Georges Grosz
LOS ESCLAVOS
Lo mejor de esta farsa
es la seriedad
con la que el hombre
la afronta,
la gravedad patética del vacío,
expresado en una mueca
mohína;
el grito o la arenga,
sea sonrisa u orden,
como si la vida le fuera
en ello,
y la vida pasa,
y tras su paso no queda
nada, aire.
Pero solemnes
se atreven a hacerlo,
a pensar que
lo más importante de ello
es la farsa, la ignominiosa farsa
hecha para nadie,
para el aire que arrastrará
los rostros y dejará los muertos,
que borrará las bocas
aburridas, malhumoradas,
patéticamente ufanas,
y será nada, elementos de nada,
recuerdos de odio,
pequeñas afrentas a la humanidad,
como todas pero sin alma,
como todas pero convencidos
del alcance de lo inútil,
nada, dije.
Y eso que lo mejor de esta farsa
es la estúpida seriedad
que ilumina el rostro
de los hombres,
como les sucedió a aquellos,
los que ajusticiaron en Auswitzch
o asesinaron niños en Belén,
a los que compusieron odas
gloriosas a Stalin,
infelices, graves, concienzudos,
viviendo la farsa como si esta
fuera trascendental.
Ya dijo el poeta
que la vida iba en serio;
pero ellos confundieron al enemigo,
pensaron que así,
vociferando y cumpliendo,
salvarían las carnes,
nunca creyeron en el alma,
eran pobres desgraciados,
y nosotros siempre sus víctimas.



Extraordinario el poema, el retrato de la cobardía del ser humano. Los esclavos han ido siempre poblando el mundo. Son carne de cañón, y se dan cuenta demasiado tarde.
Es una lástima porque el mundo sería mucho mejor sin ellos.
¿Qué sería de un tirano si un montón de esclavos que los secundan?
Nada.
A Jimarino y a Deoil: Que buena poesía y que buen comentario. Gracias a los dos.