del desprestigio social de la profesión: si no hay dinero de  por medio, cualquier actividad termina siendo un hobby o una extravagancia, y si encima resulta incomprensible para la mayoría de contemporáneos, el resultado es el silencio, algo más espantoso en verdad que la persecución respecto al futuro de cualquier arte.

6)… añado que si alguien creyó que con este noble oficio podía llegar al alma y al sexo de las mujeres o los hombres, es el momento de denunciar la poca verosimilitud del hecho… y lo mismo digo respecto a las oportunidades de negocio o las ventajas personales que conlleva ¿De qué sirve la ética propuesta por las novelas si en su mayoría, en el mundo que nos toca vivir, no se entiende o ni siquiera interesa? Es como pretender ejercer de médico en un mundo sin enfermos.

7)… el mayor destino previsible para un muchacho que pretende ser escritor por encima de todas las cosas es sin duda el suicidio o el hambre o el rencor mayúsculo y el ostracismo silencioso que envuelve aquello que carece de importancia para el universo presente… la única razón por la que considero posible escribir en estos momentos aparte de por el dinero, es para ese lector futuro que desconozco por qué extraña fe algunos consideramos que llegará… ser escritor posee tanto abolengo en su seno a los ojos de nuestros coetáneos como ejercer de titiritero en las ferias… quizá la única literatura que puede aspirar a una posibilidad es la infantil, hasta que la juventud alcanza a esos niños antes imaginativos y motivados con la educación tediosa que delimita, ofende y destruye cualquier interés venidero por el asunto de las letras…

… ser original para un escritor del siglo XXI es tan improbable y extraño, a la vez tan extravagante como un músico que copiase el Requiem de Mozart nota por nota y lo presentara en el año 2010 anunciando que se trata de una obra propia y revolucionaria…

8) La capacidad simbólica y de conocimiento que alberga en su seno el mito es tan ajena al devenir del mundo como la poesía mística; apenas un reducto de fanáticos cuyo lenguaje entienden pocas personas.

¿Por qué llenar cientos de hojas con palabras si el resultado no podrá ser extendido sin ese incomprensible batiburrillo de marketing y dinero, y cuyo efecto no moverá el alma humana siquiera a alzar un brazo o agitar suavemente un dedo?…



Al  final del correo, noté como se apresuraban sus razonamientos. Cómo a pesar de la ironía inicial o incluso de cierto cinismo resabiado, su propia argumentación trazaba en su estado de ánimo una notoria amargura. Es curioso como la lucidez puede llegar  traspasar esas líneas sutiles que nos separan de lo patético, no por culpa de ellas, sino por los desiertos del eco, lo vacío de las respuestas. Eso pensé en esa lectura y es lo que pienso ahora. Borges rescataba en muchos de sus ensayos figuras literarias del siglo XIX, a filósofos medievales, estéticas de un tiempo pasado, libros difíciles de hallar e incluso imposibles de encontrar en una librería. Cuando google anunció a bombo y platillo su propósito de digitalizar unos cuantos millones de libros sentí una profunda e inexplicable tristeza (exenta además de interés económico pues nada me une al mundo del libro ni a su explotación a no ser mi devota enfermedad de lector: digo esto para evitar sospechas sobre algún provecho económico). El conocido autor que me escribió el correo hablaba de lo descomunal de esa Torre de Babel y del silencio que generará a su paso en cuanto concluya el escándalo. Por sus primeros escritos siempre tuve la sensación de que era un hombre de letras. Seguí sus novelas durante algún tiempo, hasta que su prosa adquirió esa pátina de lo inocuo del mundo. Se pierde valentía, decía él, valentía y entusiasmo.

Millones de libros colgados en la web que nadie leerá, qué despilfarro.- Afirmó.

9) …preferirán cualquier estupidez con tapas luminosas y una trama subnormal. Preferirán decir que nada existió y esos editores que pagarán con su desaparición la frivolidad cacarearán sus permisos comprados, sus exquisiteces de bazar chino, su ausencia de futuro… en el siglo XXI, lo chocante es que alguien pueda temer la extensión monumental del saber, a que semejante disposición de volúmenes que engloba la sabiduría humana a lo largo de la historia, su mapa universal, provoque el pasmo de los comerciantes y a menudo las sombras en los autores… como si hubiésemos olvidado todos que la literatura es el diálogo con el pasado y el futuro, y que todos los mundos fueron siempre parecidos, que la búsqueda de razones fue pulsión humana eterna… tal vez sea el momento de retirar la antorcha, de apagar los fuegos y buscar los cuarteles de invierno. Guardar un silencio profundo, un silencio de siglos como el que se guardó hasta que Dante alzó la voz; un silencio de décadas, que se ciña el olvido sobre nosotros…

…propongo que dejemos sin palabras literarias a nuestro tiempo para revelar su miseria, porque sino, será nuestro tiempo quien nos dejará a nosotros sin palabras, y eso duele más, y no ya porque escribir no reporte nada suculento, ni siquiera el prestigio de antaño, ni la relación con la nobleza o el éxito, tampoco con la comprensión de los otros o el diálogo con la improbable inmortalidad: hablo de un silencio verdadero, estremecedor, que ensordezca los oídos de los voceros y los tenderos, que se queden solos los economistas díscolos, los teóricos de la nada, los artefactos de las políticas nebulosas, los hombres sin alma de letras que dominan el mundo y los secuaces ignorantes que los acompañan… guardemos silencio para que no se vea nuestra vanidad estéril, como un largo rezo, una protesta silenciosas. Que los editores no tengan otra cosa que lo viejo y ya incomprensible, que se queden con el pastel podrido, con los farsantes y los graciosos, al lado de los hacedores de misterios absurdos, que no haya nada ni nadie…

10) …el mundo ya está lleno de páginas memorables, lo que me provoca hace tiempo la extraña sensación y el remordimiento de haberme convertido también en un farsante, en un hueco sin vida, en una flauta sin viento. Lo peor es que si se tratara de un hecho individual lo podría achacar a la vejez o al cansancio, a la falta de ilusión o al amor incluso, pero es algo que percibo a mí alrededor demasiadas veces, que surge irremediable en el espíritu de la mayoría de las personas que conozco: hartazgo, fatiga, como si reconociéramos que nada sirve, como si fuéramos conscientes de que cualquier acto literario hubiera perdido por completo su repercusión mínima, su sentido.

Existen ilusiones felices en escritores fundamentales atacados por el síndrome de la juventud eterna incluso hoy en día, en algunas páginas de la red que mantienen el pulso, en ciertos periodistas o críticos honestos y esforzados, en editores todavía intrépidos, pero son tan raros, tan ajenos en verdad al devenir del mundo por más que se empeñen; tan estériles en medio de la inmensidad de este desierto sin hogueras…

Ya no nos quedaba ginebra y los rostros se ensombrecieron con la oscuridad nocturna. Iluminados por la pantalla blanca eructó mi sobrino, depositó su guitarra sobre el banco de la pared y suspiró ruidoso. A veces pienso que jamás he salido de mis caparazones porque no creo en el presente de expandir algo que no interesa. En alguna ocasión, sobre todo aquí, el aroma de lo posible me ha embriagado. Admiro la inocencia de quienes buscan con el alma encendida ocupar un lugar, como si quedara alguno libre o alguien en verdad tuviera deseos de que ocupáramos ese espacio que creemos ser, que necesitamos alcanzar. La brisa era fresca ese anochecer. Parpadeaba el ordenador. Seguimos leyendo.

11) …sobre los caminos alternativos de los escritores no entro. Los considero una elección personal, y siempre que se corresponda con un deseo de dedicarse a asuntos relacionados con la escritura, siendo conscientes de que no debe haber nada más, si pueden atender sus necesidades básicas, reconozco que es mejor contar historias o recitar poemas que trabajar en un taller de coches o en una plantación de fresas de invernadero en Almeria a mi juicio. Si alguno pretende vivir de los concursos literarios, el camino es complejo, hace falta amigos en el infierno: es un proceso que recuerda a esos tópicos de los opositores. Insistir hasta que alguien se aviene a otorgarnos un soplo. Quiero certificar aquí, aunque me cueste alguna bronca caso de ser reconocido o incluso algo peor, que jamás compro un premio literario conocido, de esos que aseguran tirada y un mínimo camino profesional, los que patrocinan editoriales con poder en el mercado o los que están relacionado con la política y sus mercadeos; lo afirmo porque lo sé, porque yo mismo he recibido alguno de esa índole: todos los premios importantes que conozcan están dados de antemano. No admito reproche al respecto porque es así. Le diría al muchacho ilusionado que se olvide de esos a los que me refiero y no nombraré, tan conocidos son, que no pierda el tiempo ni el dinero en presentarse, en participar de esa farsa y gastar una energía preciosa.

…si dicho todo esto, aún hay algún muchacho que desee continuar con este oficio, alguien que vivirá todas esas desilusiones y varapalos, un joven que seguirá intentándolo desde una pequeña editorial valiente, o que llegará a los cuarenta a alcanzar una más grande, a ese que seguirá escribiendo en silencio pese a que nadie alzará una bandera en su nombre, ni se le concederá el diminuto honor de darse a conocer, un muchacho que se encomendará a Cervantes, a Flaubert y a Kafka, que resistirá cualquier desplante, el engreimiento de algunos autores ya consagrados, alguien dispuesto a ser vilipendiado o ninguneado por la crítica, un chaval que no pueda reprimir bajo ningún concepto ese impulso de contar, de leer y escribir, esa pulsión de las palabras innecesarias que se nos hacen sin embargo tan esenciales, tan necesitadas de ser escritas… entonces no podrá hacer nada: su destino es vivir con esa maldición, es intentarlo, es pensar en el lector presente que logre cautivar o en ese escritor futuro que tal vez lo rescate más tarde, pensar en él mismo, en su sincera actividad, apretar los dientes y  tentar a la fortuna sin aguardar otra recompensa que el alivio de su intento…

12)… para concluir, y deseoso de que aún haya esperanza, y la hay sin duda, elaboro una lista de razones por las que uno puede, como es mi caso, vivir de las letras, sentirse realizado de alguna forma social y humanamente con este noble arte:

-Ser tan bueno, tan bueno, que nadie logre resistirse a su prosa (Hasta para esto, o para que sea reconocido ese talento, hacen falta padrinos, pero dejo abierta esa posibilidad que, a veces, sucede)

-Tener un padre, o un tío o una madre o una abuela editora o escritora de renombre con contactos, o algún personaje famoso en la familia que permita al menos la posiblidad de ser leído.

-Conocer de primera mano a los que mueven el cotarro (sin entrar en lo concreto de ese conocer)

-Tener el autor a sus espaldas una biografía impactante que la haga interesante al público en general no por su maestría narrativa, sino por el probable morbo de su relato (lo único malo de esta opción es que encasilla)

-Trabajar en medios de comunicación que nos hagan visibles. O trabajar en medios de comunicación que tenga editoriales en el grupo. Trabajar en una editorial.

-Convertirse en guionista de cine de terror (exige pocas luces y es rentable desde hace unos años)

-Caerle bien al periodista de turno que tiene mano en algunos lugares.

-Relacionarse con algún escándalo público sonado (con el problema del encasillamiento posterior)

-Pertenecer a una familia de escritores (el apellido hace mucho)

-Aparecer en la tele, como sea, da igual el modo o la razón.

-Escribir novela rosa para Jazmín y compañía (no asegura el premio Nobel, pero alimenta el bolsillo)

-Que tu padre o tu madre sean agentes literarios.

-Que seas multimillonario, en cuyo caso compras editoriales, o que alguien de tu familia que te quiere mucho lo sea.

-Que te líes amorosamente con alguna muchacha o muchacho con un pie asentado en el mundillo.

-Que te tome como discípulo manejable algún autor muy prestigioso lo que puede abrirte algunas puertas siempre y cuando respetes al padre literario al menos hasta que uno consiga su lugar

-Hacer alguna chorrada con repercusión mediática (de nuevo, el encasillamiento como problema)

-Tener tanta suerte y empecinamiento que las cosas sucedan ( a veces ocurre)

… si ninguno de estos casos, o las variaciones derivadas de ellos se da, lo más habitual que sucede es que el joven con ínfulas literarias se convierta con el tiempo en eso que llaman un letraherido que desprecia todo lo contemporáneo, o en uno de esos críticos despiadados que se dedican a destruir a los que escriben inmisericordemente, o en un amargado defensor a ultranza de que todo lo escrito desde el siglo XVIII es una mierda soberana, o un devoto de rarezas y extravagancias… todo ello muy peligroso y de mal gusto

…lo mejor es aprender a vivir feliz. La literatura es hermosa, lo que es desolador es morir por ella. Animo a esos muchachos y muchachas a que lean, se diviertan y hagan el amor. Si algún día surge algun poema memorable o una novela sobresaliente, será un añadido a su sentido de la felicidad. Ninguna fama, ni siquiera la literaria, vale desperdiciar una vida, y si encima jamás llega o llega tarde, aún menos. Lo digo por experiencia…

Un abrazo. Hasta pronto.

Eso fue todo.

Copyright Jimarino



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28 replies »

  1. Querido Jimarino, suscribo muchas de las cosas que constata el oculto y bregado autor que se vale de ti para aconsejar a los jóvenes candidatos a escritor y describirles la complejidad del mundo literario. Sin embargo, si el escritor/poeta se atiene y es fiel a la íntima pulsión que lo mueve no debería importarle la gran inflación de escritores o pretendidos escritores, porque su obra acabará prevaleciendo. Reconozco la legitimidad de pretender vivir de la escritura, pero ante todo estamos ante un compromiso ético cuyo propósito es revelar un conocimiento que le ayudará al escritor y ayudará al lector a valorar la justicia y aspirar a la libertad en el mundo. Lo demás es historia y ya sabemos que la historia es un campo yermo lleno de cadáveres, como más o menos escribí hace un tiempo.
    Claro que pensando así he de dar la razón a un conocido presentador de televisión con quien coincidí en Sant Jordi, en la caseta del FNAC de Barcelona, y que al leer la contratapa de mi libro exclamó: ¡Qué putada te han hecho tío poniéndote conmigo! ¡Eres un jodido escritor de culto! Un fuerte abrazo

    • Querido Antonio; regreso de viaje, de vapuleo en el indomable mundo de la empresa; cursos y ensayos maratonianos, envueltos entre la mística del dinero y el poder, la entrelazada aspereza de la falsa solemnidad, del tomarse en serio constantemente, de obedecer sin rechistar ante el jerarca superior simplemente porque es el jerarca superior. Cuánto sufrimiento a pesar de la sonrisa que uno esboza para sobrevivir a ese asco. Qué ganas de troncharme de esta mística de pacotilla. Vuelvo y me encuentro con doce correos electrónicos y once comentarios sobre este texto. Algo ha sucedido en estos cinco días en Madrid. Interesa el asunto.
      Me he reído a gusto con tu anécdota en la feria del libro. Suelo tener bastante sentido del humor, pero no sé como me hubiera comportado si un presentador de televisión guasón me suelta lo que te soltó a ti. Veo que tu humor se mantiene intacto, y eso es un síntoma de fuerza. Sobre el texto debo reconocer que es mucho menos amargo de lo que parece a simple vista, que en realidad comparte tu hermosa definición expresada en el comentario: esa condición de la literatura “como íntima pulsión que mueve -al escritor- y a la que no debería importarle la gran inflación de escritores o pretendidos escritores porque su obra acabar prevaleciendo”. Confío de verdad en tus palabras, porque vienen de alguien que sí está en el mundillo escribiendo como los ángeles (estoy buscando alguna de tus novelas y en cuanto reúna un poco de energía me lanzo a comprarte un par de libros, sigo impresionado por la lectura de tus relatos ahora que han transcurrido unas semanas desde que acabé El mal de Q), así que debo pensar en que las cosas son algo mejor de lo que piensa este ácido y desganado escritor célebre que envió el correo, aunque creo que en el fondo comparte tu punto de vista: el talento suele al final surgir por algún lado, o es esa esperanza irreprimible que alimenta al tiempo la fe literaria y la posibilidad de alcanzar algún público lo que obliga a continuar. Me ha gustado muchísimo que consideres la literatura no sólo como un hecho estético, sino como un “compromiso ético cuyo propósito es revelar un conocimiento que le ayudará al escritor y ayudará al lector a valorar la justicia y aspirar a la libertad en el mundo”. Ahora que estoy acabando de escribir un encargo sobre La montaña mágica de Thomas Mann, coincido plenamente en esa definición de la Historia como un campo yermo de cadáveres, y la literatura como una salvaguarda de la insignificante y hermosa mirada humana e individual ante los desmanes de la Historia, esa resistencia que siempre acompañó a la derrota del hombre otorgándonos la dignidad de ese combate desigual.
      Pienso en el presentador de la caseta de la FNAC y no sé si reírme o llorar, Antonio, te lo prometo. Mejor reírse…
      Volviendo al compromiso ético; creo que me has confirmado algunas claves del cuento a mi juicio más fascinante de la colección del Mal de Q., La reinvención de Morel. Por alguna razón, y me perdonen sus admiradores, Bioy Casares es uno de los escritores más sobrevalorados que conozco -alejadísimo de Borges a pesar de que en un tiempo caminaron de la mano-, y quizá lo sea porque el aspecto ético siempre me pareció ausente en sus obras: nunca encontré la relación entre su obra y el ser humano (un apreciación personal, por supuesto). Las diferencias entre La Invención de Morel y tu Reivención de Morel creo que responden a una ironía por tu parte, me gustaría que me lo confirmaras, no sólo por que el título parece una referencia concreta, sino por las similitudes que hallé en su lectura, expresadas como una diferencia de contenidos entre la obra del otro y tu relato. Para no meter la pata, me iría bien un breve comentario al respecto.
      Espero que estés bien. Éste año me temo viajar demasiado por culpa de la crisis. Si me envían a Barcelona, como era habitual en otro tiempo, espero poder contactarte y charlar un rato.
      Un abrazo muy fuerte.

      • Sartre definió muy bien ese sentimiento que te provocan ciertos ambientes a los que ineludiblemente más de uno hemos de frecuentar.
        Con respecto a La reinvención de Morel tienes razón, aunque la ironía surge de la misma escritura. En la revista Escribir y Publicar me hicieron una pregunta sobre este cuento y verás (http://www.candaya.com/elmaldeqescribirypublicar.pdf) hasta qué punto te aproximas a mi intención. Coincido contigo respecto de B.Casares, muchas veces dominado por su snobismo de niño bien. Un fuerte abrazo

  2. Me había jurado a mí mismo no comentar en ningún blog, a pesar de que alguno, como el tuyo, sigo. No he podido remediarlo. Lo único que se me ocurre decir es que la sonrisa me ha acompañado durante toda la lectura. Una sonrisa, como alguien escribió no recuerdo donde, entre la amargura y la dulzura.

    No dejemos de aprender a ser felices.

    Un abrazo, amigo.

    • Querido Jesús:
      Me encanta hacerte hablar. Me alegra esa sonrisa entre la amargura y la dulzura, que en el fondo fue la intención del texto. Arrancar ciertos demonios de la hipocresía literaria y destapar los angélicos cantos que nos atan a la literatura. El problema es que no podemos desembarazarnos de esta extraña maldición, aún sabiendo de lo inútil del intento. ¿Será esa la única belleza futura para esto de las letras? Estoy pensando en un cuento extraordinario de un autor francés apenas traducido en España, Louis-René Des Fôrets, Los grandes momentos de un cantante. Básicamente, la historia cuenta un pasaje en la vida de Frederic Moliere, un cantante de ópera que por una casualidad, siendo un hombre gris y anodino, se convierte en una estrella. Tengo pensando escribir algo más largo porque me ha fascinado este cuento escrito en 1960. Molieri no creer ni por asomo que como ser humano merezca el reconocimiento admirado de sus semejantes, y lo único que desea es ser aceptado no por sus virtudes sino por lo corriente de su condición humana. Todo el relato esboza el recorrido de ese hombre hacia el anonimato, su empeño por defraudar y volver a ser un espectador del mundo que nadie reconoce. En realidad su renuncia al ser para el que nació y por el que es reconocido.
      En fin, un gran cuento.
      Que todo lo bueno te acompañe en ese futuro que ideas para Shangri-La…
      Un abrazo.

  3. Ante semejante texto uno queda patidifuso. El tema que tratas es amplio,complejo y susceptible a interpretación. ¿Por qué escribimos? Semejante pregunta ya nos lleva por unos vericuetos insoslayables.En estos tiempos ya sabemos que son muchos los que lo hacen y también publican.Vivimos en una saturación de publicaciones y las librerías parecen almacenes.Libros amontonados de cualquier manera porque no tienen ni sitio ni tiempo,es decir,que en pocos meses van a parar a la guillotina de las traseras de las editoriales.Hoy un libro es simplemente un producto más a vender y los escritores (en su mayoría)quieren escribir su primer libro de éxito,sin tener conciencia que eso les puede impedir crecer como escritores.Dijo Robert Walser un escritor de verdad:”El escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo, tanto ante los contemporáneos como ante la posteridad”.
    Hoy amigo,hay mucha vanidad y envidia entre los escritores.Demasiadas promociones,demasiadas firmas,demasiados festivales.Bukowski solía llamar a todo esto:”Puteo lírico”.

    Un ensayo soberbio que da para mucho,amigo.

    Un fuerte abrazo.

    • Francisco,
      Walser a menudo parece un visionario. Quizá porque el destino para los próximo años de los artistas, o más que destino, una decisión libre e incluso meditada, parece más cercana al anonimato que al ruido. A veces no sé si se debe a una imposición venida del desinterés de las masas o simplemente a una anticipación del mundo que viene. Como decías, los libros han pasado a ser un producto destinado a la venta y no un medio artístico. Son posibles las excepciones afortunadamente, los pequeños tesoros que surgen todavía, que nos ayudan a respirar, a encontrarle un sentido a esto de la escritura, también páginas como la tuya, donde trataremos de rescatar aquello que nos parezca por alguna razón susceptible de ser guardado. En el fondo, convertir el libro en un producto de escaparate será la tumba de los editores, aunque se lleven por delante la posibilidad de descubrir a un montón de autores interesantes…
      Una vez más gracias por el comentario y por participar en Los perros de la lluvia, es un auténtico placer encontrarte por aquí.

      Un saludo.

  4. Muy buen artículo, me he sentido identificado y me he reído con el tema de los beneficios económicos, gran acierto el de tomarse las cosas con sentido del humor. Un saludo afectuoso.

    • Gracias por el comentario Roberto, al menos una risas al respecto. Nos queda la ironía que espero jamás se convierta en cinismo.

      Un saludo.

  5. Hola, yo también llevo tiempo leyéndote. Y pienso ahora mismo que el plan lector debería de enfocarse de otra manera. Has escrito un buen ensayo, como tú dices, no depende todo de la suerte y el empecinamiento.

    • Feliz de que sigas Los perros de la lluvia. No sé si necesitamos enfocar de otra manera el plan lector, si te refieres a un plan institucional o a una perspectiva individual. Lo esencial es generar esa curiosidad necesaria que nos permite adentrarnos en una literatura “util”, aunque me arrepienta del adjetivo nada más escribirlo; una literatura que por su profundidad, su rigor y su valor estético, convierta en banal e insípidos a otros ocios o esparcimientos mucho menos divertidos que carecen de contenido y de los beneficios personales, éticos y humanos que produce la literatura. Supongo que es importante para mí diferenciar la literatura con valor de esos sucedáneos anodinos y ruidosos que no aportan nada a esta tradición con siglos a sus espaldas. A veces tengo la sensación que esa batalla está perdida, pero me gustan las guerrillas. Sobre el asunto del texto, no es más que otra forma de decirlo.
      Un abrazo.

  6. Escribir, aunque sea para el olvido escribir.
    Es un panorama complicado, pero puede que la traición hacia vos mismo sea peor que la caída. Como ya se dijo más arriba, si no se intenta, la posterior nostalgia puede ser insoportable, si muchas veces ya lo es siguiendo tus propias pulsaciones.
    Como popularmente se dice por ahí, “el cambio empieza por vos”. Patrañas dirá alguien, mejor vivir mayor tiempo, más cómodamente y morir ya no cobarde, sino “astutamente”. El material empalagará mis sentidos, llenando mejor el vacío y así podré amar más y mejor, hasta que mi ataúd sea labrado por destacados artistas -si es que no todos siguen mis pasos- quedando para la historia, factiblemente, como alguien noble. Patrañas.

    • Nadie,
      es evidente que hasta alturas renunciar a la tradición que nos deviene sería sentirnos como cerdos regocijándonos en el barro. No creo que hayas escrito patrañas, lo que es probable es que no demasiada gente entienda tus palabras. Supongo que aprender a vivir es aprender en cierta manera a amarlo todo, y aunque el veterano autor que envió el correo se haya olvidado, la ingenuidad y la ilusión fueron siempre motivo de empuje humano, de avance, de progreso. Quizá el próximo paso hasta tiempos mejores sea como tú dices escribir para el olvido, o mejor, para olvidar el ahora y proyectarse en un futuro indiscernible, quizá aún más oscuro o tal vez, por el contrario, límpido y claro como una mañana de verano en el mediterráneo. Quizá se trate tan sólo de mantener encendidas las hogueras, aunque sea para la nada.
      Un salud

  7. Es una entrada tan completa, tan magnífica que se pueden sacar mil variantes.
    De todos modos pienso que la persona que posee el don o facultad de saber expresarse mediante la escritura debe hacerlo.
    Felicidades por tu blog

    • Querida Madison;
      con ese correo electrónico que menta a mi estimado Buzzati no puedo por menos que sentirme contento de que entres y salgas de Los perros de la lluvia. Creo que estás en lo cierto, aunque me parece que la enfermedad de la literatura más que un deber es una necesidad cabrona, incesante, avariciosa y embaucadora. Recuerdo aquellas palabras de Borges en las que afirmaba que aunque supiera que el destino de sus textos sólo fuera un hecho destinado a él, seguiría escribiendo, o aquel poema de Roberto Bolaño afirmando que estaba condenado a escribir hasta en el infierno.
      Me tomo tu felicitación como un acicate más, aunque el tiempo escaso me deje tan a menudo sin fuerzas ni energías. Un gusto tenerte por aquí.

      Un abrazo muy fuerte

      • Jeje pues si te has fijado bien en mi correo habras observado que falta la primera letra, el nombre de la protagonista de su libro Un amor, que por cierto hace poquito comenté en otro sitio.
        En fin, el caso es que siempre me muevo por impulsos y con prisas y no me fijé en el error, pero decidí no modificar nada y dejarlo tal cual.
        Adoro a Buzzati, como adoro a Walser, así que para mi es un lujo haber venido a para aquí.
        Un abrazo

  8. Tu blog es una loa al placer de la lectura y a la desmitificación de la propaganda literaria que nos invade, asi como a la defensa de tantos y tantos escritores fantasticos que no pueden publicar y que si lo hacen apenas llegan al público y además son victimos de la camarilla de despreciadores de lo que no conocen ni entienden. Si yo fuese profesor de literatura recomendaría tu blog a mis alumnos para inculcarles la pasión por la lectura y la diversidad de pensamiento. Felicidades amigo.

    • Querido Cesar,
      Mil gracias por el comentario, aunque creo que es exagerado. Lo único que me siento capaz de aportar es esa pasión por la lectura y la diversidad de pensamiento y de puntos de vista que proporciona la lectura, quizá porque creo que la literatura posee ese don con una fe casi religiosa. No sé si mis textos soportarían otra cosa que la medida de esa pasión y ese interés. De todas formas celebro esa opinión, un modo seguir reuniendo fuerzas y ganas para continuar.
      Un abrazo

  9. HOla:

    Muy interesante e ilustrativo para los aspirantes a escritores actuales, además escrito con mucha chispa y sentido de la realidad. Gracias, será por todo ello que el éxito de los blogs es ahora impresionante, todos guardábamos escritos inéditos y polvorientos en algún cajón, todos teníamos sueños de escribir algún día, asi fuese como dijera Emerson, que escribír para sí mismo, era hacerlo para el público de todos los tiempos. En fin, es bueno, no soñar con editoriales, lo mejor sería ni pensarlo y escribir libres de aspiraciones caras y de aquellas inmersas en el mercado ya bastante adulterado de “amiguismo” y otras tantas lacras muy alejadas del alma de la literatura de verdad.
    Me ha gustado mucho leerte y me dejé atrapar de tu ironía…
    Un abrazo.
    Gina

    • Macpik, gracias por el comentario y me alegro que te guste. Amargo e irónico, efectivamente. Aunque el problema de lo que Emerson dijo es que no sé hasta qué punto el futuro será mejor, así que nada, a vivir, que son dos días, y a escribir cuando se pueda y como se pueda.
      La putada es que la literatura sea tan a menudo una enfermedad: una enfermedad tan hermosa.

      Un saludo.

  10. Hola Jimarino. He seguido todo lo que has escrito últimamente.
    Con todo lo que ya te han dicho en los comentarios, hacer el
    mío sería redundar. Así que sólo me queda felicitarte una vez
    más por tus nuevas entradas.
    Un abrazo.
    PS: mi reino por conocer la identidad del escritor oculto.

    • Que alegría volver a tenerte En los perros de la lluvia. Zaxanaercis… me tomo tus felicitaciones como un aciate una vez más… siento no poder revelar la identidad del escritor, quizá un día, en algún lugar tranquilo te lo diga.

      Un abrazo.

  11. He leído los razonamientos del ilustre y anónimo escritor en “Unas cuantas razones…” y me he sentido muy impresionado por su argumentación para disuadir, a los muchachos con dos dedos de frente, de emborronar papeles con la pretensión de llegar a formar parte de ese privilegiado grupo de plumíferos que viven de la literatura.
    Uno, que dejó hace mucho tiempo de ser uno de esos muchachos y que penia canas -cada vez más escasas-, confiesa que no se ajusta a la recomendación del ilustre anónimo y sigue sin tener dos dedos de frente en lo que a escribir se refiere. Bien es verdad, dicho sea en descargo de un servidor, que hace ya mucho tiempo abandonó la idea de lograr un premio en alguno de esos certámenes literarios que convocan las casas de cultura de oscuros ayuntamientos. Ahora, por puro sentimiento de venganza, se limita, cuando logra parir algún pequeño relato, a enviarlo a los sufridos lectores que le proporciona la lista de correo electrónico. Amigos y conocidos han pasado a ser resignados lectores de estas historietas emborronadas sobre la pantalla del ordenador; eso mientras no tengan la ocurrencia de enviarme al archivo de “correo no deseado”, para lo que rezo cada mañana a San Borges y otros conspicuos santos del santoral literario.
    Por lo demás, estoy de acuerdo con el ilustre anónimo: abandona toda pretensión literaria. Es mejor ser un epsilon y emborracharse del soma que tanto prodigan los medios de comunicación: una patada certera a un balón o un revés genial a una pelota de tenis proporcionan más alegrías que una cuartilla llena de palabras más o menos bien trabadas.
    Me alegra haber conocido tu blog, al que he llegado por indicación de Carmen, de quien fui alumno en un curso de francés que impartía a jubilatas ociosos.

    • Viator,
      Carmen nos une, porque este blog lo inicié por ella, para comunicarnos en esa época en la que estuvo viviendo en Amiens un año larguísimo. Más tardes Los perros de la lluvia cambiaron de registro, se me fueron de las manos, pero me alegra que te quedes por aquí.
      Nuestro desilusionado escritor avisa a los muchachos, y si ya peinan canas e tu cabeza, sabrás de lo que habla. Para gentes que no frecuentan el mundillo, es posible que resulte incomprensible, pero creo que lo que nos contó en su correo es basicamente lo que sucede. Aunque tal vez no sea tan pesimista y contemple otras formas literarias de vida, como por ejemplo la tuya o la de todo esos artistas que a estas alturas de ruidos ensordecedor prefieren el silencio, el suave ascenso de la pendiente sin escándalo, el placer solitario de la literatura por una elección razonada que nada tiene que ver con la frustración o el desencanto. Ante la vacuidad intolerable del mundo, es posible que el anonimato y el silencio, las armas de los Bartlebys de la tierra no sean más que la única posiblidad. Allá cada cual con su historia. Sin embargo nuestro afamado autor insiste en que habrá muchachos que seguirán suceda lo que suceda, tengan un pequeño éxito y puedan vender sus obras, o por el contrario que siempre sean anónimos escritores hechos de la necesidad. La literatura es muy poderosa en su esencia. Estoy seguro que en el hipotético caso de que los lectores de la tierra desaparecieran, seguiría habiendo escritores -en realidad todo escritor que se precie es lector, lo otro sin monstruosidades que no merece la pena atender-. Espero que sigas con tus relatos para los amigos y que continúes encomendándote a San Borges todas las mañanas. Es un gesto de salud en un mundo enfermo sea cual sea la repercusión pública de tu trabajo.
      Celebro tu visita y tu comentario y espero verte pronto de nuevo por aquí.
      Un saludo.

  12. Hola Jimarino.
    Me recordó la lectura de un blog que llevaba un tal Prometeo bajo el cual se ocultaba un muy reconocido escritor. Si, Si sí. Es cierto todo lo que dice este señor, jimarino. Y no, no, no exagera.

    Pero también creo que quien realmente ame la escritura no dejará jamás de hacerlo si es que le guía la vocación. La vocación es una fuerza arrasadora e invencible que busca aparearse con tu (mi) ser interno. La vocación no necesita brindarte peculio, ni folleteo, ni orgiásticas y gloriosas exhibiciones circenses en la tele de mierda. Yo, particularmente, escribo porque me supone gozo recomponer imágenes internas. Porque eyaculuo cuando refloto sueños desváidos que cristalizan fuera de mí y esto es, además, miraculum. No niego que me gustaría ser reconocido y sobrealimentado por el sistema prostituto que subyace ni que, todavía más, encarecería ser merecedor auténtico de tal prebenda (esto último es residuo ególatra y paranoide prototípico de un letrilla). Pero no estoy dispuesto a mover un dedo para acariciar ese clítoris emponzoñado que a la mínima me pateará el culo.

    No te mareo más… Tú blog es muy interesante y he leído algunos artículos con interés rayano en la devoción.

    • Fran, de nuevo agradables tus comentarios en estas páginas. Celebro la participación y el gusto, y es cierto que las frases del famoso escritor están llenas de mala leche y a la vez de una curiosa esperanza. Sólo los cínicos pueden afirmar la preeminencia del mal, pero eso ya lo sabes. Tus imágenes sobre el hecho literario me parecen muy jugosas, y espero que evites esa fase de letrilla malcarado y avieso. En el fondo es mejor amar que escribir, es lo único que no hay que olvidar, y es mejor vivir para contarlo que la putada de que otros cuenten lo magníficos que fuimos cuando ya no podamos oírlo. Paradojas para el ecrivan presente y su apuesta con el lector futuro.
      De nuevo gracias por tus palabras.

      Un abrazo.

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