ezra pound-(un poeta del siglo XX)

Publicado en agosto 25, 2009

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Ezra Pound por Richard Avedon

Ezra Pound por Richard Avedon

En Abril de 1972 mi padre pidió un excedencia. Faltaban apenas cinco meses para que yo naciera y, sin embargo, decidió viajar a Italia para buscar a un poeta al que llevaba años leyendo y admirando. Salió en busca de Ezra Pound sin tener idea alguna de su paradero exacto, sólo guardaba esa noticia de prensa publicada en Le Monde en 1958 en la que se informaba del viaje del poeta desde Estados Unidos hasta Italia, después de su liberación del Hospital psiquiátrico de St. Elisabeth. Había pasado catorce años encerrado allí, desde noviembre de 1945, la mayor parte del tiempo recluido en una celda de apenas dos metros cuadrados, herméticamente sellada. Hasta mediados de los cincuenta compartió presidio con enfermos mentales graves y dementes furiosos, sólo a partir de entonces se le permitió un régimen abierto donde sus discípulos y su mujer podían visitarle. En esa época ya tenía sesenta años. Su gloria se había disipado a causa de sus simpatías por el movimiento fascista italiano, aunque nunca comulgó con sus ideas políticas o su sentido de la tiranía. Elaboró en sus años en Rapallo una curiosa teoría económica y política que en 1934 el Congreso de los Estados Unidos rechazó tras su apasionada exposición. Pound abandonó temporalmente la poesía para realizar su sueño económico del Crédito social con la que pretendía reinventar una nueva economía libre de usura, y creyó, en aquella época quijotesca que lo llevó a tratar de convencer de sus ideas a la República española a través de Salvador de Madariaga, que el único sistema que podía poner en práctica su ideario era el fascismo. De alguna manera reconoció después el error, pero nunca se inculpó de traición, simplemente se jactaba de haber expresado su original modo de entender el mundo y de confundir a sus aliados.

Nació en 1885, en una cabaña de Hailey, en Idaho. Con apenas 15 años ya había viajado por Italia, Francia y España. En Londres desarrolló sus labores literarias más fructíferas. Se sabe que corrigió y redujo el largo poema de T.S Elliot La tierra baldía a la mitad hasta dejarlo en la versión actual que conocemos, obra cumbre de la poesía en lengua inglesa del siglo XX. Apoyó la publicación del Retrato del artista adolescente de James Joyce y posteriormente su archifamoso Ulyses. Su relación con W.B. Yeats, de quien fue secretario personal, propició un salto artístico enorme en la producción poética de ambos. Fue tal su cercanía que terminó casándose con la amante de Yeats, Dorothy Shakespear. Vivió en Londres mucho tiempo, y sin que lo supiera por entonces, había inspirado y creado las primeras expresiones poéticas modernas de la poesía inglesa, relacionándose estrechamente con los dos poetas que marcarían el siglo literario británico, Yeats y T.S. Elliot, éste último como declarado discípulo. Llegado  a Londres en los años anteriores a la primera guerra mundial se marchó de la capital habiendo revolucionado de arriba a abajo la literatura de su tiempo.

Mi padre nunca me habló de ese viaje, ni siquiera de lo que sabía sobre Ezra Pound. El poeta vivió algunos años en los que el éxito y el reconocimiento fueron una constante en su vida. Más tarde se instaló en Paris donde se sintió tentado por los dadaístas, pero fue algo pasajero y decidió finalmente quedarse en Rapallo, Italia.

EZRA POUND

Hace un tiempo, cuando me enteré de la existencia de ese viaje misterioso, mi madre me reveló que tuvieron discusiones airadas al respecto. ¿Por qué desplazarse hasta Italia para buscar a un poeta americano medio loco cuando su hijo iba a nacer en apenas unos meses?. Tengo la sensación de que él tenía que cumplir una promesa, algo por lo que se sentía en deuda, quizá con él mismo, o con alguien que conoció. Nunca podré saberlo. Lo cierto es que años más tarde, por mis propios medios, pude descubrir la relación de Pound con la literatura americana y su enorme influencia en la poesía del siglo XX. Participó exitosamente de casi todas sus expresiones y entabló relaciones, como ya dije, con los autores más destacados de su tiempo. Parecía un gurú en esos años en los que todavía esa palabra carecía del sentido actual. Convertido en guía, en centro y faro de la escritura más vanguardista de su época, sus escarceos con las teorías económicas y políticas posteriores resultan un misterio. Quizá creyó que con la poesía no era suficiente y su reto intelectual exigía tareas más útiles o de mayor envergadura, o justo lo contrario, que sus conocimientos poéticos y humanistas, como pensaron los clásicos, podían ayudar a organizar el mundo de otro modo.

Durante la guerra emitió por radio programas en los que críticaba sin mesura la actitud del gobierno americano, de nuevo adscrito a las filas del fascismo que dominaba Italia. Apoyó abiertamente a la República de Saló con la que Mussolini trató de salvar los restos del régimen. Todo un enigma esa transformación, esa imagen de Pound casi intolerable al acercarse a cualquiera de sus poemarios, a la complejidad y a la riqueza artística de los Cantos. Había traducido al inglés numerosas obras maestras de la poesía china y japonesa, adoraba a Confuncio y había trabajado durante años para ofrecer un versión digna del Analectas. En Francia rescató a poetas del romancero medieval y provenzal, también a rapsodas latinos casi perdidos. ¿Cómo un hombre como él pudo unirse a la causa del fascismo, a su vulgaridad, a su tosca masculinidad y a ese ridículo sentido autocrático en torno a un personaje como Mussolini?. Me hubiera gustado preguntárselo a mi padre, que siempre despreció abiertamente cualquier dictadura. Quizá él tuviera alguna respuesta. También desearía conocer la razón que le empujó a buscar  a ese hombre en 1972, dejándonos durante dos meses para recorrer Italia. Por entonces, Pound era un poeta denostado y condenado al olvido. La presión del gobierno norteamericano había sido tan dura que sus libros fueron en los años cincuenta  tesoros secretos. De sus últimos años no se sabe demasiado, y mi padre nunca me confesó si llegó a encontrarse con él. Ese año, Pound cumplía noventa y siete años.

Cuando las tropas norteamericanas liberaron Italia fue arrestado cerca de Génova e interrogado por su colaboración propagandística con el fascismo. Ya en el año 42 fue considerado traidor a la patria. Cuentan, aunque no sé si es un testimonio apócrifo por su empeño en el detalle, que de Genova fue trasladado a Pisa y encerrado en una jaula de tiras de metal y suelo de cemento ( en algunas versiones era de alambres de púa),  a la intemperie, sufriendo la inclemencias del tiempo, violencia física y numerosas humillaciones. La dureza de aquella reclusión propició que comenzaran sus crisis mentales agudísimas. Tras seis meses de encierro, fue extraditado a Estados Unidos donde se le internó en un hospital psiquiátrico. Alli iniciaria sus Cantos, como si todo lo anterior hubiera sido borrado, con sus amistades disipadas, su influencia desprestigiada y obviada, mas con el ímpetu de un creador inigualable, que hizo surgir del dolor su fuerza. Jamás llegó a concluir su plan, aunque vivió casi un centenar de años.

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Poco antes de que mi padre decidiera emprender su particular viaje, la generación beat, con Ginsberg y Ferlinghetti a la cabeza, decidieron vistar a Pound como habían hecho con otro icono de la contracultura americana, Paul Bowles. Hay algunas fotografías de esos encuentros. Ginsberg, en su busqueda incesante de trascendencia para su poesía, pensó por supuesto en Walt Whitman como referencia, un ideario que podía servirle, y sobre todo en Ezra Pound, monstruo de la poesía americana, considerado además persona non-grata por el gobierno americano y todavía vivo. No en vano, antes de partir a Italia tras su liberación, dijo en público que los USA no eran mas que un asilo de locos. Semejantes declaraciones, unidas a la definición de su país que dio en varias ocasiones; un país de tenderos y usureros, entroncaban extraordinariamente bien con el espíritu contestatario de la contracultura norteamericana. Es verdad que Pound estaba más cerca de la experimentación literaria de T.S. Elliot, de la poesía de W.H. Auden o Robert Frost, que de los iracundos beats, y que pasado el tiempo, a excepción de algunos versos de Ginsberg, el más dotado del grupo, el destino de esa poesía ha quedado enterrado, mientras que los Cantos de Pound y en general sus diferentes etapas poéticas mantienen su vigencia y su poder de fascinación. Pero a cierta edad, es posible que el corazón se reblandezca, o que el deseo discreto de ser reivindicado sea una necesidad. Pound aceptó esas visitas y de alguna forma las aprovechó. Nos quedan de los años anteriores a su muerte tan sólo un puñado de fotografías esporádicas, donde su figura quijotesca surge foribunda entre los claros oscuros del blanco y negro, los ojos perdidos, el alma llena de dolor.

Hace apenas seis meses encontré en la casa familiar de la Sierra de Gúdar unas notas en uno de los numerosos cuadernos que mi padre escribió a lo largo de su existencia. Fue una casualidad, pues al subir a la buhardilla donde se acumulan las miles de revistas coleccionadas desde 1972 hasta 1995, los polvorientos libros de texto y viejas novelas, los archivos fotográficos de la familia, y kilos de polvo anclado como un espejo eterno de lo acontecido, me senté en el confortable butacón de la abuela desde donde podía ver sin levantarme la montaña donde se alza el castillo derruido y la calle principal. Sentado en esa isla de tiempo, entre el olor de los papeles viejos, encendí un cigarrillo y, a tientas, busqué el interruptor que tenía detrás para conectar la luz. Con torpeza debí rozar la estantería que había sobre mí cabeza y cayeron al suelo varios cuadernos de los que había apilados. Ojeé al azar durante un cuarto de hora algunos, hasta que en uno con las tapas rojas, fechado en 1974, descubrí que mi padre había trascrito Carta del exiliado, un hermoso poema de Ezra Pound que yo conocía desde hacía años en la imperfecta y sonora traducción de Ernesto Cardenal. Volví a leer el poema entusiasmado, y lo cierto es que me resultó tremendamente familiar, como si lo hubiera revisado unos días atrás. Recordé al instante el momento de la primera vez que lo degusté casi veinte años atrás, e incluso aquella idea que me rondó a finales de los años noventa; escribir un cuento o una novela corta utilizando el texto. Había algunas anotaciones escritas con la enrevesada letra de mi padre inmediatamente a continuación del poema y creí que encontraría algún detalle que aclarara las razones de aquel viaje sorprendente.

Ezra Pound con Ford Madox Ford y James Joyce

Ezra Pound con Ford Madox Ford y James Joyce

Todavía dudo de si llegó a hallar a ese hombre fascinante, contradictorio, terrible y brillante, si en alguno de su largos trayectos pudo saber de él, si logró intercambiar alguna frase con el poeta. Lo único que sé es que mi padre fue un buen tipo, y que, como en ese poema que escribí hace tiempo, Cartografías, siempre estuvo dispuesto a sacar el catalejo y a otear el horizonte para ver si hallábamos a nuestras invisibles sirenas. Siento la paternidad como algo positivo. Lo cierto es que las obras de Pound quedaron durante años clavadas en las estanterías del despacho, impávidas, hasta que mi hermana, a finales de los noventa, se vio empujada a escribir poesía y fue rastreando uno a uno todos los libros de versos que mi padre había acumulado en las décadas anteriores. Destino de poetas, debió pensar, observando con temor y emoción el día en que Carmen se adentró fascinada en las páginas de los Cantos ¿Qué debía decirle ese hombre a una persona nacida casi cien años después? ¿Qué efectos provocaría en ella? ¿Sería algo similar a lo que sintió él cuando leyó sus primeros versos?.

Pienso, que en las preguntas que nos hacía mi padre subyacía ese temor a que cruzáramos esa fina línea que separa la lucidez de la locura, ese arrebato que acomete a veces a los hombres inteligentes como Ezra Pound y los arrastra por incomprensión y por desprecio hacia la demencia. Se puede adorar la figura de un hombre como él y, sin embargo, no querríamos que nuestros seres queridos cayeran en destinos tan aciagos. Pound vivió el siglo XX con todas sus miserias y luces. A las relaciones comentadas con Yeats o T.S. Elliot, la ayuda desinteresada que prestó a Joyce, su amistad con Ford Madox Ford, o en Paris años después con Tristan Tzara, Marcel Duchamp o Fernand Léger, se le unió una espléndida retahíla de discípulos brillantes posteriormente. Sus ensayos literarios en torno a la poesía siguen siendo válidos, su modernidad inspiró desde luego mucha de la poesía ulterior, aunque su prestigio manchado, sus extravagancias ideológicas y políticas, hicieran que su nombre quedara silenciado o su influencia disminuida. No podría entenderse la poesía de Robert Frost o la William Carlos William sin su enorme talento lírico.

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A veces imagino ese encuentro; mi viejo tantos años más joven, paseando por un paisaje agradable de Italia, acercándose despacio al parque en el que un anciano con dificultades respiratorias, vestido con cierta elegancia, contempla el horizonte. Es una lástima que nunca llegue a saber que se dijeron. Probablemente en 1972, pocos meses antes de que Pound muriera, éste no era capaz ni de hablar con coherencia a causa de la edad y los fármacos que consumía. Recuerdo un texto de Lawrence Ferlinghetti de 1965, la emoción ante las palabras transparentes, rotas y fatigadas del maestro, su aspecto desvalido y torpe. Estaba ya envejecido y destruido, su rostro expresaba un dolor inexorable e indrescriptible, el mismo que se aprecia en algunas de sus fotografías de anciano. Tengo la sensación de que el siglo que vivimos no será bueno para él tampoco, pero que, tal vez, su enorme modernidad, sustentada en la magnifica aparición de raíces ancestrales, de elementos permanentes y consistentes, y ese sentido extraordinario para la poesía, para la música del verso libre, reivindicarán su figura, y su complejidad serás mas asequible en el futuro. Seguiré leyendo los cuadernos de mi padre, uno por uno, quizá a la espera de hallar alguna respuesta a ese viaje.

Ezra Pound sabía de primera mano que lo que había escrito poseía cierta trascendencia literaria. De hecho, su poema a Walt Whitman –Whitman es el fundador no sólo de la poesía norteamericana sino de toda su literatura- siempre me fascinó. Unos versos inmejorables para describir en qué consiste el diálogo fructífero de las letras, como evoluciona esta historia ya vieja y fatigada. Un día, un poeta de cualquier nacionalidad escribirá un pacto con Ezra Pound para seguir, de eso estoy seguro.

Supongo que mi padre estaría orgulloso de la pequeña lista de poemas que trascribo, y como Pound hubiera dicho, los envío hasta mil millas de distancia a la espera de que contesten los escribas y el tiempo; mientras, quedo pensando.

Copyright Ariño 2009

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POEMAS Y TEXTOS

UN PACTO

Haré un pacto contigo, Walt Whitman-

Te he detestado ya bastante.

Vengo a ti como un niño crecido

Que ha tenido un papá testarudo;

Ya tengo edad de hacer amigos.

Fuiste tú el que cortaste la madera,

Ya es tiempo ahora de labrar.

Tenemos la misma savia y la misma raíz-

Haya comercio, pues, entre nosotros.

El ARTE DE LA POESÍA

Constantemente repito que se necesitaron dos siglos de Provenza y uno de Toscana para desarrollar los instrumentos que utilizó Dante en su obra maestra, y que fueron necesarios los latinistas del Renacimiento y la Pléyade, además del lenguaje colorido de su propia época, para preparar los instrumentos de Shakespeare. Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quién la escriba.

Si algo se expresó de una manera definitiva en la Atlántida o en la Arcadia, en el año 450 a. c., o en el 1290 de nuestra era, no nos toca a los modernos decirlo de nuevo ni empañar la memoria de los muertos diciendo lo mismo pero con menos habilidad y convicción.

En cada época uno o dos genios descubren algo y lo expresan. Puede estar solo en una o dos líneas, o en alguna cualidad de una cadencia, y después veinte o doscientos o dos mil o más seguidores repiten y diluyen y modifican.

La gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades. Tal como en medicina existen el arte de diagnosticar y el arte de curar, también en las artes, y en las artes particulares de la poesía … existe el arte de diagnosticar y el de curar. Uno persigue el culto de la fealdad y el otro el culto de la belleza.

La mayoría de los llamados poetas mayores han regalado su propio don, pero el término de “mayor” es más bien un regalo que les hace Cronos a ellos. Quiero decir que han nacido justamente a su hora y que les fue dado amontonar y arreglar y armonizar los resultados de los trabajos de muchos hombres.

En el verso algo le ha sucedido a la inteligencia. En la prosa la inteligencia ha encontrado un objeto para sus observaciones. El hecho poético preexiste.

Los artistas son las antenas de la raza. … digamos que los escritores de un país son los voltímetros y los manómetros de la vida intelectual de la nación. Son los instrumentos registradores, y si falsifican sus informes no hay límite al daño que pueden causar. El mal arte es un arte inexacto. Es arte que rinde informes falsos.

Toda crítica debería ser admitidamente personal. Al final de cuentas el crítico sólo puede decir “me gusta” o “me conmueve”, o algo por el estilo. Cuando se nos ha mostrado a sí mismo, podemos comprender lo que quiere decir. Todo crítico debería dar información acerca de las fuentes y límites de su conocimiento.

Sugiero mandar al diablo a cuanto crítico emplee términos generales vagos. No sólo a los que usan términos vagos por ser demasiado ignorantes para tener algo que decir, sino también a los críticos que emplean términos vagos para ocultar lo que quieren decir, y a todos los críticos que emplean los términos tan vagamente que el lector puede creer que está de acuerdo con ellos o que asiente a sus afirmaciones cuando de hecho no es así.

Haz que un hombre te diga antes que nada y en especial qué escritores piensa que son buenos escritores; después se pueden escuchar sus explicaciones.

La única crítica realmente viciada es la crítica académica de los que hacen la gran renuncia, que se niegan a decir lo que piensan, si es que piensan, y que citan las opiniones aceptadas… Su traición a la gran obra del pasado es tan grande como la del falso artista del presente. Si no les importa lo suficiente la herencia como para tener convicciones personales, no tienen derecho a escribir.

No hagas caso de la crítica de quienes nunca hayan escrito una obra notable.

Usar tres páginas para no decir nada no es estilo, en el sentido serio de la palabra.

No repitas en versos mediocres lo que ya se haya dicho en buena prosa. No creas que se puede engañar a una persona inteligente esquivando las dificultades del inefablemente difícil arte de la buena prosa mediante el artilugio de fraccionar la composición en versos.

Lo que hoy aburre al entendido aburrirá al público mañana.

Déjate influir por cuantos grandes artistas sea posible, pero ten la decencia de reconocer plenamente la deuda o, si no, trata de ocultarla. Que el aprendiz se llene la cabeza con las mejores cadencias que pueda descubrir, preferiblemente en un idioma extranjero, para que el significado de las palabras tenga menos posibilidades de distraer su atención del movimiento del verso.

No te imagines que algo “saldrá bien” en verso sólo porque resulta pesado en prosa. La poesía es un centauro. La facultad pensante, estructuradora y aclaradora de las palabras debe moverse y saltar con las facultades energizantes, sensitivas y musicales. Es precisamente la dificultad de esta existencia anfibia lo que mantiene bajo el número de buenos poetas de quienes se tiene noticia.

Es cierto que la mayoría de la gente poetiza más o menos, entre los diecisiete y los veintitrés años. Las emociones son nuevas, y para su dueño, interesantes y no hay mucha personalidad o mente que mover. Conforme el hombre, conforme su mente, se vuelve una máquina más y más pesada, una estructura cada vez más complicada, necesita de un voltaje cada vez mayor de energía emotiva para adquirir un movimiento armónico… En el caso de Guido, su obra más fuerte se da a los cincuenta. La poesía más importante la han escrito hombres de más de treinta.

Citando mal a Confucio, se podría decir: No importa que el autor quiera el bien de la raza o que actúe simplemente por vanidad personal. El resultado se produce mecánicamente. En la medida en que su obra es exacta, es decir, fiel a la conciencia humana y a la naturaleza del hombre, en la medida en que formula con exactitud el deseo, será duradera y será “útil”, quiero decir que mantiene la claridad y precisión del pensamiento, no sólo para el beneficio de algunos diletantes y “amantes de la literatura”, sino que mantiene la salud del pensamiento fuera de los círculos literarios y en una existencia no literaria, en la vida general comunal e individual.

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PICADILLY

Bellas, trágicas caras-

vosotras que fuísteis lozanas y estáis tan abatidas;

y, oh, las envilecidas, que pudísteis haber sido amadas,

y estáis tan impacientes y borrachas,

¿quién os habrá olvidado?

Oh, caprichosas, frágiles caras, pocas en muchas,

las gruesas, las toscas, las descaradas,

Dios sabe que no puedo compadecerlas, quizá, como

debiera;

pero, oh, vosotras, delicadas, caprichosas caras,

¿quién os habrá olvidado?

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CARTA DEL EXILIADO

A So-Kin de Racuyo, mi viejo amigo y Canciller de Gen

Recuerdo cuando me hiciste un bar particular

En el extremo sur del puente de Ten-Shin.

Con oro reluciente y transparentes gemas pagábamos

los cantos y las risas

Y pasábamos ebrios un mes tras otro, sin pensar en el

rey ni los príncipes

Hombres inteligentes venían por el mar y la frontera

occidental

Y con ellos, contigo sobre todo,

Nos entendíamos perfectamente

Y nada para ellos cruzar el mar o las montañas

Con tal de estar en nuestra compañía,

Y hablábamos de todo, sin ocultarnos nada, y sin

pesares

Después fui confinando a Wei del Sur,

Encerrado en un bosque de laureles,

Y tú hacia el norte de Raku-hoku

Hasta no haber entre nosotros más que añoranzas y

memorias comunes

Y luego, cuando era ya insufrible continuar separados,

Volvimos a encontrarnos y fuimos a Sen-Go,

Siguiendo las mil vueltas y remolinos de las sinuosas

aguas,

Hasta un lugar resplandeciente con millares de flores,

Que era el primero de los valles,

Y luego otros mil valles llenos de voces y del rumor

del viento en sus pinares.

Y con sillas de plata y riendas de oro

Salió a encontrarnos el capitán Kan del Este y su

comitiva.

Y vino allí también el verdadero mandamás de Shi-yo,

a darme a mí la bienvenida

Sonando un órgano de boca incrustado de piedras

preciosas

Y en las casas de dos y más pisos de San-Ko nos

obsequiaron más música Sennin,

Con muchos instrumentos, como en un coro de Pichones

de Fénix.

El mandarín de Kan Chu, ebrio, bailaba,

porque sus largas mangas no conseguían estar

inmóviles

Con la charanga de aquella música.

Y yo, cubierto de brocados, me lo quedé dormido sobre

las piernas,

Con el espíritu tan encumbrado que me hallaba en el

séptimo cielo,

Y antes del fin del día nos dispersamos como estrellas

o lluvia.

Yo me tenía que marchar a So, muy lejos todavía aguas

arribas,

Tú regresaste a tu puente del río.

Y tu padre, que era valiente como un leopardo,

Gobernaba en Hei-Shu, y sometió a los bárbaros.

Y un mes de mayo te mandó a traerme,

a pesar de la enorme distancia.

Y con las ruedas rotas y lo demás, fue un viaje duro,

sobre caminos retorcidos como tripas de chivo,

Y yo que caminaba todavía a finales de año

bajo el viento cortante que soplaba del norte,

Y pensaba qué poco te preocupaba el gasto

y tú me preocupabas lo suficiente para pagarlo.

Y ¡qué recibimiento!

Copas de jade oro, platos bien arreglados en una mesa

azul toda enjoyada

Y yo borracho, y sin pensar en el regreso,

Y tú caminabas conmigo hasta el extremo occidental

del palacio

Hasta el templo dinástico, rodeado de agua, un agua

transparente como jade azul claro,

Con canoas bogando, y el son de las armónicas y tam-

boriles,

Y las ondas parecidas a las escamas de los dragones,

remedando el verdor de la yerba en el agua,

El placer prolongado en compañía de las cortesanas,

yendo y viniendo sin estorbos,

Con las pelusas de los sauces cayendo como nieve,

Y las chicas pintadas con bermellón, emborrachándose

por fin al caer la tarde

Y el agua, de cien pies de hondo, reflejando sus cejas

verdes,

-Unas cejas pintadas de verde son para verse bajo la

luna tierna,

Lindamente pintadas-

Y las muchachas cantando y respondiéndose con cantos

las unas a las otras

Bailando en trajes transparentes,

Y el viento alzando el canto, interrumpiendo,

Y zarandeando bajo las nubes.

Pero todo esto tiene fin.

No se vuelve a encontrar otra vez.

Me fui a la corte a presentar examen,

Probé la suerte de Layú, ofrecí el canto Choyo,

Sin lograr promoción

Y regresé a las montañas del Este

con la cabeza blanca.

Y más tarde, otra vez, nos encontramos en el puente

del sur,

Y luego el grupo se deshizo, tú partiste hacia el Norte,

para el palacio San,

Y si tú me preguntas cómo es que siento tu partida:

Tal como caen las flores al terminar la primavera,

Confusamente, en agitado remolino.

¿Para qué sirve hablar? -y hablar no tiene fin,

No tienen fin las cosas del corazón.

Llamo al muchacho,

Lo hago sentarse en los talones aquí a mi lado

A sellar esto,

Y te la envío hasta mil millas de distancia, mientras

quedo pensando.

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LA BUHARDILLA

Vamos, compadezcamos a los que están mejor que

nosotros,

Vamos, amigo, recordemos

que los ricos tienen camareros y no

amigos.

Y nosotros tenemos amigos y no camareros.

Vamos, compadezcamos a los casados y a los no

casados.

La aurora entra con pasitos menudos

como una dorada Pavlova,

Y yo estoy junto a mi deseo.

Y la vida no tiene nada mejor.

Que esta hora de diáfana frescura,

la hora de despertarnos juntos.

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LA TUMBA DE AKR ÇAAR

“Yo soy tu alma, Nikoptis. He acechado

estos cinco milenios, y tus ojos muertos

no se han movido, ni responden nunca a mi deseo,

y tus ágiles miembros, en los que yo saltaba ardiendo,

no se queman conmigo, ni con nada azafranado.

Mira, la leve hierba brotó para hacerte de almohada,

Y te besa con sus miles de lengüitas de hierba;

Pero no tú a mí.

Me he cansado de leer todo el oro del muro,

Y mi pensamiento ha agotado todos los signos.

Ya no hay nada nuevo en todo este lugar.

Yo he sido buena contigo. Mira, he sellado las jarras,

No sea que despiertes y solloces por tu vino.

Y todas tus túnicas las tengo asentadas sobre ti.

¡Oh ingrato! ¡Cómo me olvidaré!

-Aún el río hace tanto tiempo,

¿El río? Tú eras demasiado joven.

Y tres almas vinieron sobre ti-

Y yo vine.

Y corrí dentro de ti, las eché;

He tenido intimidad contigo, conocido tu modo.

¿No he tocado la palma de tus manos y las yemas de

tus dedos?

¿Circulando dentro de ti, y en torno tuyo y de tus

talones?

¿Cómo te entré? ¿No era yo acaso tú y Tú?

Y ningún sol viene a darme descanso en este lugar,

Y me destrozo en la dentada sombra,

Y ninguna luz cae sobre mí, y tú no dices

Ni una palabra, día tras día.

¡Oh! Yo me podría salir, a pesar de los signos

y todo el trabajo en la puerta habilmente ejecutado,

afuera sobre los campos de verdura de vidrio…

Pero aquí es quieto:

No me voy.”

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LA ISLA EN EL LAGO

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones,

Dame a su tiempo, te suplico, una tiendita de tabaco,

Con las brillantes cajitas

primorosamente apiladas en los estantes

Y el fragante anduyo suelto

y la picadura,

Y el brillante Virginia

suelto en los vasos de vidrio,

y un par de balanzas no demasiado grasientas,

y las prostitutas entrando de pasada para una palabra

o dos,

Para una broma, y arreglarse el pelo un poquito.

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones,

Préstame una tiendita de tabaco,

O instalamé en alguna profesión

Que no sea esta maldita profesión de escribir,

Donde uno necesita su cerebro todo el

tiempo.

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CANTO XLV

Con Usura


Con usura ningún hombre tiene una casa de buena

piedra.

Cada bloque pulido bien encajado

para que el dibujo pueda cubrir su cara,

con usura

ningún hombre tiene un paraíso pintado en la pared de

su iglesia

harpes el lutes

o donde virgen reciba mensaje

y halo se proyecte de la incisión,

con usura

ningún hombre ve a Gonzaga sus herederos y sus

concubinas

ninguna pintura es hecha para durar ni para vivir con

ella

sino que es hecha para vender y vender pronto

con usura, pecado contra natura,

tu pan es cada vez más de trapos viejos

seco es tu pan como papel,

sin trigo de montaña ni harina fuerte

con usura la línea se hace gruesa

con usura no hay clara demarcación

y ningún hombre puede hallar sitio para su morada.

El tallador de piedra es alejado de su piedra,

el tejedor alejado de su telar

CON USURA

no viene lana al mercado

la oveja no da ganancia con la usura

La usura es una morriña, la usura

mella la aguja en la mano de la doncella

y detiene la habilidad de la hilandera. Pietro Lombardo

no vino por usura

Duccio no vino por usura

ni Pier della Francesca; Zuan Bellin no por usura

ni fue “La Calumnia” pintada.

No vino por usura Angélico; no vino Amborgio Praedis,

No vino ninguna iglesia de piedra pulida firmada:

Adamo me fecit.

No por usura St Trophine

No por usura Saint Hilaire,

La usura ensarra el cincel

Ensarra el arte y el artesano

Roe el hilo en la rueca

Ninguna aprende a bordar oro en su bastidor;

El azur tiene un chancro por la usura; el cramoisí está

sin bordar.

La esmeralda no encuentra su Henling

La usura asesina al niño en el vientre

Impide el galantear del muchacho

Ha traído parálisis al lehco, yace

Entre la novia y el esposo

CONTRA NATURAM

Han traído putas a Eleusis

Cadáveres se han sentado al banquete

Invitados por la usura.

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