02
Dic
08

la tarde del espantapájaros y la sirena imaginaria

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I

Esa luz que llega.

Esa luz que no es de piel

y es piel.

Esa voz luminosa,

que no es sonido

pero es sonido.

Ese mar calmo,

que no es calmo.

Esa espera lenta

que no es lenta.

Te muerdo de repente,

al romper la piel

y el sonido y la luz.

Este mar no es calmo:

tiene la eyaculación

de la sal,

de la saliva, y no es calmo.

Esa luz que llega

y me llena.

Esa llama

que llena

el sueño que avecina.

Hundir la lengua

enhiesta

en tu sueño

que llega.

Sal, esta sal

que se esparce

y no es la sal

de tus escamas.

Sal hacia mí,

sale aire

en esa luz que no alumbra.

Esa luz que es piel,

que se abre de piel

hasta la furia

de la tormenta.

II

Esta tarde nos hicimos

cosas de lengua.

Las unimos en el mar:

-Tú mojada y yo húmedo,

nos hicimos el amor

sin tocarnos,

pero un amor de perros,

de perros y gatas estrábicas,

de lengua ocultas,

pero lenguas de agua.

Esta tarde nos hicimos el amor

en cada uno de los labios

que no rozamos.

Nos hicimos el amor bajo la mesa,

frente al rosado salmón

y la sobremesa blanca,

junto a la cristalera

y los demás testigos.

Nos miraban hacernos

el amor sin gemir

otra cosa que susurros.

Esta tarde te oí recitar

esperma en tu espalda

y en la suave gota de humedad

de fruta que mordí.

Palpé con el dedo el flujo

que surgió de la risa,

y mojaste con pan

la masturbación de las hadas.

Esta tarde hicimos

cosas de lengua

hasta unir tiempos

en una mesa.

Mi caos entre espuma

de tarde otoñal y tu

vino inusitado de espera

despertando la idea.

Esta tarde hicimos el amor

como perros enjaulados,

como bríos de escarcha,

pero no hubo voces

y pagamos con tarjeta.

Soñamos que todo sucedía:

tú aliada del caos

perdiendo el orden

y yo hijo del orden

dibujando el caos.

Cada uno de mis orgasmos

te llegó al alma como un latido

ensordeciendo

la civilización de nuestra risa,

la fría daga que llevabas

a la espalda

mientras clavabas en mi pecho

tus respiros.

De haber gritado como

una diosa sobre mis piernas

me hubieras arrancado

el corazón en la misma sábana,

y el sol se hubiera

ido diciéndonos a gritos

que nos comiéramos

de una sola vez

el alma.

III

Extinción del amor

como una carta astral.

Tú la dibujas sobre el mundo.

Extinción del amor

hasta el chasquido

y la lágrima.

Extinción de lo que somos.

Ardemos contra el muro

de tristezas y suenan

las sonatas alegres.

Renacer de labios.

Renacer de estrellas y ecos.

Extinción del amor

mientras me abrocho

la cremallera y te subes

la ropa interior por el muslo.

Extinción del amor

que surge cuando todo quema.

Quema la tarde lluviosa.

Queman tus años de gata

en el horizonte roto

de la desexperiencia.

IV

Me pareció al pisar mi casa

entre las velas de un regocijo

que terminaba de eyacular sobre

los hombros más hermosos

en un mar hinchado

que gozaba con reírse

del salvaje palpitando

hasta convertirlo

en un cordero trinchado

disfrazado de perro hambriento

lleno del deseo de lamer

tu sexo hasta

que el alba le dijera:

“extingue el ruido

y deja la mar calmada

en este atardecer

que no te pertenece

aunque creas ser de escamas

saladas y de labios

que no has besado”.

V

Me da miedo no dar más que esta arena,

pero no puedo evitar

que la luz construya estas sombras.

Me alejo en la carretera

sufriendo el alboroto del invierno.

¿Qué ha sido este espejo?

¿Por qué estas imágenes se falsifican

veraces sin haber sucedido?

Sucedió que fuimos otro sexo

de hiel en las fauces del ocaso.

Anochecíamos como ovejas

de retiro pero te vi esos dientes

que podían inocular

tu sangre en mis venas.

Lo raro es que sonreías mientras

quería devorarte la lengua.

Lo extraño es que hayas notado

mis brazos estrechar

tus senos que surgían del vaho.

Me da miedo no ser más que esta arena

que no podrás asir

bajo la nube que nos pesa en el adiós.

No me des consejos para no llegar

al centro de tu gozo,

no me des consejos para que

no insemine tu imagen de renacimiento.

VI

Dije que la vida era azul

y pensaba cómo sería tu cuerpo

desnudo sobre las rosas.

Dije que la historia era gris

y pensaba en rizar tu vello

con la lengua.

Dije que el pasado era rojo

y pensaba en lamer la humedad

de tus lágrimas en el vientre

Dije que el tiempo era verde

y pensaba en morder tu labio

en el alba incendiada.

Dije que el hombre es negro

y pensaba hundir en tus muslo

el sol de mi esperma.

Dije que el amor era amarillo

y pensaba acariciarte hasta

que tus ojos fueran de arena.

Dije que la amistad es morada

y pensaba en levantar tu grupa

para penetrar tus huecos de agua.

Dije que el aire era rosa

y pensaba contemplarte

bajo el influjo de la luna.

Dije que la nada es blanca

y pesaba en gozarte completa

hasta ganar el precio de tu vientre.

Dije todos los colores del arco iris

y pensaba morder tu carne

para soñar el sabor de las sirenas.

VII

La orquesta sonó para nosotros.

Fue tu risa las notas de una sonata

y ese vals de luz declinando

bajo la noche esparcida.

Hemos bailado pisándonos

los pies con la torpeza de

lo que nace entre las brumas.

Aparecida la música aprietas los labios;

el próximo beso que te de

será en el centro del exterminio,

en ese punto donde la energía

del placer articula la odisea humana.

Ordenar el caos, música y palabras,

hasta que la oscuridad se apodera

del canto de las gaviotas,

sintiendo que tu olor de mares

es el clítoris de todas las islas.

VIII

(Visiones)

Te cogeré de las manos y volaremos

en esta espiral hasta estrellarnos contra el suelo

hechos triza, sanguinolentos y rotos

como muñecos de trapo,

justo en la esfera que dibujó tu dios

para vencernos tan hermosos.

Hay que salir a nado,

aunque sea echando los demonios del cuerpo

a vómitos, con el alma encendida de lluvia,

aunque deba arrancarte los pechos

con los dientes y tu extirparme

de cuajo el sexo que inseminó tus lunas.

Y así, en el suelo, exangües y cadáveres,

abriremos los ojos, los mismos ojos

prisioneros del mal fario del porvenir,

y toda la conciencia

será para vosotros, que nos olvidaréis

como si fuéramos gatos aplastados

en el asfalto, sin más identidad que esta piel

rota que tantas veces nos acariciamos.

IX

Lo peor es que no podemos jugar

porque ya jugamos demasiado,

que no podamos inventar

porque venimos de tantos reinventos,

que no podamos traspasar un límite

porque somos conscientes

de que no son los dieciochos años

en la esquina de estos parques.

Lo peor es que no somos de piedra

y podemos convertirnos en destellos.

Lo peor es que tus labios

hacen olvidar el color de la tarde.

Lo peor es esta espera que no seduce

la totalidad de tus ojos húmedos,

que no seamos más que espejos

y sólo podamos acariciar cristal,

que tú seas demasiada mujer

para esos hombres de láminas agrietadas.

Lo peor es que no te convenceré

de amarnos porque conoces los resultados.

Lo peor es que los besos terminan

teniendo un sabor agrio,

que las noches de soledad

se vuelven añoranza acompañados.

Lo peor es que hacerte el amor

es cómo nadar en piscinas sin cloro,

que besarte las nalgas al despertar

es el reflejo de todo lo que vivimos.

Lo peor es que la culpa dibuja los mares

y nos los entrega helados en las ventanas.

Lo peor es que no puedo vivir

sin lo peor de todo,

(que es creer lo imposible)

que ese aire que enfría la avenida

tiene el mismo brillo de los espejismos,

que no sea yo un hombre desnudo

sin más historia que el deseo

de las llamas que nacen en invierno.

X

Todo el italiano que surge

de tu lengua se pone en mi

pecho para dibujar Venecia.

Tradúceme a mí, por favor,

traduce mi lengua herida

que aspira a lamerte la sangre

que dejaron en ti los cadáveres

de lo que nunca fue futuro.

XI

Me acomodé en el andén para esperar

el tiempo de la hadas,

el cielo protector, la sirenas de Odiseo,

las gracias de la tarde y la expectación

de los ociosos de alma.

Leía versos sobre palomas y hombres

que escriben en velas y con venas

de tinta, sobre fantasmas de pantallas

blancas mirando el ocaso de las mareas.

Sé que llegan los trenes como

le sucedió al hermano de la sirena.

(¿Por qué esperar esos trenes

en la madrugada helada?)

Estoy en ese andén, en el cruce de caminos

experto en astrología.

Me acomodo sobre el banco

para observar el paso de los viajeros

en la estación de piedra.

Bajan las sirenas y desfilan

sus caderas de escamas.

No me importa la perfección

de su armadura de agua,

prefiero la invitación al deseo tranquilo

mientras leo que la vida se escapa.

XII

El espantapájaros y la sirena hablan

de amor:

La sirena dice que las mujeres son

madres y putas y naturaleza misma e inteligencia y el futuro.

Y el espantapájaros susurra que los hombres son violencia, silencio, inocencia ciega, muerte

y sangre derramada.

La sirena insiste

en que las mujeres madres y putas y naturaleza misma e inteligencia y el futuro

acarician con los dedos el horizonte

y suelen llorar la llegada de los hombres

sin rostro y sin alma,

aguardando una redención jamás hallada.

-Yo quiero que tú, o la llama que despiertes,

seas primero puta y madre, y luego naturaleza misma e inteligencia y el futuro,

aunque sea derramando

los brazos ávidos y avivando tus labios congelados.

El espantapájaros y la sirena hablan del amor

mientras la tarde rompe al sol

con sus grises de oquedades,

y al mirarse en el espejo

él la oye susurrar: soy puta y madre y naturaleza misma e inteligencia y soy el futuro

…tú futuro.

XIII

No eres permeable como el suelo calizo,

ni tienes en los labios las promesas.

No eres permeable porque alguien te fue

extirpando los huecos y la arena,

y fue quedando una tierra dura

que se disimula con el maquillaje.

No eres permeable a mí ni a nadie,

aunque yo querría penetrar

tus poros y resquicios y henchir

de semen aquello que sólo

es rumor, decepción o espanto.

XIV

A ti no te asusta la palabra futuro.

Tú no la ves terrible y obscena,

no temes a esas estrellas porque las construyes

con el aire y el aliento,

con esas manos que tocaron mi cara

ausente de pánico.

A ti no te importan las nubes

ni el cierzo congelado que brota

de la tristeza.

Te parece bien este eco

que a mí me ensordece,

y tú lo transformas

en una cálida luz que se me antoja

hermosa y transparente.

A ti no te asustan las balas

que suenan en mis oídos,

ni la palabra futuro grabada en el pecho,

ni el rumor de esta decrepitud

que asoma,

ni esas esperanzas ahogadas

en el frío hálito de la espera.

XV

(Reconstrucción)

La imaginación de la sirena acompaña

al sueño.

El espantapájaros se olvidó de algunas nubes y aguarda

el caer de la lluvia que limpie

el aire.

Será que ahora está en las imágenes

de lo que no fue y en el eco

de lo que sí se hizo.

Frente a frente, las manos temblaron

al reír los fantasmas del tiempo,

al dibujar las alas y esa celebración

salvaje del exterminio.

No terminará de arreglar

el ventilador si no rueda

para él, sino son tensión en los ojos

y humedad en la boca.

Esa cosa húmeda que siempre llevan

dentro de la boca se humedeció

de lo inasible y de la furia

de lo controlado.

Eyaculó el espantapájaros tres veces

con cada sombra de las horas;

la sirena gemía en el silencio

y en cada orgasmo

rejuvenecía sus escamas de plata.

Después de la mariposa queda un silencio

de larva que huele a primavera,

que renace de los ecos de sus resabios

y de aquello que no dijo.

Se marcharon con la miel en los labios,

goteando espasmos, saciados de tiempo.

Ella para diseñar los pasos del camino,

las huellas que pronunciaron sobre

las marcas de fuego.

Le propuso él enlazarse como carcasas

de artificio, y rodar y brillar,

aunque ella prefirió que fueran

carcasas que se cruzaran el cielo

sin caer juntas chamuscadas

de pólvora.

Se puede hacer del hilo

la totalidad de cada jersey,

ir destejiendo cada tela y su color

para buscar aquello que define

a la pieza entera.

Se desovilla el alma

a pedazos mientras recuerdan

como poseen los cuerpos los jóvenes,

como se ralentiza el deseo

en la edad de todas sus pieles.

La imaginación de una tarde con la sirena

apaga las luces de esta madrugada,

la hierba huele en él extraña,

al incienso de las iglesias,

al perfume que atisbó de lejos,

a esa ausencia que no pudo retener.

Esperó no haberse olvidado

de las laderas y los ríos justos,

no abusar del espíritu que empuja

la libertad de los poetas.

Seguir escuchando esa voz en los parajes,

pensar que tal vez mañana

la sirena alumbrará sus pantallas

y le pida volver a ver su alma.

Es posible que esa vez el ruido sea tan ensordecedor

que los expulsen de las salas de luz,

quemados de azufre y mirra,

incendiados por la saliva desparramada

de esa cosa que siempre llevan dentro

de la boca.

El cielo ha cambiado de repente,

el aire frío recupera su perfume,

la cadencia del quiebro, la santidad

religiosa de la vida.

¿Acaso no somos más que un exorcismo

de lo sagrado para continuar

construyendo un edifico de utopías

y versos de amores despiadados?

La imaginación de la sirena acompaña

ahora al sueño,

se adentra la noche con el rumor ciego

y esparce el espantapájaros sus sonidos,

vive al dormir esperando nacer

al despertar, nadando en un mar

de tristes rizos de luna y danza.

XVI

(El erotismo)

Lo más sagrado fue violar

tu imagen, rozarla con los ojos

erizados, con el azul del mar

en tu boca roja.

Si me muerdes respiro,

si bebes mi sangre nace la vida.

Sagrado y profano sólo queda

la trasgresión del cuerpo.

Comulgar es comer la carne.

Sólo fuimos expiaciones

hechas de palabras.

Lo más sagrado es que violes

mi imagen, rozarla con tus ojos

de gata, con el rojo de tu pelo.

Si te muerdo respiras,

si bebo tu sangre nace la vida.

Este es el nacimiento del ritual;

mojados de lluvia fina,

abiertos como vísceras,

te doy un trozo de mí

para que seas un conjuro.

Construye el pasillo hacia el cielo,

estoy dispuesto a arrastrar los huesos

para beber tu esencia, romper

esta nada, este vacío de no devorar

el espejismo de las renuncias.

XVII

(Despertares)

La brisa era marina y tú dormías

abierta en el reposo blanco,

bajo la luz de estás hileras de vida,

cubriendo tu sexo con los dedos.

Todos los ecos surgiendo del vello,

el pubis rasgado en el origen del mundo:

de ahí salió la vida,

de ahí se avecinan las catástrofes

del espantapájaros.

XVIII

(Conclusiones del espantapájaros y la sirena)

Y el espantapájaros, después,

le dijo a la sirena que sus dudas

siempre dibujaban un camino.

Que ser el origen del mundo

no era síntoma de saber algo más,

y era posible que el vaivén

de la existencia enseñase

más que la seguridad plana,

que la negación de lo inconcebible

y el contacto de la tierra.

(-Al fin y al cabo tu viaje horizontal

no ilumina más que el mío vertical.

Tus pausas no dicen más

que los quiebros de mis mapas.)

Construye la cartografía que quieras

que yo construiré la mía,

pero no consideres tus fotografías

más lúcidas que las mías.

Estamos hechos de aire,

quieras o no dibujar un edificio

al borde de la orilla.

De tu mar aprendo,

de mi tierra aprenderías.

Y el espantapájaros comprendió

que nada era posible desde la razón:

Los siglos de la sirena pesaban

como las losas de los años en el camino.

Era como enfrentar la longevidad de Ezra Pound

con la intensa brevedad de Guillaume Apollinaire:

Danza frente a quietud,

luz de mediodía frente al atardecer.

Entonces le dijo no juzgues los cuidados

ni el exceso, no silbes canciones antiguas

en mi oídos:

(-Sé la madre del mundo

y no la mía, no estoy tan perdido a pesar

de los vientos.

Respiro aire puro,

sueño con calabazas de noviembre

y guardo la magia en un pañuelo.)

La sirena observó de lejos

el caminar alado del espantapájaros

y quiso redimirlo de la angustia.

El espantapájaros esbozó la sonrisa de las llamas,

y pensó que cuando el fuego se alzara

de esos pechos todo será demasiado

decrépito para asistir a la incineración

del miedo, a las candilejas de la resurrección,

y estaban demasiado ciegos para alcanzar

la lámina del olvido en las grietas de los edificios.

(-No me cojas de la mano para llevarme

porque mis kilómetros ya saben el camino.

Si quise acompañarte no me recuerdes mi mapa,

no sigas las pistas de hielo ni los caminos

muertos, mira los tuyos desde las cenizas.

Si un día quieres aire igual puedo dártelo,

pero no me entregues tus pesquisas,

me son tan válidas como las tumbas

que guarecen los féretros.)

Seremos amor cuando tú seas olvido,

cuando yo ascienda por los cielos

y miré desde arriba los tejados.

No haber alcanzado mis sueños

no significa que no sepa

de que están hechos.

(-Al fin y al cabo no fui yo quien

enviaba postales a los muertos,

no fui yo quien perdió los asientos

de los trenes ni imaginé que todo

era un premio, no fui yo quien

aguardó tanto para romper la escarcha.)

El espantapájaros pensó que la sirena

no comprendía nada, que lo confundió

con otros perros y otros marineros

sin puerto, pero se dijo que algún

otra sirena, o ella menos salada,

hallaría el libro escrito con sangre,

aquellos versos que la vida le revelara.

(-Entonces sabrás, sirena, de que está

hecho tu mar, a qué saben los beso de luna,

quien llorará más las noches en vela,

a que llamamos insomnio y ebriedad,

de dónde viene la vida,

de cómo mi maternidad es la furia

y crea la misma existencia que tú

alumbraste de las entrañas del cuerpo.)

-Tus paredes sólo son más suaves y finas;

las mías arden de fuego ebrio,

de incombustible esperanza.

Copyright Jimarino2008




15 Respuestas a “la tarde del espantapájaros y la sirena imaginaria”


  1. 1 alfaro
    Diciembre 3, 2008 en 1:49 am

    Estoy atónita, asombrada, estos 19 poemas son un libro.

    A veces tuve la sensación de estar ante la letra de una ópera, no de cantar, sino de opus, de trabajo, de obra inmensa y llena del simbolismo de la vida, del amor, de la pasión, del sexo más desgarrador, del principio y del fin de los amantes…,

    Un simbolismo universal en el que casi que me he visto reflejada en algunos versos, como una continuación a algunos de mis símbolos, es increíble, es tan increíble que es fantástico, eres como un mago, es casi como si me hubieras traducido, y con lo universal sucede así, nos vemos reflejados, como si fuéramos almas gemelas o algo así por decirlo de algún modo.

    Un beso.

  2. 2 jimarino
    Diciembre 3, 2008 en 6:08 am

    Querida Alfaro:
    Si alguien me preguntara cuales son mis poetas favoritos contemporáneos no tendría ninguna duda en incluirte a ti, y eso que el formato de internet suele ser algo molesto para la lectura. Mi vida lleva tiempo alimentando este pequeño librito poético, pero es inevitable leer no sólo autores consagrados con obra impresa o releer antiguos tesoros poéticos que guardo, sino empaparme del presente. He utilizado algunas imágenes tuyas porque me parecen lugares renovados y hermosos, porque son auténticos, porque siempre terminas por inspirarme, porque tu poesía tiene un valor inmenso. De hecho este poema tenía varias dedicatorias pensadas, pero a veces la discreción y los malentendidos hacen díficil escribir nombres, y entre esas dedicatorias estaba la tuya.
    A veces me apena tu tristeza sin saber porqué, otras disfruto con tu alegria y tu nostalgia, con tu irreverencia, con tus quiebros verbales y esas digresiones que transforman siempre la intención de unos versos y los hacen inquietantes o riquísimos. Me entusiasma que tu post se llene de comentarios, de gentes que casi te toman como referencia, como maestra, algo que de alguna forma también me sucede a mí. Debes ser muy joven, o al menos es lo que me parece, pero tienes la sabiduría poética de una mujer de ochenta años, es como una mezcla de enorme seguridad metafórica, de la vitalidad inconsciente de la juventud entrelazada con el sosiego de la experiencia. Me imagino qué sucederá cuando la vida siga alimentando de tiempo tu mirada: menudo genio descubierto.
    Recuerdo una vez que me dijiste ante mi sorpresa frente a un poema maravilloso que habías escrito, que no te parecía algo tan impresionante y que aún estabas aprendiendo. A ti no te puede enseñar nadie poesía porque la llevas dentro y lo único que espero es que nunca te abandone y te sirva (estoy seguro de que te servirá).
    Me has alegrado la mañana con tu comentario. Es como despertar y pensar que una persona a la que no conozco, que debe andar lejos, por geografías y edades tan distintas a las mías, es mi semejante, y eso, te lo aseguro, anima a vivir.
    Mil gracias, Alfaro por no haber abandonado nunca estás páginas…
    Un beso muy fuerte

  3. Diciembre 3, 2008 en 12:36 pm

    No se cómo podés escribir así…desde las víceras.
    Es tanto lo que hay y tanto lo imaginario que debo volver a leerte una y mil veces más.
    Eso que traes, esa compulsa de diferentes necesidades, de diferentes comprensión

    (y siempre el sexo como tarea fina del amor)

    Magnífico, como siempre.

    Un beso y acá me encontrás.

  4. 4 alfaro
    Diciembre 4, 2008 en 3:04 pm

    Gracias, por una respuesta tan extensa.
    Un beso.

  5. 5 jimarino
    Diciembre 4, 2008 en 8:26 pm

    cecilia;

    no sé como darte las gracias por el esfuerzo que supone leer diecinueve poemas y encima escribir sobre ellos. Me sonroja tu entusiasmo.
    Me diste un susto de muerte con tu cierre. A veces no escribo comentarios pero me empapo de todo lo que hacés (como dirías tú).
    Ya sé donde encontrarte, Cleopatra. Todos los caminos llevan a Roma. Me perderé por tu polvoyespantoypolvo.
    Un besazo.

  6. 6 azularena
    Diciembre 11, 2008 en 11:24 pm

    No escribo pero te leo.

    y te echo de menos, tu poesía y a tí.

    Sin posibles comentarios a tus últimos post.

    Te compagino con Lorca (seguro que esto te alegra)

    ¿que tal la reina? dale un besazo de mi parte

    hablamos un día de estos.

    • 7 jimarino
      Diciembre 19, 2008 en 6:54 pm

      azularena,

      siempre por aquí, siempre yo por allí… lo nuestro son los encuentros, la ausencia y la presencia. Yo también te hecho de menos
      Lo de compaginarme con Lorca, es puro amor por tu parte… un besazo

  7. 8 carlosmonsivas
    Diciembre 16, 2008 en 7:34 pm

    ¿Me voy quince días de vacaciones e incendias tu blog?
    Me he quedado exhausto, maravillado. Diecinueve poemas (en verdad son dieciocho) en torno al amor, al deseo y al sexo, a lo sagrado, lo erótico y las huellas.
    Llevo ya algunos meses siguiendo el blog y francamente no deja de sorprenderme.
    Te apuntaría dos consejos:
    -Como decía un comentario de los de arriba, esto poemario, junto con los poemas del espantapájaros anteriores, es un libro, y así deberías mostrarlo, no quizá a través de la incomodidad de un blog.
    -Creo que hacía años, y lo digo de verdad, años, que no contemplaba el nacimiento de una poesía distinta. Esta hecha de símbolos y metáforas que inflaman el alma, y aunque sea excesivo (debes serlo tú sin duda) convoca la calma del fin de las tormentas. Es la mágica sabiduría de lo que se excede con majestuosidad.
    Me hubiera gustado ser el espantapájaros o la sirena.
    Francamente magnífico.
    Un saludo.

    • 9 jimarino
      Diciembre 19, 2008 en 6:56 pm

      Al final tendremos que conocernos, Carlos…
      Espero que tu viaje haya ido bien, y me entusiasma que La tarde del espantapájaros y la sirena por lo menos haya significado intenso algo para ti. Para mi ha sido un viaje alucinante, cuyos efectos aún pululan por mi subconsciente y mi consciente, me llenan de agua pura…
      Mil gracias.

  8. 10 (*
    Diciembre 18, 2008 en 5:08 pm

    Uf, uf… Como la última vez, he tenido que leerte varias veces para poder dejar impresa en este espacio mi huella de luna que poco tiene que decir, en realidad, después de todo esto. Quizás porque voy en busca de una paz que ansío, me ha gustado mucho leer, sobre todo, esto:

    XI

    Me acomodé en el andén para esperar

    el tiempo de la hadas,

    el cielo protector, la sirenas de Odiseo,

    las gracias de la tarde y la expectación

    de los ociosos de alma.

    Leía versos sobre palomas y hombres

    que escriben en velas y con venas

    de tinta, sobre fantasmas de pantallas

    blancas mirando el ocaso de las mareas.

    Sé que llegan los trenes como

    le sucedió al hermano de la sirena.

    (¿Por qué esperar esos trenes

    en la madrugada helada?)

    Estoy en ese andén, en el cruce de caminos

    experto en astrología.

    Me acomodo sobre el banco

    para observar el paso de los viajeros

    en la estación de piedra.

    Bajan las sirenas y desfilan

    sus caderas de escamas.

    No me importa la perfección

    de su armadura de agua,

    prefiero la invitación al deseo tranquilo

    mientras leo que la vida se escapa.

    Yo de poesía más bien sé nada, pero aun siendo así, mi enhorabuena, Jimarino, por esta colección de poemas acuáticos.

    Dulces besitos.

    • 11 jimarino
      Diciembre 19, 2008 en 7:32 pm

      (*
      Muchas gracias por el comentario y el esfuerzo de leer estos poemas. Es curioso que hayas elegido precisamente el que menos me pertenece, pero eso me alegra. Muchas de las imágenes de este poema se las debo a la mejor poeta acuática viva que conozco. Son suyas la imagen del Cruce de caminos, El anden, los hombres que escriben en venas de tinta, las escamas de la sirena). Sin ella, el poema se hubiera quedado mustio, así que le debes estos versos…
      tengo que contarte que me encanta perderme por tus Lunas de papel, adoro esas profundidades, esa originalidad única, esos otros espacios que van dibujando un mundo que me asombra y me conmueve, que me desconcierta y me fascina. A veces no te dejo cometarios, porque me siento incapaz de añadir nada a tus textos, pero te sigo, día a día, incluso vuelvo y revuelvo, otras pienso que cualquier intento de adentrarme en tu curioso modo de escribir y mirar el mundo seria algo indiscreto, así que prefiero leer y cerrar el pico, pero ahí estoy, cada cierto tiempo adscrito a tus lunas y a tus espacios verbales. Aprovecho para felicitarte yo también
      Me han encantado tus dulces y aniñados besitos.
      El espantapájaros siempre es más bruto con los saludos. Un besazo.

  9. 12 Carmen
    Diciembre 19, 2008 en 2:49 pm

    No hay nada que pare a este espantapájaros excesivo y excepcional, y yo lo celebro, claro. :-)

    http://es.youtube.com/watch?v=sW6smzKpKE8

    Besazos, i miss youuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

    • 13 jimarino
      Diciembre 19, 2008 en 7:14 pm

      querida sister
      ya sabes que tú eres la única genio de esta family, y lo celebro, claro…
      ¡Ya no queda ná para vernos! Espíritu de la navidad
      Ya me explicarás lo del verano de Kikujiro.. pero lo he disfrutado, se me ha quedado una sonrisa de tonto feliz en la cara para hacerme una fotografía… tengo que volver a ver la película, me ha conmovido la escena.
      Un besote, que te voy a espachurrar cuando te vea….

  10. Enero 28, 2009 en 5:07 pm

    Jimarino

    Una vez mas me encuentro soñando despierta con uno de tus escritos…

    Me ha dejado hasta lagrimas… simplemente perfecto y real… tan hermoso que si hablo demás, estare violando lo sagrado que me deja en esta gruta hueca que se llena de sal marina….

    Aaaah… por Dios… ¿soy yo? o es que ¿la habitación está demasiado caliente?

    Besos a la distancia querido… no dejas de sorprenderme.

    • 15 jimarino
      Enero 29, 2009 en 10:23 pm

      Entusiasmado por tu comentario, Lucifera. Quiza demasiado generosa, pero feliz de que te provoque calores. Es una hermosa historia que me acompaña la de La tarde del espantapájaros y la sirena imaginaria. Me brotó como una fuente,como el deseo y la furia, como lo sagrado que a veces nos azuza.
      Un beso muy fuerte.


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