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oscar wilde – de profundis

Oscar Wilde ha guardado para la posteridad una imagen sofisticada, elegante, brillante y mundana. Supongo que el éxito que tuvo en vida, su manera de afrontar la existencia, la distinción de sus obras, el modo en que vivió, su éxito social, su facilidad para alcanzar el aplauso y la brillantez, colaboraron para crear a su alrededor un aura de glamour que resulta difícil de desterrar. Al leer con atención su literatura, sin duda el lector puede adivinar la profundidad y la radicalidad de sus propuestas, aunque su estilismo, su afán por la belleza, genere alguna que otra sensación de artificio propia de la época. Icono de la modernidad, murió cuando comenzaba el siglo, en el año 1900, y de alguna forma, hasta esa circunstancia fue premonitoria, marcó la percepción que se tiene de él en nuestro días. Si alguien me hubiera pedido que definiera a Wilde con un puñado de adjetivos, hubiera dicho de él que era rebelde, genial, orgulloso y como escribiera el poeta Rimbaud, absolutamente moderno. Leer De profundis ha hecho que conciba a Oscar Wilde de un modo más rico. En la Balada de la cárcel de Reading, ese largo poema que, si no me equivoco, fue su última obra pública, intuí que tras las máscaras del autor, y después de haberlo comparado irremediablemente con el engreído y brillante Dorian Grey, se escondía en realidad su valor artístico por encima de prejuicios o afirmaciones estéticas apresuradas, propias de su enorme ingenio y la repercusión social que tuvo en su tiempo, heredadas por la crítica posterior de su obra o por la imagen de triunfador que nos dejó. Después de leer De profundis, tengo la sensación de que la validez de Wilde excede con creces esa visión influida o estereotipada. No se debe adorar a un escritor por sus gestos externos, por su apariencia y las anécdotas que definen una vida, sin haberse adentrado en su obra. Los mitos deben estar destinados al deporte o actividades menos espirituales. De profundis, editado por Siruela en febrero del año 2000, y que en Marzo del 2008 lleva ya su quinta edición, es una oportunidad magnífica para repasar la esencia de una obra rica en géneros y matices, dispuesta a superar, a poco que se profundice en ella, el mito de Oscar Wilde y su inevitable relación con el éxito.

VIDA Y OBRA DE OSCAR WILDE

Oscar Wilde es uno de esos raros genios que aparentemente disfrutó de fama y predicamento en su tiempo. Consultar los periódicos de la época en que compuso sus obras de teatro, supone encontrarlo sin descanso. Fue alabado, caricaturizado y glosado como pocos autores lo han sido en vida. Era un personaje público de enorme repercusión, cualquier gesto suyo o declaración provocaba ríos de tinta. Él comprendió que su fama excedía el valor artístico  de sus obras, pero durante algún tiempo no le importó. Nació en el seno de una familia aristócrata y adinerada. Estudió en Oxford, donde fue un alumno brillante. Triunfó muy pronto en el mundo literario, sus contactos en la universidad británica y su talento le permitieron llegar sin dificultades a la cima, y mantuvo una influencia predominante en su tiempo. Fue conocido en toda Europa, incluso en Estados Unidos. Vivió una vida de riquezas y holgura. Comía en los mejores restaurantes del Reino Unido, se codeaba con la alta sociedad londinense y se convirtió en poco tiempo en un referente estético ineludible. Jugó a ser un dandy, vivió una vida disoluta y en contacto con placeres superficiales que aireaban su gravedad intelectual, aunque nunca olvidó quienes eran su amigos y cual era su verdadero papel, su misión literaria. A lo largo de toda su vida, reconoció que lo único importante eran sus afectos y su arte, pero la tentación del placer, de la existencia que le ofrecía su enorme popularidad generaba a su alrededor expectativas a las que no pudo renunciar. Se vio dominado por su propia celebridad. Wilde escribió alguna vez que para un artista toda experiencia es buena, y él llevó al extremo la premisa. Lejos de esa consideración de homosexual frívolo con la que se ventila en ocasiones su biografía, Oscar Wilde se casó y tuvo dos hijos. Mantuvo numerosas relaciones homosexuales, fruto de su hedonismo innato y no quizá motivadas por una orientación sexual predominante o por razones fundamentales de su existencia. Su conversión en icono gay, es a mi juicio una cuestión exagerada, sin importancia, o sólo útil de mencionar si sirve para ser leído.

Cuando conoció a Alfred Douglas, su éxito teatral traspasaba ya las fronteras del Reino Unido: aclamado en Francia, su influencia estética se extendía por toda Europa. Aquel joven aristócrata, de una familia venida a menos, vio en Wilde una especie de símbolo de la opulencia y el éxito. Alfred fue expulsado de Oxford por sus escasas dotes para el estudio y su vida libertina. Creyó hallar en el autor un referente para sus inquietudes mundanas y una enconada oposición hacia la rígida -y estúpida- moral de su padre. Para el joven Douglas, su relación con Oscar Wilde significó encontrar un sentido, un aliado deslumbrante que le permitía liberarse de las miserias de su familia. Vivió a costa de Wilde durante años. Le hizo gastarse sumas de dinero inmensas que fueron mermando la antes holgada economía del escritor. Los motivos de semejante dispendio no parecen claros. En De profundis, Oscar Wilde hizo un acto de contrición y de sinceridad conmovedores, pero obvió en qué consistió la relación con Alfred Douglas, qué fue lo que propició que ese joven insoportable, retratado a menudo como un egoísta intolerante, caprichoso y estúpido, lo arrastrase hasta el infierno. Quizá la relación erótica sedujo al artista hasta convertirlo en una especie de amante-padre que Alfred utilizaba a su antojo. En el texto mencionado, una larga carta que Oscar Wilde le escribió, expresa como el muchacho impedía el desarrollo de su obra, se presentaba sin avisar en los hoteles y en las mansiones en las que se alojaba para escribir, se autoinvitaba en comidas, clubs y salas de fiesta, se entrometía en las relaciones de Wilde con sus amigos, lo provocaba, le enviaba cartas incendiarias, e incluso le obligaba a recoger sus cenizas cada vez que se quemaba. Las razones por las que Wilde aguantó varios años esa situación parecen inexplicables, y en ningún momento quedan reveladas. Las explicaciones del autor sobre semejante pasión resultan demasiado superficiales en comparación con el resto de sus confesiones, o tal vez no quiso arriesgarse a desvelar mayores intimidades, dada la situación en la que se encontraba. Oscar Wilde debió pensar, como así fue, que la carta que le enviaba a Alfred Douglas sería algún día publicada y le preocupaba la imagen que pudiera dar a la posteridad, o simplemente temió que la familia del muchacho volviera a utilizarla en su contra. Aún así, o aunque se tratara de una pasión amorosa o erótica, o en realidad como él intenta hacernos comprender, que tuviera una intuición amistosa, salvadora y educadora del espíritu confundido y mezquino de Alfred, una especie de piedad del espíritu fuerte frente al débil, lo cierto es que desencadenó un abismo en la jubilosa existencia de Oscar Wilde El padre de Alfred no poseía rentas suficientes como para mantener los exceso del hijo y Wilde comenzaba a estar harto de esa presencia que le impedía crear, que se aprovechaba de su estatus social y económico. El enfrentamiento de Alfred con su padre propició una serie de cartas indiscretas y virulentas entre ambos. El padre, comprendiendo las posibilidades que le daba un personaje de la enjundia Oscar Wilde, popular, en apariencia rico y con fama de mundano y poco dado a cumplir las estrictas leyes sociales o morales de su tiempo, decidió aprovechar la circunstancia y denunció al escritor por corrupción moral y sodomía. Oscar Wilde, que se pensaba a menudo por encima del bien y el mal, no hizo caso a la denuncia. Le parecía vulgar, tan falsa y banal, tan increíble, que no le prestó la suficiente atención. Por mediación de Alfred contrató a un abogado, pero nunca entendió la esencia del proceso, ni contempló la idea de que la sociedad que lo había ensalzado podía comprender mejor los falsos desvelos de una padre falsamente preocupado por la salud moral de su hijo, que el discurso artístico, lúcido y profundo, de un autor como él, de un esteta respetado y adorado por su superioridad intelectual y su ingenio. Fue condenado. Pasó por varias prisiones británicas hasta recalar en Reading. Su nombre fue ensuciado, considerado un pervertidor sodomita, un agitador moral, un peligro social. No sólo perdió todo el prestigio que se había ganado a pulso con su sólida trayectoria literaria, sino que sus obras dejaron de representarse, sus libros fueron despreciados, y sufrió una humillación pública tras otras, amplificadas además por el ensañamiento y la precisión con la que la prensa de la época siguió el caso. Las autoridades lo utilizaron como chivo expiatorio, buscaron herir no sólo al hombre, sino al símbolo, a la fuerza simbólica que ejercía Wilde; fue una especie de ajuste de cuentas, una expresión de autoridad y poder ejemplificador. Una revuelta de los necios, como escribió Swift. Se le utilizó como ejemplo de desviación social, como moraleja para un mundo que cambiaba vertiginosamente y se adentraba en el siglo XX provocando confusión. Además, los gastos del proceso, los costes de indemnización que el Juez dictaminó como compensación por su delito, fueron de tal envergadura, que llegó a perder su casa, sus libros más amados, sus pinturas, los objetos que le habían acompañado media vida, hasta los derechos sobre su obra le fueron arrancados de cuajo: todo cuanto tenía material se evaporó. Su mujer y sus dos hijos quedaron bajo la custodia de un primo de la familia al encontrarse en la calle. La madre de Oscar Wilde murió durante aquellos años, horrorizada por el trato que recibía su hijo, por el modo en que su apellido quedó manchado. Desde la cárcel de Reading, Wilde escribió De profundis como un larga carta para Lord Alfred Douglas, y a pesar de censurar a lo largo de sus ciento veintiocho páginas las actitudes y el egoísmo del joven, a pesar de reprenderle por su silencio posterior, por la ausencia de noticias tras caer en desgracia (ni siquiera un puñado de cartas le envió más tarde), la intención del escritor fue más bien didáctica, trataba de provocar una reflexión en él. No se atisba odio contra Alfred, ni siquiera contra quienes lo llevaron a esa situación, al contrario, suena a aceptación de lo sucedido, a una recapitulación de su propia vida y los mecanismos que el pasado había ido generando a causa de su comportamiento para alcanzar un presente como el que vivía: humillado, sometido a la vejación psíquica y moral, a la vergüenza, la deshonra y la soledad más absoluta. Wilde trató de aprender a vivir con lo que le quedaba. He sentido una enorme curiosidad por saber si tras su salida de la cárcel y su posterior marcha a Paris, donde murió -esté enterrado en el cementerio de Père Lachaise, junto a Balzac, su adorado Chopin, Isadora Duncan, George Sand y Jim Morrison entre otros- Wilde pudo mantener las ideas que dejó entrever en De profundis, si vivió consecuentemente con el descubrimiento que le había producido el dolor y la miseria, si aceptó ese paralelismo que el mismo estableció en el texto con Jesucristo y sus enseñanzas, no desde la óptica del católico sino desde su profundo estudio acerca de ese hombre que cambió la historia del mundo con su filosofía. Tampoco sé si fue feliz posteriormente, si alcanzó en verdad a hallar la paz que anhelaba en su estancia en la cárcel, si murió tranquilo. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la soledad y el olvido. De su magnífica obra quedó poco, y fue más bien considerada fruto de un tiempo, de una moral licenciosa y débil que lo condujo hasta el abismo. Se prefería el escándalo Wilde a su genio literario. Desengañado de la sociedad inglesa, Wilde pasó el resto de sus días en París, con el nombre falso de Sebastian Melmoth. Murió en el famoso hotel D´Alsace, que pese haber cambiado de nombre ofrece  actualmente la habitación número 16 arguyendo que fue la que utilizó antes de desaparecer. Años después los diferentes estudios críticos fueron rehabilitando despacio su literatura hasta convertirlo en uno de los autores más apreciados y conocidos de la Historia de la literatura, autor esencial de ese fin de siglo que avecinaba la nueva narrativa que se desarrolló en el siglo XX. Hoy en día, en el Père Lachaise tiene una tumba majestuosa -la segunda mas visitada del famoso cementerio-, distintas estatuas en Inglaterra y el Irlanda, y su obra es una de los más citadas y conocidas de la literatura en inglés.

OSCAR WILDE Y DE PROFUNDIS

Invito a leer De profundis. Sin duda alguna apunta una serie de ideas que no sólo no han envejecido sino que mantienen su vigencia en nuestros días. Deslumbra la conciencia de su destino de artista, el aprovechamiento vital que extrajo de todas su experiencias, y conmueve su dolor, su desgracia. Es el texto de un hombre humillado y envejecido. Es la verdad de una vida en medio de una historia que arrastra a los hombres. Aún así posee el canto de la esperanza, la fuerza de un espíritu elevado, indómito y original, de un pensador lúcido y brillante, las palabras más cercanas que jamás compuso, el testimonio de un escritor magnífico. Cómo él dijo una vez: El filisteo es el que sostiene y secunda las fuerzas mecánicas, pesadas, lerdas y ciegas de la Sociedad, y no reconoce la fuerza dinámica cuando la ve en un hombre o en un movimiento.

FRASES DE DE PROFUNDIS

Sigues diciendo, como le dijiste a Robbie en tu contestación, que yo te atribuyo motivos indignos ¡Si tú no tenías motivos en la vida! No tenías más que apetitos. Un motivo es un propósito intelectual.

Recuerda que el necio a los ojos de los dioses y el necio a los ojos de los hombres son muy distintos. Siendo enteramente ignorante de los modos del Arte en su revolución o los estados del pensamiento en su progreso, de la pompa del versos latino o la música más rica de las vocales griegas, de la escultura toscana o el canto isabelino, se puede estar lleno de dulce sabiduría. El verdadero necio, ése del que los dioses se ríen o al que arruinan, es el que no se conoce a sí mismo”

“El vicio supremo es la superficialidad. Todo lo que se comprende está bien”

“Me agotabas. Era el triunfo de la naturaleza pequeña sobre la grande. Era esa tiranía de los débiles sobre los fuertes que en no sé donde de una de mis obras describo como “la única tiranía que dura”

“El amor se alimenta de la imaginación, que nos hace más sabios que lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles que lo que somos; que nos capacita para ver la Vida como un todo; que es lo único que nos permite comprender a los demás en sus relaciones así reales como ideales. Sólo lo bello, y bellamente concebido, alimenta el Amor. Pero el Odio se nutre de cualquier cosa”

Los errores fatales de la vida no se deben a que seamos insensatos: un momento de insensatez puede ser nuestro mejor momento. Se deben a que somos lógicos. Hay una gran diferencia.”

Cuando la Sabiduría me ha sido improvechosa, y la Filosofía estéril, y los proverbios y frases de los que pretendían darme consuelo han sido como polvo y cenizas en mi boca, la memoria de aquel pequeño gesto humilde y silencioso de Amor ha abierto para mí todos los pozos de la piedad, ha hecho al desierto florecer como una rosa, y me ha llevado de la amargura del exilio solitario a la armonía con el corazón herido, roto y grande del mundo.

…teatro, novela, poema en rima, poema en prosa, diálogo sutil o fantástico, todo lo que tocaba lo hacía hermoso con un género nuevo de hermosura; a la verdad misma le di lo falso no menos que lo verdadero como legítimos dominios, y mostré que lo falso y lo verdadero no son sino formas de existencia intelectual. Traté el Arte como la realidad suprema, la vida como un mero modo de ficción; desperté la imaginación de mi siglo de suerte que crease mito y leyenda alrededor de mí; resumí todos los sistemas en una frase y toda la existencia en una agudeza… …me dejaba arrastrar a largas rachas de indolencia sensual y sin sentido. Me divertía ser un flaneur, un dandy, un personaje mundano. Me rodeaba de naturalezas mezquinas y de mentes inferiores. Vine a ser el manirroto de mi propio genio, y malbaratar una juventud eterna me proporcionaba un curioso gozo. Cansado de estar en las alturas, iba deliberadamente a las bajuras en busca de nuevas sensaciones. Lo que la paradoja era para mí en la esfera del pensamiento, eso vino a ser la perversidad en la esfera de la pasión. El deseo, al final, era una enfermedad, o una locura, o ambas cosas. Me hice desatento a las vidas de los demás. Tomaba el placer donde me placía y seguía de largo. Olvidé que cada pequeña acción de cada día hace o deshace el carácter, y que por lo tanto, lo que uno ha hecho en la cámara secreta lo tiene que vocear un día desde los tejados. Dejé de ser Señor de mí mismo. Ya no era el Capitán de mi Alma, y no lo sabía. Dejé que tú me dominaras, y que tu padre me atemorizara. Acabé en una espantosa deshonra. Ahora para mí sólo queda una cosa, la absoluta Humildad: lo mismo que para ti sólo queda una cosa, la absoluta Humildad. Te vendría bien bajar al polvo y aprenderla a mi lado.

La Razón no me ayuda. Me dice que las leyes por las que se me condena son leyes equivocadas e injustas, y que el sistema por el que he padecido es un sistema equivocado e injusto. Pero, de algún modo, tengo que hacer que ambas cosas sean justas y acertadas para mí. Y exactamente como en el Arte lo único que interesa es lo que determinada cosa es para uno en determinado momento, así también en la evolución ética del carácter. Yo tengo que hacer que todo lo que me ha ocurrido sea bueno para mí

No hay una sólo degradación del cuerpo que no deba tratar de convertir en espiritualización del alma

Tras la Alegría y la Risa puede haber un temperamento grosero, duro y encallecido. Pero tras el dolor siempre hay Dolor. La Pena, a diferencia del Placer, no lleva máscara. La verdad en el Arte no es ninguna correspondencia entre la idea esencial y la existencia accidental; no es la semejanza de figura y sombra, ni de la forma reflejada en el cristal y la firma misma; no es ningún Eco que baje de la oquedad de un monte, como no es el pozo de agua de plata en el valle que muestra la Luna a la Luna y Narciso a Narciso. La verdad en el Arte es la unidad de la cosa consigo misma; lo exterior hecho expresivo de lo interior; el alma encarnada, el cuerpo movido por el espíritu. Por eso no hay verdad comparable al Dolor. Hay momentos en que el Dolor me parece ser la única verdad. Otras cosas podrán ser ilusiones de la vista o del apetito, hechas para cegar lo uno y empachar lo otro, pero con el Dolor se han construido mundos, y en el nacimiento de un niño o de una estrella hay dolor. Porque el secreto de la vida es el sufrimiento. Eso es lo que se oculta detrás de todo. Cuando empezamos a vivir, lo dulce es tan dulce para nosotros, y lo amargo es tan amargo, que inevitablemente dirigimos todos nuestros deseos al placer, y aspiramos no ya alimentarnos de miel un mes o dos, sino a no probar otro alimento en todos nuestros años, ignorantes de que mientras tanto, podemos estar realmente matando de hambre el alma.

En cada momento de nuestra vida somos lo que vamos a ser no menos que lo que hemos sido. El Arte es un símbolo, porque el hombre es un símbolo.

Porque la vida artística es simple autodesarrollo. La humildad en el artista es su aceptación franca de todas las experiencias, lo mismo que el Amor en el artista es simplemente ese sentido de la belleza que revela al mundo su cuerpo y su alma.

Es trágico que tan pocas personas “posean su alma” antes de morir. “Nada hay más infrecuente en todo hombre” dice Emerson, “que un acto que sea propiamente suyo”. Es totalmente cierto. La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita. Cristo no fue sólo el Individualista supremo, sino el primero de la Historia.

Cada obra de arte es el cumplimiento de una profecía. Porque cada obra de arte es la conversión de una idea en imagen. Cada ser humano debe ser el cumplimiento de una profecía. Porque cada ser humano debe ser la realización de un ideal, o en la mente de Dios o en la mente del hombre.

Como todas la naturalezas poéticas, (Jesucristo) amaba a los ignorantes. Sabía que en el alma de un ignorante siempre hay sitio para una gran idea. Pero no soportaba a los estúpidos, sobre todo a los estúpidos por educación: a los que están llenos de opiniones sin comprender ni una sola de ellas, que es un tipo peculiarmente moderno, y resumido por Cristo cuando lo describe como el tipo del que tiene la llave del conocimiento, no sabe usarla él y no deja que otros la usen, aunque con ella se pueda abrir la puerta del Reino de Dios. Su mayor guerra fue contra los filisteos. Por su lerda cerrazón a las ideas, sus respetabilidad obtusa, su ortodoxia tediosa, su adoración del éxito vulgar, su total absorción en el lado materialista y grosero de la vida y su estimación ridícula de sí mismo y de su importancia, los judíos de Jerusalén en tiempos de Cristo eran la exacta réplica de los filisteos británicos en los nuestros. Cristo se burló de “los sepulcros blanqueados de respetabilidad”, y fijó es frase para siempre. Trató el éxito mundano como cosa absolutamente despreciable. No veía en él absolutamente nada. Señalaba que las formas y ceremonias se habían hecho para el hombre, no el hombre para las formas y ceremonias. Mostró que sólo el espíritu tenía valor.

Las personas más mecánicas, para quienes la vida es una especulación astuta dependiente de un cuidadoso cálculo de medios y recursos, saben siempre a dónde van, y van. Parten del deseo de ser el sacristán de la parroquia y, cualquiera que sea la esfera en que están situados, consiguen ser el sacristán de la parroquia y nada más. Un hombre cuyo deseo sea ser algo aparte de sí mismo, ser Miembro del Parlamento, o tendero próspero, o abogado eminente, o juez, o cualquier bobada semejante, de todas consigue ser lo que quieres ser. Ese es su castigo. El que quiera una máscara tiene que llevarla.

Recuerdo que solía decir que creía poder soportar una tragedia de verdad si me llegara con manto de púrpura y la máscara de un dolor noble, pero que lo horrendo de la modernidad era que vestía la Tragedia de Comedia, de suerte que las grandes realidades parecían ordinarias o grotescas o faltas de estilo.

He dicho que tras el Dolor hay siempre Dolor. Aún más sensato sería decir que tras el dolor hay siempre un alma. Y burlarse de un alma dolorida es una cosa horrenda. No puede ser hermosa la vida de quienes lo hagan. En la economía extrañamente simple del mundo, solo se obtiene lo que se da, y a los que no tienen imaginación bastante para traspasar la mera cáscara de la cosa y apiadarse ¿Qué piedad puede dárseles sino la del desprecio?

El sentimentalista es sencillamente el que quiere darse el lujo de una emoción sin pagarla

La sublimidad de alma no se contagia. Los altos pensamientos, las altas emociones estás aislados por su propia existencia.

El pasado, el presenta y el futuro no son sino un momento a la vista de Dios, a cuya vista deberemos tratar de vivir. El tiempo y el espacio, la sucesión y la extensión, son meras condiciones accidentales del Pensamiento. La Imaginación puede trascenderlos, y moverse en una esfera libre de existencias ideales. Las cosas, además, son en esencia lo que queremos que sean. Una cosa es según el modo en que se la mire

(Todas las frases en cursiva pertenecen a De profundis. De la edición de Siruela, con traducción registrada de María Luisa Balseiro)

Biografía

Oscar Wilde nació el 16 de octubre en el número 21 de la calle Westland Row, Dublín, Irlanda, en el seno de una familia protestante irlandesa. Fue el segundo de los tres hijos que tuvieron el médico Sir Williams Robert Wills Wilde y su esposa Jane Francesca Elgee. Ella era una escritora de éxito y una nacionalista de la causa irlandesa, conocida con el sobrenombre de Speranza. Su padre era un destacado cirujano en las especialidades de nariz y oído, además de un renombrado filántropo (dirigía un dispensario en Dublín destinado a la atención de los indigentes). Además, escribió libros sobre arqueología y folklore.

Oscar fue educado en casa hasta los nueve años. En 1864 ingresó en la Portora Royal School de Enniskillen, en el condado de Fermanagh (Irlanda), donde estudió hasta 1871. Durante esta etapa falleció su hermana Isola. Esta muerte prematura inspiró a Wilde a escribir Requiescat, un delicado poema. En octubre de 1871 ingresó en el Trinity College de Dublín, donde estudió a los clásicos hasta 1874. Su rendimiento sobresaliente lo llevó a ganar tres años más tarde la «Medalla de Oro Berkeley», el mayor premio para los estudiantes de clásicos de este colegio, por su trabajo en griego sobre poetas griegos. Gracias a una beca de 95 £ anuales, el 17 de octubre de 1874 ingresó en el Magdalen College, de Oxford, donde continuó sus estudios hasta 1878. Durante su estancia en este colegio falleció su padre, el 19 de abril de 1876. Su poema Ravenna le permitió adjudicarse el «Oxford Newdigate Prize» en junio de 1878. Finalmente, en noviembre de 1878 obtuvo el título de Bachelor of Arts, graduándose con la mayor nota posible. Después de graduarse en el Magdalen College, Oscar Wilde regresó a Dublín, donde conoció y se enamoró de Florence Balcome. Ella, por su parte, inició una relación con Bram Stoker. Percatándose del enlace, Wilde le anunció su intención de abandonar Irlanda permanentemente. Finalmente abandonó el país en 1878, a donde sólo regresaría en dos ocasiones y por motivos de trabajo. Los siguientes seis años los pasó en Londres, París y en los Estados Unidos, a donde viajó para impartir conferencias. En Londres conoció a Constance Lloyd, hija de Horace Lloyd, consejero de la reina. Durante una visita de Constance a Dublín en la que ambos coincidieron (pues Oscar ofrecía una conferencia en el Teatro Gaiety), Wilde aprovechó la ocasión para pedirle matrimonio. Finalmente, se casaron el 29 de mayo de 1884 en Paddington, Londres. Las 250 libras de dote de Constance permitieron a la pareja vivir en un lujo relativo. La pareja tuvo dos hijos: Cyril, que nació en junio de 1885, y Vyvyan, nacido en noviembre de 1886.

John Ruskin y Walter Pater, que defendían la importancia central del arte en la vida. El propio Wilde reflexionó irónicamente sobre este punto de vista cuando en El retrato de Dorian Gray escribió que «Todo arte es más bien inútil» («All art is quite useless»). De hecho, esta cita refleja el apoyo de Wilde al principio básico del movimiento estético: el arte por el arte. Esta doctrina fue acuñada por el filósofo Víctor Cousin, promovida por Théophile Gautier y adquirió prominencia con James McNeill Whistler. El movimiento estético representado por la escuela de William Morris y Dante Gabriel Rossetti, tuvo una influencia permanente en las artes decorativas inglesas. Wilde, en tanto que esteta principal, llegó a ser una de las personalidades más prominentes de su época. Aunque sus pares en ocasiones lo tildaban de ridículo, sus paradojas y sus dichos ingeniosos y agudos eran citados por todas partes. Ya desde su período en el Magdalen College, Wilde adquirió renombre especialmente por el papel que desempeñó en los movimientos estético y decadente. Comenzó a llevar el pelo largo y a desdeñar abiertamente los deportes llamados «masculinos». Asimismo, comenzó a decorar sus cuartos en el College con plumas de pavo real, lilas, girasoles, porcelana erótica y otros objetos de arte. Su comportamiento excéntrico frente a la norma masculina le costó que lo zambulleran en el río Cherwell además de que le destrozaran sus cuartos (que todavía sobreviven como salas de alojamiento de estudiantes en el College). Sin embargo, este culto se propagó entre ciertos segmentos de la sociedad hasta un punto tal que las actitudes lánguidas, las vestimentas exageradas y el esteticismo en general se convirtieron en una pose reconocida. El esteticismo en general fue caricaturizado en la opereta Patience (1881) de Gilbert y Sullivan. Patience tuvo tal éxito en Nueva York que al empresario Richard D’Oyly Carte se le ocurrió la idea de enviar a Wilde a los Estados Unidos a dar un ciclo de conferencias. La gira se organizó cuidadosamente, produciéndose la llegada de Wilde en enero de 1882. Wilde afirmó tiempo después que había dicho en la aduana que «No tengo nada que declarar sino mi genio» («I have nothing to declare except my genius»), aunque no existen más pruebas de la época (además de la propia afirmación de Wilde) de que dicha declaración se produjese. D’Oyly Carte se sirvió de esta gira de conferencias de Wilde para preparar la gira de Patience por los Estados Unidos asegurándose de que el público que compraría las entradas estuviera al tanto de la personalidad de este personaje británico. En 1879 Wilde comenzó a enseñar valores estéticos en Londres. En 1882 viajó a los Estados Unidos y Canadá a dar un ciclo de conferencias. La crítica se ensañó con él (The Wasp, un periódico diario de San Francisco, publicó una caricatura ridiculizando a Wilde y al esteticismo) pero, por otro lado, fue muy bien recibido en un lugar rudo como la ciudad minera de Leadville, Colorado. De regreso en Gran Bretaña, trabajó como revisor para la Pall Mall Gazette de 1887 a 1889. Después de este período, se convirtió en el editor de Woman’s World (‘Mundo Femenino’). En el plano político Wilde apoyaba un tipo de socialismo anarquista, exponiendo sus ideas en el texto El alma del hombre bajo el socialismo. En 1895, en la cima de su carrera, se convirtió en la figura central del más sonado proceso judicial del siglo, que consiguió escandalizar a la clase media de la Inglaterra victoriana al ser arrestado. Wilde, que había mantenido una íntima amistad con Lord Alfred Douglas (conocido como Bosie), fue acusado por el padre de éste, el marqués de Queensberry, de sodomía. Se le declaró culpable en el juicio, celebrado en mayo de 1895, y, condenado a dos años de trabajos forzados, salió de la prisión arruinado material y espiritualmente. Desengañado de la sociedad inglesa, Wilde pasó el resto de su vida en París. Allí, y de la mano de un sacerdote irlandés de la Iglesia de San José, se convirtió al catolicismo, fe en la que murió.

Obras en Prosa

• El retrato de Dorian Gray (su única novela; 1891) • La decadencia de la mentira (1889) • El crimen de lord Arthur Saville y otras historias (1891): o El crimen de lord Arthur Saville o El fantasma de Canterville o La esfinge sin secreto o El modelo millonario o El retrato del Sr. W. H. • Intenciones (1891): o La decadencia de la mentira o Pluma, lápiz y veneno o El crítico artista o La verdad sobre las máscaras • El alma del hombre bajo el socialismo (1891-1904) • De profundis (1905) • Teleny o El reverso de la medalla (1893); publicado anónimamente, es probable que en él hayan contribuido también amigos suyos. Cuentos• El príncipe feliz y otros cuentos (1888): o El príncipe feliz o El ruiseñor y la rosa o El gigante egoísta o El amigo fiel o El famoso cohete • Una casa de granadas (1892): o El joven rey o El cumpleaños de la infanta o El pescador y su alma o El niño estrella. Poemas • Ravenna (1878) • Poemas (1881) • La esfinge (1894) • Balada de la cárcel de Reading (1898). Teatro • Vera o los nihilistas (1880) • El abanico de Lady Windermere (1892) • Una mujer sin importancia (1893) • Salomé (1894) • Un marido ideal (1895) • La importancia de llamarse Ernesto (1895)

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13 replies »

  1. Me ha encantado leer los fragmentos que has escogido de “De Profundis”, son conmovedores y muestran la dignidad de Oscar Wilde, porque su reacción ante la desgracia es un ejemplo de humanidad y sabiduría.
    Y también me ha gustado mucho el texto que has escrito sobre su autor, me compraré el libro.
    Hace unas semanas me hablaste de este post en vivo y en directo, y la verdad, leerte es casi como oírte hablar, sólo que con unos cuantos matices más. :-)

  2. Ay!, como te hecho de menos, princesita. Cuando entras por aquí, es como si estuvieras a mi lado. Muchísimas gracias por tu felicitación en Cartografías; un año más viejete, para que te puedas burlar de tu brother a gusto. espero que todo te vaya bien. Hay que apretar los dientes de vez en cuando, pero tu eres un tesoro.
    He vuelto muy a mi pesar. Nuestra sierra de Gúdar maravillosa sigue siendo un paraíso a descubrir, y es nuestra. Te acabas de ir y ya me falta algo. Espero verte pronto. Se feliz, y ríete con esos ojazos azules que hablan solos.
    Oscar Wilde, como tú dices, es todo un personaje, y De profundis produce vértigo. Tres recomendable, mon amour, para moverse por la vida. Un besazo tan fuerte tan fuerte que lo tienes que estar notando.
    A bien tôt!!!!!!!!!!!

  3. A fin de cuentas parece ser que lo único que queda es la Humildad, el trascender… me calma leer tanto bálsamo hecho arial, sobre todo en esos días en los que me siento el mango de la espada de Luk Sky Walker sin luz ni angggggg…

    Gracias Chal.li por en nombre de los seres sensibles abanderarte en nuestra resistencia poética ante esta realidad, (esta frase era de mi maestro de teatro, Miguel Guerberof, qué tío aquel…), me nutro mucho con tus brochazos de filisteos, Emerson y p2p.

    Vuelvan a sus casas…

  4. Merci a toi, Jako, me reí mucho ayer con ton dernier message.
    El tío Oscar era auténtico, me quedé asombrado con De profundis. Es una lección de entereza y resistencia en la miseria, la desesperación, la mentira y el desastre. Lo tuvo todo y lo perdió, pero ahí estaba Wilde, dispuestos a escupir a los filisteos del presente que hundían su vida, con humildad, con dignidad, con la cabeza alta. Nunca le pudo el odio. Podía haber vivido mejor, o mejor, haber muerto más dignamente, pero al final ganó.
    Me ha molao lo de vuelvan a sus casas… es muy poético

  5. Ariño,

    Sin duda has hecho un trabajo prolijo y minucioso en este post me recuerda a tu poesía, minuciosa, detallista y conmovedora.
    Wilde un personaje tan atrayente para mí….
    Las frases de Profundis me han cautivado, mira si es así, que me las voy a imprimir, no tienen desperdicio.
    Me ha encantado y volveré a releerte.

    Un abrazo,

    Estel J.

  6. Estel, me produce un enorme placer que hayas encontrado interesante el post de Oscar Wilde. De profundis no tiene desperdicio, es tan auténtico e intenso que resulta fascinante en cada frase, en cada párrafo y cada página. Leerlo produce una extraña sensación de facilidad que contrasta con las dificultades desmesuradas que vivía por entonces nuestro Wilde.
    Para mí, también fue siempre un personaje tremendamente atractivo, pero con esta larga carta a Sir Alfred Douglas, lo amo, lo adoro no sólo por su encanto, sino por su lucidez, su humildad, su talento y su extraordinaria entereza.
    Un abrazo.
    Tus últimos poemas son cada vez más extraordinarios.

  7. Ariño,

    He releido después de imprimir tu post, y sinceramente me has seducido con tu exposición sobre Oscar Wilde.
    Decirte además, que hay algunas de las frases que nos traes que para mí ya son todo un referente, como por ejemplo:

    “El amor se alimenta de la imaginación, que nos hace más sabios que lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles que lo que somos; que nos capacita para ver la Vida como un todo; que es lo único que nos permite comprender a los demás en sus relaciones así reales como ideales. Sólo lo bello, y bellamente concebido, alimenta el Amor. Pero el Odio se nutre de cualquier cosa”

    Ufff todavía me sobrecoge cuando lo leo y no descarto utilizarlo para crear a partir de esta cita algún poema, me provoca hacerlo. (aproveché mi viaje en el Euromed para diseccionar tu post)

    Investigando un poco más, recientemente he encontrado a una autora que ha traducido la poesía completa de Oscar Wilde y además cuenta con la traducción de De Profundis, dejo aquí la reseña por si te interesa o le interesa a alguien:

    Nelken, Margarita; M. Ángeles Cabré (Tr.) De Profundis, La balada de la cárcel de Reading y otros escritos carcelarios Madrid: Biblioteca Nueva, 2000

    Yo personalmente, ahora que tengo muchos más referentes, probaré con Maria Ángeles Cabré, que por cierto me han comentado que es muy buena traductora.

    Ya te contaré.

    Un abrazo,

    Estel J.

  8. Por cierto, Ariño, se me olvidaba darte las gracias por ese apunte en tu respuesta a mis poemas.
    Gracias. Es un apoyo, pero sinceramente cuanto más ando, más lejos me siento de alcanzar eso que tu llamas poemas extraordinarios.

    Un abrazo,

    Estel J.

  9. Recuerdo que Borges hace menciòn a una frase de Wilde que siempre me hace sentir un extraño temblor. La frase dice:”La mùsica nos remonta a un pasado desconocido y acaso real”. Saludos desde Montevideo.Enrique

    • Muchas gracias por el comentario y la frase de Borges. Siempre he pensado que la literatura -y la música- poseen una realidad en un lugar primigenio y secreto, un reverso de nuestra conciencia, y que tratar de dedicarse a esas artes, no es más que el imposible intento de alcanzar ese lugar de alguna forma. La diferencia entre los grandes escritores y el resto, es que ellos, a veces, se traen algo de allí, o nos ofrecen una pequeña puerta por la que entrar y salir de allí por unos minutos.
      Bienvenido a Los perros de la lluvia.
      Un saludo.

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